Adios, mi capitan - Pasado [Priv. MM]
#7
Sentado sobre esa montaña de cojines que FoFojo había apilado para mí, tratando de prepararme mentalmente para el reto de diez bandejas en media hora; después de todo, soy un gigante y mi estómago tiene una reputación que mantener. Respiraba relajadamente hasta que MM tuvo que abrir su gran bocotá.

María empezó a hablar. La miré de reojo mientras se reajustaba esa camisa amarilla de flores que dejaba ver sus escamas azules brillando como zafiros bajo el sol. Al principio sonreí, pensando que solo estaba dándome ánimos, Pero luego, esas palabras resonaron en mi cabeza:

Cinco minutos
Veinte bandejas

Abrí los ojos de par en par, mirándola fijamente con una mezcla de horror y absoluta incredulidad. ¿Cinco minutos? ¿Veinte bandejas? Me llevé ambas manos a la cabeza, hundiendo los dedos en mi cabellera pelirroja y apretando con fuerza. ¿Por que mierda permitía que MM hablara por mi? ¿Qué no había aprendido nada en estos meses viviendo con ella?

La plaza estaba llena de gente que ahora nos miraba con una curiosidad morbosa, y el terreno arenoso bajo mis pies parecía vibrar con la emoción de los comensales que ya empezaban a apostar. María estaba completamente loca, y lo peor es que lo decía con esa sonrisa radiante que hacía que todos los hombres a su alrededor se pusieran rojos como tomates.

Pero lo que terminó de hundirme fue escuchar lo del "twerking". No sabía exactamente qué era ese baile, pero por la reacción de la multitud y la picardía en su mirada, supe que no era algo que un gigante honorable quisiera ver asociado a su nombre en una apuesta pública, y menos propuesto por la que se supone que es su amiga y fiel compañera.

Me agarré los largos mechones de mi barba y de mi pelo, desesperado, y bajé la cabeza hasta que mi rostro quedó a escasos centímetros del suelo, justo frente a ella. Mis ojos, usualmente alegres, estaban casi llorosos por la angustia. —¡María, por las barbas de mi padre, estás loca!—  Le susurré con una voz que, a pesar de mis intentos por ser discreto, debió sonar como un trueno sordo para los que estaban cerca. —¿Cinco minutos? ¡ESTAS LOCA! ¡Y deja de prometer bailes raros, que me vas a dar un disgusto antes de probar el primer bocado!—

Tratando de calmar el nudo que se me había formado en la garganta del disgusto de la situación y agarré el barril pequeño, que en mi mano no era mas que un dedal, que me habían traído de cortesía. Justo cuando le daba un trago para intentar relajarme, la escuché preguntar si Cara Melo también era familia. El agua se me fue por mal camino y empecé a toser con fuerza sobre las cabezas de los curiosos sobre las mesas de madera más cercanas. Me golpeé el pecho con el puño, tratando de recuperar el aire, mientras el Komashika me miraba con esos ojos grandes y tranquilos. Apenas me estaba recuperando de ese atragantamiento cuando ella se acercó para confesarme al oído que bailaría igual aunque yo ganara. Volví a toser, esta vez con más desesperación, sintiendo que la situación se me escapaba de las manos completamente.

El entorno se volvió un caos cuando FoFojo apareció liderando una verdadera comitiva de mozos. Eran al menos una docena de hombres cargando las pesadas bandejas de hierro de un metro de diámetro. Las fueron colocando frente a mí, sobre unas mesas reforzadas que habían traído a toda prisa, creando una muralla de comida que desprendía un vapor intenso y delicioso. Había estofado de buey rebosante, montañas de hogazas de pan de leña, fuentes de verduras asadas y barriles de cinco litros de cerveza que ya empezaban a sudar por el frío. El olor era increíble, pero la presión de los cinco minutos pesaba más que todo el hierro de las bandejas.

Miré a mi alrededor una última vez. Los balcones de madera de las tabernas cercanas estaban llenos de gente asomada para ver el espectáculo. Demasiada gente hacia que la presión sobre mis hombros aumentara.

¿De que servía ganar si igualmente MM iba a mancillar mi honor?

El mesero, tras asegurarse de que las veinte raciones estaban dispuestas, levantó una mano y dio la orden de inicio.

—COMIENZA EL TIEMPO—

No tuve tiempo para más quejas ni para más dudas. Lancé un último vistazo de "te odio un poco ahora mismo" a MM y me lancé sobre la primera bandeja. Agarré dos de las hogazas de pan, las partí al medio y las usé como cucharas improvisadas para engullir el estofado de buey a una velocidad que nunca antes había intentado. El sabor era potente, la carne estaba tierna y el caldo tenía ese toque de especias que te quema un poco la lengua, pero no tenía tiempo para saborear. Entre bocado y bocado, agarré el primer barril de cerveza, le arranqué la tapa de un mordisco y lo vacié en mi garganta en tres segundos.

Tenía que ser el estómago más rápido que Whisky Peak haya visto o morir en el intento. Maldita sea, MM.
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Adios, mi capitan - Pasado [Priv. MM] - por Thrym - 15-12-2025, 03:39 AM
RE: Adios, mi capitan - Pasado [Priv. MM] - por Thrym - 09-03-2026, 05:06 AM

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