09-03-2026, 12:23 AM
La noche me picó casi tanto como las sábanas aquella madrugada. Cada pensamiento reiterado se convertía en una nueva vuelta en la cama.
«¿Cómo estarían Ritsu y Sandy y su hijo en mi ausencia? Ritsu sabe cuidarse, pero cada año él se hace mayor y no tendrá siempre la misma fuerza». Ya me despedí de él antes de mi última partida de Baterilla, pero es ahora cuando me encuentro ante el aterrador abismo de la realidad. «Y si no vuelvo ni en cinco años? ¿Y si... no vuelvo? ¿Estará bien… si no vuelvo? Seguramente Sandy cuidaría de él… ¿Y si son mis compañeros los que no vuelven?».
Cuando me descubrí bocarriba con los dedos enredados en el colgante de mis padres, supe que era el momento de hacer lo que hacía siempre que me agobiaba por el futuro: asegurarme de que todos tuvieran un día feliz más que recordar.
El resto de la noche, en la cocina, actuar volvió a ayudarme a no pensar.
¡Hay tanta gente! ¡Todo está lleno de colores y gente! Comerciantes con puestos, niños corriendo y jugando, decoraciones y panfletos de todo tipo… ¡De hecho, ya me había guardado uno! ¡Y fíjate, hay músicos por allí animando el puerto y todo! ¡Llevo queriendo darme prisa en venir desde que terminó el discurso de partida de la Marina! ¡¡Es tan emocionante!!
Para cuando llegué junto al Tempestad, casi todo mi grupo se había reunido ya. ¡Normal! Las bolsas que llevo con comida pesan una completa barbaridad… ¡Es comida para un montón de gente, todos con raciones acordes a su tamaño, ¡y algunos de ellos son muy grandes! ¡¿Por qué puñetas no pude interceptar a Kael antes de salir?! ¡Habría podido llevarme todo este peso! ¡Agh!
―¡Hola… chicos! ―llego jadeando como el primer día que subimos a aquel barco, contenta de haber llegado por fin. Dios santo, ¡qué calor! Al menos, nunca será peor que el frío. ¡Por suerte esta vez todas mis maletas estaban ya en el barco! Si no, ¡me habría querido morir!―. ¡Ya estoy aquí…!
Dejo las bolsas en el suelo de madera mientras recupero el aliento, pero en ningún momento se me borró la sonrisa. La verdad es que me hace mucha gracia escuchar a hablar al albino y al moreno sobre el tema de la capitanía. ¡Yo ahí mejor no me meto y que se apañen ellos!
―¡Shiiiiiiiiiiiiin! ―corro a abrazarlo en cuanto ya puedo respirar con normalidad―. ¡Cuánto tiempo, Shin, ¿cómo estás?! ¡Espero que te hayas traído el haori! ¡Tienes que lucirlo allí en tus horas libres!
Porque claro, evidentemente, todos llevamos hoy el uniforme completamente reglamentario, como siempre hacemos (o yo, al menos) cuando hay una misión oficial de la Marina.
―¿Emocionada? ―preguntó Dimitri.
―¡Muchoooo! ―exclamo soltando a Shin y casi saltando a su lado―. ¡¿Has pensado ya qué sitios quieres ver allí en nuestras horas libres?!
Pero, por supuesto, Kael no tardaría en dar su discurso de resumen oficial, recordando cómo nos moveríamos y que colaboraríamos con la División 80. ¡Qué ganas tengo de conocerlos!
―¡EH, SHINCHAN! ¡Por aquí, cara de nalga!
Enseguida, toda la atención envuelve a dos curiosas figuras acercándose… ¡Es Enji… y un bonito gatito... sobre una tortuga! ¡¿Cómo puede esa tortuga ser tan increíblemente fuerte?!
―¡Espera un momento… ¡¿Qué haces tú encima de mí?! ¿Dónde está el equipaje?
Las manos me cubren de inmediato la boca. ¡Una tortuga que habla! Miro de inmediato a mi alrededor. ¡¡¿Por qué soy la única sorprendida?!! ¡¿Y por qué la tortuga conoce a Kael?! ¿Juan… Sebastián? Pero ¿no era un cang…? ¡Oh…! ¡Oh! ¡Debe de ser cosa de una de las frutas!
―¡Encantada de conoceros! ―saludo alegremente a ambos, hasta que de repente caigo en que puedo aprovechar para darles lo que había traído―. ¡Ah! ¡Esperad un momento, por favor!
