08-03-2026, 11:33 PM
Hoy es uno de esos «días especiales» en los que su plan de acción dista demasiado de lo que realmente quiere hacer. Es terrible ver cómo es que, incluso algo tan divertido como puede ser un parque de atracciones —aunque ella prefiere quedarse en algún lugar apartado tomando juguito de naranja—, también pueda ser un escenario idóneo en el que las fuerzas del desorden se disponen a fraguar planes de distinta índole.
El uniforme, impoluto y apropiado, acorde a las directivas dadas por el que está a cargo, luce en ella con la sobriedad pretendida por ellos. Es su rostro ligeramente fastidiado el que parece gritar que esto puede ser un completo desastre. Tiene esa sensación ominosa que cree que reina en el ambiente… O eso, o es la muchedumbre que se alza ante sus ojos.
Aunque, en honor a la verdad, habla de estar ligeramente fastidiada porque dicha sensación negativa no es la que inunda, precisamente, sus sentidos ahora mismo. No con St. George en el radar.
Hacía mucho tiempo que no veía una cantidad tan contundente de personas. La convocatoria de ese parque parece generar no solo un revuelo entre los propios habitantes del pueblo; se incluye en este grupo a los que, seducidos por lo que parece ser una invitación a lo nuevo y llamativo, acuden desde distintas partes del South Blue para tener un lugar entre los privilegiados que consigan una línea escrita en esta nueva historia. A eso deben sumarse aquellos indeseables que, prestos a camuflarse entre la multitud, parecen buscar una excusa para poder sembrar caos en el destino al que irían.
No es algo malo. Es un curso de acción. Es una nueva oportunidad y una manera glamorosa de pasar al siguiente nivel: Grand Line. Choi no se siente preparada para dar el gran paso, sin embargo, sabe que debe dar un salto de fe junto a sus compañeros, con el fin de hallar el camino hacia la verdad. Ha dado demasiados pasos importantes en estos últimos días, de esos que deciden y cambian el curso de su propia historia. La sonrisa aflora al pensar en el último gran salto que dio.
Una locura con nombre y apellido.
Ahora mismo, Hae-won está con el arma ajustada a la espalda, un bolso bien asegurado en el que guarda todos los utensilios necesarios, el Den Den Mushi en su hombro, y un equipo de mate completo en una de sus manos, empacado para disfrutar en el viaje.
La sonrisa divertida de la joven aparece por primera vez al escuchar a Shin —el loco de toda la división— afirmando su posición como protector del grupo, además de cuestionar con alto descaro la capitanía de Kael. Si tiene que ser sincera, ese tipo de interacciones provocan en ella diversión y ternura a partes iguales. Se nota a leguas que son amigos y eso, para alguien como Hae-won, representa todo lo que está bien.
En ese momento piensa en Dravenia. Y al pronunciar su nombre en el vacío de sus pensamientos, decae su semblante antes de suspirar audiblemente y continuar con sus labores. El relicario que lleva debajo de su ropa pesa con la certidumbre de que ha perdido a otra hermana, y de ella no pudo conservar un recuerdo digno de guardar. Esos intrusos mentales se desvanecen al escuchar las órdenes de su capitán, además de contar una colaboración beneficiosa con miembros de otra división.
Cuando los integrantes de la ochenta se presentan ante ellos, la dama inclina ligeramente la cabeza al escuchar la educación y buena clase de… ¿la tortuga parlante? Eso no es lo peor. Se da cuenta de que Enji y uno de los gatos más bonitos que ha visto en su vida —la mascota del mencionado— están usando a la misma tortuga parlante como transporte. El cuadro en sí mismo sería hilarante, de no ser porque nota casi de inmediato la extraña sensación de animadversión de su actual pareja.
Saca por conclusión que la esencia inconfundible del albino de la ochenta le repele, y puede entenderlo. Cuando Dima le susurra algo acerca de uno de los que abordarían el ferry dispuesto por la organización del parque, la joven entrecierra los ojos cruzada de brazos.
Lo sabía.
No tarda en acomodar un mechón de su cabello detrás de la oreja al observar al gigante azul. Si es alguien que tiene pedido de captura y una recompensa por su cabeza, entonces tendrían que advertirle a su capitán. Se encamina hacia el pelinegro con una mirada tranquila.
—Kael… Hmmm… ¿El sujeto gigante de piel azul no te parece conocido? Dimitri me comentó que justo lo captó mirando atentamente hacia nuestra dirección.
Puede escuchar de fondo una voz melodiosa animando el ambiente con el sonido de maracas acompañándolo, como fieles seguidoras y certeras cantantes. Al parecer, es otro miembro animado de la pintoresca división ochenta. Otro más se presenta al compás del ánimo expresado por el artista del grupo.
Deben divertirse mucho entre ellos. Eso seguro.
—… De ser así, deberíamos dar algún aviso, ¿verdad? Aunque dudo que hayamos sido los únicos que han identificado al sospechoso, si tiene pedido de captura y recompensa por su cabeza.
Tal vez son demasiadas gestiones. Tal vez es su mente tratando de captar los detalles debido a las ordenanzas del comandante, y sus justificadas sospechas acerca de los procederes de la administración de ese bendito parque de atracciones. Tal vez es la dispersión que generan las charlas a su alrededor, y esa tendencia que ella tiene de escuchar todo por ese lado chismoso que no puede controlar… Pero es solo un ligero toque a su cabeza el que le permite centrarse y volver a ese presente en el que, quiera ella o no, debe trabajar.
