09-03-2026, 06:40 AM
Ser presa, ser carne, ser trofeo, es la sensación que siempre se tiene en este oficio y no por eso estás limpio, o no por eso estas bien. Te sientes usado, te sientes sucio, te sientes menos persona y más objeto. Desde que estoy en Sorbert y desde que mi cuenta con Brutus existe siempre tengo que prestarme para todo tipo de trabajos. Hoy de consorte, una familia adinerada y totalmente llena de pecados que cargar. ¿Quién pensaría que las personas de la alta sociedad serían consumidores de mi servicio?
Alguien que tiene el alma cansada ya no sabe qué sentir al respecto, hay dias que se siente más sucio que otros, sobre todo por las cosas retorcidas que pueden pedirle. Todo tras la excusa de un gusto exotico. Ya no estaba seguro de si existía gente buena en la que pudiera depositar mi confianza. Vestido cual muñeco de traje, ocultando mi cuerpo para ser una marioneta que camina, saluda y hace algún que otro truco, mover las alas, sonreir. Aparenta ser el trofeo de este señor y de su mujer.
Agotando a cada minuto, sintiendo los agarrones sobre mi cuerpo y como soy expuesto para que otros puedan sentirse como atracción. En un momento lo despacharon, cuando las conversaciones dejaron de ser de que bonito tu esclavo alado. Notaría como no soy el único al lado ni el único imponente siendo otra joven, una que está siendo bastante manoseada por el anfitrión de la reunión. Me sentí mal, me vi reflejado en esa muchacha y pude notar esa mirada vacía, cansada, ese sudor en la frente que te dice que en cualquier momento dejarás de ser persona.
Me sentí tan identificado que al verme en el reflejo de la vajilla china la pude notar. El receso entonces fue para mi una oportunidad. No una escapatoria, pero una de hacer algo que no harían por mi. Caminé, esperé, cuando la orden fue dada entonces yo actué. No desenfrenado, ni con apuro, sutil, actuando como una sombra que solo existe mientras hay luz allí. Sin dar calor o frío cuando ella tendría ya un rato en la otra habitación yo le seguí.
Sonó la puerta antes de las bisagras y con la presencia de Heras con un cruce. Me muestro en silencio y la puedo ver allí con la comida servida. ¿Luchando por comer? No sabía que decirle, busqué servirme algo para tomar, agua, si, mejor eso, quiero mantenerme sobrio. Claro, una que otra mirada del rabillo, mientras el agua cae poco a poco en el vaso de vidrio. Antes de tomar asiento junto a ella y dejar la jarrá allí para que pudiera servirse.
—¿Noche difícil?— ¿Qué más podría decir yo para romper el hielo? Ciertamente lo que se ve no se pregunta, ahí es mi culpa. —Bueno, me refiero, yo decía, sabes, la fiesta, los estirados que son. Esa gente piensa que uno es un maniquí a su disposición. — No es la mejor conversación que pude haber improvisado, le miré sintiendo la incomodidad, no sabía si era yo el incómodo o si era ella la incomoda.
Alguien que tiene el alma cansada ya no sabe qué sentir al respecto, hay dias que se siente más sucio que otros, sobre todo por las cosas retorcidas que pueden pedirle. Todo tras la excusa de un gusto exotico. Ya no estaba seguro de si existía gente buena en la que pudiera depositar mi confianza. Vestido cual muñeco de traje, ocultando mi cuerpo para ser una marioneta que camina, saluda y hace algún que otro truco, mover las alas, sonreir. Aparenta ser el trofeo de este señor y de su mujer.
Agotando a cada minuto, sintiendo los agarrones sobre mi cuerpo y como soy expuesto para que otros puedan sentirse como atracción. En un momento lo despacharon, cuando las conversaciones dejaron de ser de que bonito tu esclavo alado. Notaría como no soy el único al lado ni el único imponente siendo otra joven, una que está siendo bastante manoseada por el anfitrión de la reunión. Me sentí mal, me vi reflejado en esa muchacha y pude notar esa mirada vacía, cansada, ese sudor en la frente que te dice que en cualquier momento dejarás de ser persona.
Me sentí tan identificado que al verme en el reflejo de la vajilla china la pude notar. El receso entonces fue para mi una oportunidad. No una escapatoria, pero una de hacer algo que no harían por mi. Caminé, esperé, cuando la orden fue dada entonces yo actué. No desenfrenado, ni con apuro, sutil, actuando como una sombra que solo existe mientras hay luz allí. Sin dar calor o frío cuando ella tendría ya un rato en la otra habitación yo le seguí.
-Toctoctoc-
Sonó la puerta antes de las bisagras y con la presencia de Heras con un cruce. Me muestro en silencio y la puedo ver allí con la comida servida. ¿Luchando por comer? No sabía que decirle, busqué servirme algo para tomar, agua, si, mejor eso, quiero mantenerme sobrio. Claro, una que otra mirada del rabillo, mientras el agua cae poco a poco en el vaso de vidrio. Antes de tomar asiento junto a ella y dejar la jarrá allí para que pudiera servirse.
—¿Noche difícil?— ¿Qué más podría decir yo para romper el hielo? Ciertamente lo que se ve no se pregunta, ahí es mi culpa. —Bueno, me refiero, yo decía, sabes, la fiesta, los estirados que son. Esa gente piensa que uno es un maniquí a su disposición. — No es la mejor conversación que pude haber improvisado, le miré sintiendo la incomodidad, no sabía si era yo el incómodo o si era ella la incomoda.