Enseguida corro ágilmente los pasos que me separan de ellos y ofrezco a Enji la bolsa que contiene todos los platos para cada uno de los miembros de la División 80: Juan Sebastián tenía un delicioso salteado de percebes con algas y limón (¡muy apto para cangrejos!); Akira tenía un muy buen montóoon de nigiris, de atún, salmón, bacalao, gambas…; Sigrid un muy bueeeeeeeeeen plato de estofado al vino tinto, perfecto también para su tamaño; Masato me costó bastante, porque no la conocía mucho, pero esperaba que unos onigiri de rellenos variados pudieran gustarle, ¡y Enji era el único con comida como postre! Había escuchado que le gustaba mucho el dulce, así que seguramente no se quejaría de su tarta de limón. Además, todo el mundo tenía un postre aparte: ¡buñuelos de bacalao! Todos tenían miel de caña y canela, salvo Juan Sebastián, que como no sabía si le sentaría bien la miel, tenía una caja con y sin miel y canela. ¡Así podría elegir! ¡Postre apto para cangrejos también!
―¡Es comida para todos! Espero que os guste. También he añadido una cajita con lechuga, rúcula, dientes de león, espinacas y acelgas para vuestro Mushi Mu… ―¡Uy! ¡No, no!―. ¡L-los Den Den Mushi! B-bueno, ¡muchas gracias por pasaroooooooooos!
Entre risas, vuelvo junto a mis compañeros, pero tomo nota mentalmente. ¡Tengo que tener cuidado para no llamarlos así delante del resto de la Marina o me podrían regañar!
―¡SUENA LA MARACA SUAVE! ¡CHACA, CHACA-CHÁ!
Canción, maracas y botas eran su propia fiesta caminando por el muelle a un ritmo imposible de ignorar.
—¡A ver, tesoros de la setenta y cinco, no me digan que voy a tener que enseñarles cómo se siente el verdadero espíritu del verano porque esatas chaca-chaca vibes no me las van a ignorar!
―¡Uuuh~! ¡Vamooooooooos! ―exclamo proyectando la voz con una mano y marcando con la otra el ritmo de mis saltos.
¡Es que es imposible no bailar al ritmo de la canción esta artista, por favor! ¡Qué arte tiene! ¡Ojalá podamos irnos de fiesta juntas en el futuro! ¡Va a ser tan genial!
―¡¡Aaaaaaaaaah!! ¡¡Viva la División Ochentaaaaa!! ¡Vivaaaaaaaaa!
Demasiado distraída por aquella fiesta, casi no me entero del nuevo mote de Milki… ¡de Dimitri! ¡Ay, qué bueno, me gusta mucho la sugerencia! ¡Pero lo mejor es cuando también él habla de unirse a la fiesta! ¡Esooooooo!
Entre risas, veo de lejos a Akira dirigiéndonos una reverencia, y enseguida se la devuelvo de la manera más digna, orgullosa y feliz posible. ¡Qué majo! En cuanto sube a su barco, vuelvo la atención hacia mi tripulación.
―Chicos, ¡también tengo algo para vosotros! ―anuncio antes de empezar a ir sacando cajas―. Dimitri, ¡esto es caldo de bacalao! Tiene almendras, semillas de calabaza, huevo hilado y acelgas. ¡Se supone que son cosas que te deberían ayudar con las migrañas! ―Acto seguido, voy hacia Hae-Won―. Lo tuyo son fideos con pollo y verduritas con salsa de soja. Es bastante equilibrado y he evitado salsas que tengan nada de alcohol, ¡pensé que te gustaría! ―Rápidamente, desvío el pensamiento que me hace acordarme de Uker, que fue quien me enseñó la existencia de esos fideos. No puedo permitirme ponerme sentimental ahora―. ¡Y estos son para vosotros! ―me acerco a Kael y a Shin―. Como sé que a Kael le cuesta saborear cosas y me suena que dijo que también te pasaba a ti, Shin, he hecho unos platos bastante picantes, a ver si eso os ayuda. Uno es de pollo y otro de ternera, ¡podéis elegir cuál queréis! Si tenéis alguna preferencia, no dudéis en decírmelo y tomaré nota de ello. Y, lo que queda en la bolsa es, aparte de mi plato combinado con las sobras… ¡El postre! ¡Buñuelos de bacalao con canela y miel!
Sí, ¡el mismo delicioso postre que di a la División 80! ¡Ya solo queda esperar a que sea la hora de comer!
Entonces, Hae-Won dice algo MUY importante. Se lo dice a Kael, pero yo miro enseguida alrededor, buscando enseguida a ese gigante de color azul… ¡y ahí está, en el ferry! Es relativamente fácil de ver entre la multitud. Sí, definitivamente lo recuerdo de uno de los carteles: Kazan, 25.000.000 berries. ¿Y había mirado hacia aquí?
―¿Deberíamos avisar por Den Den Mushi a la Marina y coordinarnos con la 80?
