08-03-2026, 09:25 PM
—Sí, capi, está llegando el mejor momento de todos. Podré abrazar tantas prendas ajenas que me volveré loca vamos, vamos, vamos, glup— dije casi saltando en el sitio, incapaz de ocultar la emoción que me burbujeaba en el pecho. Mis tentáculos se movían inquietos detrás de mí, balanceándose con ese entusiasmo que intento disimular cuando estoy entre gente seria, pero que ahora simplemente se me escapaba. No recuerdo haber estado jamás en un festival. Ni en un parque de diversiones. Ni en uno de esos lugares que la gente anuncia con tanta emoción como si fueran el centro del mundo. El New Era Joy Park suena exactamente así, un lugar con luces, ruido, gente riendo, bolsillos descuidados una combinación casi perfecta.
Aun así, lo que más me sorprende es lo emocionada que me siento, quizás sea porque el capi Dharma decidió que fuéramos, o porque todo el mundo habla de ese lugar como si fuera mágico o tal vez porque en un sitio donde todos están mirando al cielo, a los juegos, a los puestos de comida o a las atracciones nadie está mirando lo que realmente importa, o lo que me importa a mi que son sus bolsillos. Imaginarlo hace que una sonrisa peligrosa se dibuje en mi cara, multitudes empujándose, niños gritando, adultos distraídos buscando entradas, premios, dulces y en medio de todo eso, yo, deslizándome como una pequeña corriente rosada entre la marea de gente.
En un lugar así podría robar tanto como quiera, porque nadie sospecharia de alguien que parece tan fascinada por las luces como yo. Llevo una mano a mi bufanda roja, acomodándola en mi cuello mientras dejo escapar una risita suave. —Ay, capi, esto sí que promete ser divertido, capi, espero que el parque sea tan grande como dicen porque sería una verdadera pena que se me acabaran los bolsillos que visitar demasiado rápido, glup— Si que me emociona robar, es lo mejor de lo mejor. —Sabe, capi, yo fui dueña de un circo una vez. Sí, sí, de verdad. Ganaba bastante plata. Fue hace como doce años, una cosa increíble. Ya verá que yo lo guiaré por ese parque de diversiones —dije con toda la seguridad del mundo, como si estuviera contando el recuerdo más real de mi vida.
Hasta hice un pequeño gesto con la mano, como si estuviera señalando carpas enormes, luces de colores y artistas saltando por todas partes. En mi cabeza la escena era tan clara que por un segundo casi parecía verdad, malabaristas, acróbatas, música fuerte, gente riendo mientras yo caminaba entre ellos como la gran dueña del espectáculo. Claro que todo era mentira, pero mentir me sale tan natural como respirar bajo el agua. A veces ni siquiera lo planeo, las historias simplemente se escapan de mi boca y empiezan a crecer solas, quizás porque las mentiras son más cálidas que algunos recuerdos reales o porque una buena historia distrae a la gente de hacer preguntas incómodas.
Incliné la cabeza hacia Dharma con una sonrisa tranquila, como si realmente supiera exactamente cómo funcionaba cada rincón de ese lugar. —Los parques, los circos, los festivales, todos funcionan igual, capi. Mucha música, muchas luces, mucha gente mirando hacia arriba mientras pasan cosas interesantes a nivel de bolsillo. — Mis dedos se movieron distraídamente, como si estuvieran practicando con algo invisible.
—Usted sígame y confíe en mí. Sé exactamente dónde se pone más descuidada la gente cuando está feliz. — Me acomodé la bufanda roja en el cuello nuevamente y miré hacia el horizonte, dejando escapar una risita suave. —Además, si fui capaz de dirigir todo un circo, guiar a un capitán pirata por un parque no debería ser tan difícil, ¿no cree? glup—
Aun así, lo que más me sorprende es lo emocionada que me siento, quizás sea porque el capi Dharma decidió que fuéramos, o porque todo el mundo habla de ese lugar como si fuera mágico o tal vez porque en un sitio donde todos están mirando al cielo, a los juegos, a los puestos de comida o a las atracciones nadie está mirando lo que realmente importa, o lo que me importa a mi que son sus bolsillos. Imaginarlo hace que una sonrisa peligrosa se dibuje en mi cara, multitudes empujándose, niños gritando, adultos distraídos buscando entradas, premios, dulces y en medio de todo eso, yo, deslizándome como una pequeña corriente rosada entre la marea de gente.
En un lugar así podría robar tanto como quiera, porque nadie sospecharia de alguien que parece tan fascinada por las luces como yo. Llevo una mano a mi bufanda roja, acomodándola en mi cuello mientras dejo escapar una risita suave. —Ay, capi, esto sí que promete ser divertido, capi, espero que el parque sea tan grande como dicen porque sería una verdadera pena que se me acabaran los bolsillos que visitar demasiado rápido, glup— Si que me emociona robar, es lo mejor de lo mejor. —Sabe, capi, yo fui dueña de un circo una vez. Sí, sí, de verdad. Ganaba bastante plata. Fue hace como doce años, una cosa increíble. Ya verá que yo lo guiaré por ese parque de diversiones —dije con toda la seguridad del mundo, como si estuviera contando el recuerdo más real de mi vida.
Hasta hice un pequeño gesto con la mano, como si estuviera señalando carpas enormes, luces de colores y artistas saltando por todas partes. En mi cabeza la escena era tan clara que por un segundo casi parecía verdad, malabaristas, acróbatas, música fuerte, gente riendo mientras yo caminaba entre ellos como la gran dueña del espectáculo. Claro que todo era mentira, pero mentir me sale tan natural como respirar bajo el agua. A veces ni siquiera lo planeo, las historias simplemente se escapan de mi boca y empiezan a crecer solas, quizás porque las mentiras son más cálidas que algunos recuerdos reales o porque una buena historia distrae a la gente de hacer preguntas incómodas.
Incliné la cabeza hacia Dharma con una sonrisa tranquila, como si realmente supiera exactamente cómo funcionaba cada rincón de ese lugar. —Los parques, los circos, los festivales, todos funcionan igual, capi. Mucha música, muchas luces, mucha gente mirando hacia arriba mientras pasan cosas interesantes a nivel de bolsillo. — Mis dedos se movieron distraídamente, como si estuvieran practicando con algo invisible.
—Usted sígame y confíe en mí. Sé exactamente dónde se pone más descuidada la gente cuando está feliz. — Me acomodé la bufanda roja en el cuello nuevamente y miré hacia el horizonte, dejando escapar una risita suave. —Además, si fui capaz de dirigir todo un circo, guiar a un capitán pirata por un parque no debería ser tan difícil, ¿no cree? glup—
Estanque de peces