Camina con paso tranquilo hacia el Tempestad para preparar todas las herramientas de reparación, porque sabe que cruzar a las aguas más embravecidas del mundo en el que vive puede provocar una serie de grietas en el barco que deben ser subsanadas. Ese es su deber y en eso se debe concentrar mientras navegan por el mar.
El uniforme, impoluto y apropiado, acorde a las directivas dadas por el que está a cargo, luce en ella con la sobriedad pretendida por ellos. Es su rostro ligeramente fastidiado el que parece gritar que esto puede ser un completo desastre. Tiene esa sensación ominosa que cree que reina en el ambiente… O eso, o es la muchedumbre que se alza ante sus ojos.
Aunque, en honor a la verdad, habla de estar ligeramente fastidiada porque dicha sensación negativa no es la que inunda, precisamente, sus sentidos ahora mismo. No con St. George en el radar.
Hacía mucho tiempo que no veía una cantidad tan contundente de personas. La convocatoria de ese parque parece generar no solo un revuelo entre los propios habitantes del pueblo; se incluye en este grupo a los que, seducidos por lo que parece ser una invitación a lo nuevo y llamativo, acuden desde distintas partes del South Blue para tener un lugar entre los privilegiados que consigan una línea escrita en esta nueva historia. A eso deben sumarse aquellos indeseables que, prestos a camuflarse entre la multitud, parecen buscar una excusa para poder sembrar caos en el destino al que irían.
No es algo malo. Es un curso de acción. Es una nueva oportunidad y una manera glamorosa de pasar al siguiente nivel: Grand Line. Choi no se siente preparada para dar el gran paso, sin embargo, sabe que debe dar un salto de fe junto a sus compañeros, con el fin de hallar el camino hacia la verdad. Ha dado demasiados pasos importantes en estos últimos días, de esos que deciden y cambian el curso de su propia historia. La sonrisa aflora al pensar en el último gran salto que dio.
Una locura con nombre y apellido.
Ahora mismo, Hae-won está con el arma ajustada a la espalda, un bolso bien asegurado en el que guarda todos los utensilios necesarios, el Den Den Mushi en su hombro, y un equipo de mate completo en una de sus manos, empacado para disfrutar en el viaje.
La sonrisa divertida de la joven aparece por primera vez al escuchar a Shin —el loco de toda la división— afirmando su posición como protector del grupo, además de cuestionar con alto descaro la capitanía de Kael. Si tiene que ser sincera, ese tipo de interacciones provocan en ella diversión y ternura a partes iguales. Se nota a leguas que son amigos y eso, para alguien como Hae-won, representa todo lo que está bien.
En ese momento piensa en Dravenia. Y al pronunciar su nombre en el vacío de sus pensamientos, decae su semblante antes de suspirar audiblemente y continuar con sus labores. El relicario que lleva debajo de su ropa pesa con la certidumbre de que ha perdido a otra hermana, y de ella no pudo conservar un recuerdo digno de guardar. Esos intrusos mentales se desvanecen al escuchar las órdenes de su capitán, además de contar una colaboración beneficiosa con miembros de otra división.
Cuando los integrantes de la ochenta se presentan ante ellos, la dama inclina ligeramente la cabeza al escuchar la educación y buena clase de… ¿la tortuga parlante? Eso no es lo peor. Se da cuenta de que Enji y uno de los gatos más bonitos que ha visto en su vida —la mascota del mencionado— están usando a la misma tortuga parlante como transporte. El cuadro en sí mismo sería hilarante, de no ser porque nota casi de inmediato la extraña sensación de animadversión de su actual pareja.
Saca por conclusión que la esencia inconfundible del albino de la ochenta le repele, y puede entenderlo. Cuando Dima le susurra algo acerca de uno de los que abordarían el ferry dispuesto por la organización del parque, la joven entrecierra los ojos cruzada de brazos.
Lo sabía.
No tarda en acomodar un mechón de su cabello detrás de la oreja al observar al gigante azul. Si es alguien que tiene pedido de captura y una recompensa por su cabeza, entonces tendrían que advertirle a su capitán. Se encamina hacia el pelinegro con una mirada tranquila.
—Kael… Hmmm… ¿El sujeto gigante de piel azul no te parece conocido? Dimitri me comentó que justo lo captó mirando atentamente hacia nuestra dirección.
Puede escuchar de fondo una voz melodiosa animando el ambiente con el sonido de maracas acompañándolo, como fieles seguidoras y certeras cantantes. Al parecer, es otro miembro animado de la pintoresca división ochenta. Otro más se presenta al compás del ánimo expresado por el artista del grupo.
Deben divertirse mucho entre ellos. Eso seguro.
—… De ser así, deberíamos dar algún aviso, ¿verdad? Aunque dudo que hayamos sido los únicos que han identificado al sospechoso, si tiene pedido de captura y recompensa por su cabeza.
Tal vez son demasiadas gestiones. Tal vez es su mente tratando de captar los detalles debido a las ordenanzas del comandante, y sus justificadas sospechas acerca de los procederes de la administración de ese bendito parque de atracciones. Tal vez es la dispersión que generan las charlas a su alrededor, y esa tendencia que ella tiene de escuchar todo por ese lado chismoso que no puede controlar… Pero es solo un ligero toque a su cabeza el que le permite centrarse y volver a ese presente en el que, quiera ella o no, debe trabajar.
Camina con paso tranquilo hacia el Tempestad para preparar todas las herramientas de reparación, porque sabe que cruzar a las aguas más embravecidas del mundo en el que vive puede provocar una serie de grietas en el barco que deben ser subsanadas. Ese es su deber y en eso se debe concentrar mientras navegan por el mar.
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