«¿Cómo estarían Ritsu y Sandy y su hijo en mi ausencia? Ritsu sabe cuidarse, pero cada año él se hace mayor y no tendrá siempre la misma fuerza». Ya me despedí de él antes de mi última partida de Baterilla, pero es ahora cuando me encuentro ante el aterrador abismo de la realidad. «Y si no vuelvo ni en cinco años? ¿Y si... no vuelvo? ¿Estará bien… si no vuelvo? Seguramente Sandy cuidaría de él… ¿Y si son mis compañeros los que no vuelven?».
Cuando me descubrí bocarriba con los dedos enredados en el colgante de mis padres, supe que era el momento de hacer lo que hacía siempre que me agobiaba por el futuro: asegurarme de que todos tuvieran un día feliz más que recordar.
El resto de la noche, en la cocina, actuar volvió a ayudarme a no pensar.
***
(¡¡Gracias, Kibai!! AAAAAAAAAAAAAH)
¡Hay tanta gente! ¡Todo está lleno de colores y gente! Comerciantes con puestos, niños corriendo y jugando, decoraciones y panfletos de todo tipo… ¡De hecho, ya me había guardado uno! ¡Y fíjate, hay músicos por allí animando el puerto y todo! ¡Llevo queriendo darme prisa en venir desde que terminó el discurso de partida de la Marina! ¡¡Es tan emocionante!!
Para cuando llegué junto al Tempestad, casi todo mi grupo se había reunido ya. ¡Normal! Las bolsas que llevo con comida pesan una completa barbaridad… ¡Es comida para un montón de gente, todos con raciones acordes a su tamaño, ¡y algunos de ellos son muy grandes! ¡¿Por qué puñetas no pude interceptar a Kael antes de salir?! ¡Habría podido llevarme todo este peso! ¡Agh!
―¡Hola… chicos! ―llego jadeando como el primer día que subimos a aquel barco, contenta de haber llegado por fin. Dios santo, ¡qué calor! Al menos, nunca será peor que el frío. ¡Por suerte esta vez todas mis maletas estaban ya en el barco! Si no, ¡me habría querido morir!―. ¡Ya estoy aquí…!
Dejo las bolsas en el suelo de madera mientras recupero el aliento, pero en ningún momento se me borró la sonrisa. La verdad es que me hace mucha gracia escuchar a hablar al albino y al moreno sobre el tema de la capitanía. ¡Yo ahí mejor no me meto y que se apañen ellos!
―¡Shiiiiiiiiiiiiin! ―corro a abrazarlo en cuanto ya puedo respirar con normalidad―. ¡Cuánto tiempo, Shin, ¿cómo estás?! ¡Espero que te hayas traído el haori! ¡Tienes que lucirlo allí en tus horas libres!
Porque claro, evidentemente, todos llevamos hoy el uniforme completamente reglamentario, como siempre hacemos (o yo, al menos) cuando hay una misión oficial de la Marina.
―¿Emocionada? ―preguntó Dimitri.
―¡Muchoooo! ―exclamo soltando a Shin y casi saltando a su lado―. ¡¿Has pensado ya qué sitios quieres ver allí en nuestras horas libres?!
Pero, por supuesto, Kael no tardaría en dar su discurso de resumen oficial, recordando cómo nos moveríamos y que colaboraríamos con la División 80. ¡Qué ganas tengo de conocerlos!
―¡EH, SHINCHAN! ¡Por aquí, cara de nalga!
Enseguida, toda la atención envuelve a dos curiosas figuras acercándose… ¡Es Enji… y un bonito gatito... sobre una tortuga! ¡¿Cómo puede esa tortuga ser tan increíblemente fuerte?!
―¡Espera un momento… ¡¿Qué haces tú encima de mí?! ¿Dónde está el equipaje?
Las manos me cubren de inmediato la boca. ¡Una tortuga que habla! Miro de inmediato a mi alrededor. ¡¡¿Por qué soy la única sorprendida?!! ¡¿Y por qué la tortuga conoce a Kael?! ¿Juan… Sebastián? Pero ¿no era un cang…? ¡Oh…! ¡Oh! ¡Debe de ser cosa de una de las frutas!
―¡Encantada de conoceros! ―saludo alegremente a ambos, hasta que de repente caigo en que puedo aprovechar para darles lo que había traído―. ¡Ah! ¡Esperad un momento, por favor!
