08-03-2026, 09:28 PM
Visiblemente molesto, el rubio de gorro estrellado avanzaba entre las ingentes cantidades de personas que colmaban la hoy turística isla de Baterilla. Con apenas una rodaja de pan caliente en el estómago, Wyatt arreaba a su caballo, Tocho Morocho, desde su soga, intentando seguir el ritmo del grupo que, si bien iba relajado y disfrutando de lo que sería el inicio de su travesía hacia aquél parque de diversiones, se adelantaban con demasiada soltura entre los grupos de personas. Incluso, prestando un poco de atención, no pudo evitar ver a Yuuki o Tezca incordiados o un poco fastidiosos por la alta presencia de marines.
Y a él tampoco le agradaba la idea. Ya el hecho de estar en una ciudad tan ajetreada, tanto bullicio y tantas personas aglomeradas, lo tenía de los nervios. Cualquier mínimo chispazo lo haría estallar, así que rogaba que ningún uniformado se le acercase, pues el horno no estaba para bollos —. Permiso, permiso. ¡Con permiso! — intentaba abrirse paso, tironeando un poco de la cuerda de su caballo, quien se quedaba un tanto atrás en ocasiones al ser molestado por personas que querían tocarlo. Para suerte del rubio, se ahorraba un problema sabiendo que el animal era bastante manso y dócil, y no respondería hostilmente a nadie. Al volver la vista al frente, siempre podía orientarse siguiendo el rostro de Yuuki, a quien era fácil captarle la patente: sus dos metros y su cabello no pasaban desapercibidos para nadie, así que siempre podía retomar su ruta sin perderse entre la multitud.
Odiaba aquél ambiente, y mientras todo el grupo se debatía a qué atracción querían subir primero, el Goldstar no hacía más que seguir estresándose —. A alguna atracción que tenga agua, por dios. ¿Por qué tiene que hacer este calor asqueroso y haber tanta gente junta? — refunfuñó, chasqueando la lengua y liberando hacia afuera un poco de toda la tensión que sentía. Por suerte, con su baja estatura, y pese a estar arrastrando a un caballo entre tanta gente, se sentía más contenido allí, donde no estaba tanto en contacto con la gran cantidad de marines que había apostados por todo el predio portuario. Y es que, cualquier comentario en ese estado, podía hacerlo estallar enseguida. Y tenía dos pistolas bien celosas que gritarían nada más lo provocasen un poco, sin más justificación —. ¡Bingo! Emocionado de abandonar esta isla del averno de una vez, sí. — respondió a Runin, para nada amigable, y más bien irritado. Se lo notaba tenso y perseguido, totalmente lo contrario al amable y bondadoso Wyatt que el grupo vio desde que se conocieron.
Finalmente llegaron al hombre de bigote, y la fila avanzó hasta que él junto a Tocho Morocho quedaron para abordar —. Wyatt Goldstar, del Reino de Sorbet. — comentó mientras el hombre anotaba sus datos antes de volver a mirarlo —. Yo soy humano, y él es un... caballo, sí. Tocho Morocho, así se llama. ¿Él aborda con nosotros en la cubierta o hay un acceso diferenciado para la carga o animales? — consultó amablemente, ahora sí, dejando atrás su malhumor.
Y cuando le diesen luz verde, se reuniría con el grupo tras subir la escalera. Esperaba poder dejar amarrado a su amigo equino en un lugar cómodo y amistoso para él, y que tampoco fuese una molestia. Sintió palabras de apuro de nueva cuenta, y se adelantó hasta quedar a la par de sus compañeros. Tomó su hoja identificativa, el identikit que había conservado para cada uno de ellos. Sí, todos estaban allí: su capitán, Ryota, a quien volvía a ponerle rostro, el rubio que había conocido en Karate aunque no lo recordaba del todo, el chico de la cicatriz: Barald; y la muchacha amiga de la serpiente bebé, Runin Kitay... Bueno, a ellos podía ponerles nombre, pero se le complicaba con su compañera sin cabeza apreciada —. Disculpa... — codeó a Yuuki.
Había sacado la hoja con los wanted y, en un espacio blanco al costado, había anotado con una pluma algo. Le extendió la hoja y la pluma a la pelirrosa, sin atreverse a mirarla a los ojos y un tanto sonrojado por su acción, y Yuuki pudo leer lo que el Goldstar señaló con el índice:
"Rosada ----> ............."
— ¿Podrías escribir tu nombre ahí? Soy un poco torpe para recordarlos, así que... me sería de ayuda. — apenado, esperó no molestarla, pues no se veía alguien a quien pudieses joder y salirte con la tuya —. Puedes quedarte la pluma, es un obsequio. — comentó con una sonrisa. Era una bastante refinada, con una inscripción ilegible en dorado, aunque un tanto desgastada quizá por tanto uso. Por las dudas, precavido quizá sin motivo, ajustó la correa de su cinturón y posó la diestra sobre el mango de su revólver, asegurándose de que siguiese ahí. Y al sentirlo, y además sentir la brisa del mar pegando un poco sobre su rostro, ya con más aire que entre la multitud, respiró aliviado. Su viaje comenzaba hoy.
Bitácora de las estrellas