Enseguida corro ágilmente los pasos que me separan de ellos y ofrezco a Enji la bolsa que contiene todos los platos para cada uno de los miembros de la División 80: Juan Sebastián tenía un delicioso salteado de percebes con algas y limón (¡muy apto para cangrejos!); Akira tenía un muy buen montóoon de nigiris, de atún, salmón, bacalao, gambas…; Sigrid un muy bueeeeeeeeeen plato de estofado al vino tinto, perfecto también para su tamaño; Masato me costó bastante, porque no la conocía mucho, pero esperaba que unos onigiri de rellenos variados pudieran gustarle, ¡y Enji era el único con comida como postre! Había escuchado que le gustaba mucho el dulce, así que seguramente no se quejaría de su tarta de limón. Además, todo el mundo tenía un postre aparte: ¡buñuelos de bacalao! Todos tenían miel de caña y canela, salvo Juan Sebastián, que como no sabía si le sentaría bien la miel, tenía una caja con y sin miel y canela. ¡Así podría elegir! ¡Postre apto para cangrejos también!
―¡Es comida para todos! Espero que os guste. También he añadido una cajita con lechuga, rúcula, dientes de león, espinacas y acelgas para vuestro Mushi Mu… ―¡Uy! ¡No, no!―. ¡L-los Den Den Mushi! B-bueno, ¡muchas gracias por pasaroooooooooos!
Entre risas, vuelvo junto a mis compañeros, pero tomo nota mentalmente. ¡Tengo que tener cuidado para no llamarlos así delante del resto de la Marina o me podrían regañar!
―¡SUENA LA MARACA SUAVE! ¡CHACA, CHACA-CHÁ!
Canción, maracas y botas eran su propia fiesta caminando por el muelle a un ritmo imposible de ignorar.
—¡A ver, tesoros de la setenta y cinco, no me digan que voy a tener que enseñarles cómo se siente el verdadero espíritu del verano porque esatas chaca-chaca vibes no me las van a ignorar!
―¡Uuuh~! ¡Vamooooooooos! ―exclamo proyectando la voz con una mano y marcando con la otra el ritmo de mis saltos.
¡Es que es imposible no bailar al ritmo de la canción esta artista, por favor! ¡Qué arte tiene! ¡Ojalá podamos irnos de fiesta juntas en el futuro! ¡Va a ser tan genial!
―¡¡Aaaaaaaaaah!! ¡¡Viva la División Ochentaaaaa!! ¡Vivaaaaaaaaa!
Demasiado distraída por aquella fiesta, casi no me entero del nuevo mote de Milki… ¡de Dimitri! ¡Ay, qué bueno, me gusta mucho la sugerencia! ¡Pero lo mejor es cuando también él habla de unirse a la fiesta! ¡Esooooooo!
Entre risas, veo de lejos a Akira dirigiéndonos una reverencia, y enseguida se la devuelvo de la manera más digna, orgullosa y feliz posible. ¡Qué majo! En cuanto sube a su barco, vuelvo la atención hacia mi tripulación.
―Chicos, ¡también tengo algo para vosotros! ―anuncio antes de empezar a ir sacando cajas―. Dimitri, ¡esto es caldo de bacalao! Tiene almendras, semillas de calabaza, huevo hilado y acelgas. ¡Se supone que son cosas que te deberían ayudar con las migrañas! ―Acto seguido, voy hacia Hae-Won―. Lo tuyo son fideos con pollo y verduritas con salsa de soja. Es bastante equilibrado y he evitado salsas que tengan nada de alcohol, ¡pensé que te gustaría! ―Rápidamente, desvío el pensamiento que me hace acordarme de Uker, que fue quien me enseñó la existencia de esos fideos. No puedo permitirme ponerme sentimental ahora―. ¡Y estos son para vosotros! ―me acerco a Kael y a Shin―. Como sé que a Kael le cuesta saborear cosas y me suena que dijo que también te pasaba a ti, Shin, he hecho unos platos bastante picantes, a ver si eso os ayuda. Uno es de pollo y otro de ternera, ¡podéis elegir cuál queréis! Si tenéis alguna preferencia, no dudéis en decírmelo y tomaré nota de ello. Y, lo que queda en la bolsa es, aparte de mi plato combinado con las sobras… ¡El postre! ¡Buñuelos de bacalao con canela y miel!
Sí, ¡el mismo delicioso postre que di a la División 80! ¡Ya solo queda esperar a que sea la hora de comer!
Entonces, Hae-Won dice algo MUY importante. Se lo dice a Kael, pero yo miro enseguida alrededor, buscando enseguida a ese gigante de color azul… ¡y ahí está, en el ferry! Es relativamente fácil de ver entre la multitud. Sí, definitivamente lo recuerdo de uno de los carteles: Kazan, 25.000.000 berries. ¿Y había mirado hacia aquí?
―¿Deberíamos avisar por Den Den Mushi a la Marina y coordinarnos con la 80?
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