09-03-2026, 07:33 PM
(Última modificación: 09-03-2026, 07:36 PM por Hasegawa Shin.)
Luces, difusas y confusas, alumbrando un semblante de piel impoluta, pulcra, pero que da claras señales de cicatrices invisibles, en sus ojos llenos de ojeras, la mirada algo caída y una ausencia particular de su más típica sonrisa, característica en el ego que siempre expande hacia el resto alguien como él.
Pero en esa ocasión, estaba solo, no había nadie a quien sorprender.
Mientras sus compañeros se preparaban para una pequeña odisea por el South Blues, Shin manifestaba una serie de misiones y asuntos personales inconclusos que lo ataban a Baterilla. Incluso Ruri había viajado desde Samba, y pronto iniciarían la caza de uno de los engendros más desgraciados que era capaz de recordar, y para más inri, se trataba de un familiar no tan lejano.
Quizás por eso, y memorias más profundas, llenas de nubes negras que clamaban tormenta, era que no podía descansar, ni tan siquiera cuando el cansancio llamaba a los gritos contra la puerta de su consciencia. El albino entonces decidió salir de su lugar provisional de descanso, al no estar en servicio no hizo falta ponerse su uniforme típico, y en su lugar se puso una camiseta negra, y encima el haori blanco que tanto le gustaba, acompañados de pantalones en el mismo tono. De su cintura colgaba la espada heredada de los Hasegawa, el clan que tantas desgracias y recuerdos bonitos le había traído, y así salió a pasear entre la maleza, lugares alejados y puro campo.
El cielo anaranjado le daba la bienvenida a un nuevo amanecer. Otro día que sus antiguas camaradas no verían, ya que sólo tenían permiso de habitar la sombra que dejaba su silueta, un fiel recordatorio del mayor error en su carrera, y en su vida. Intentaba ignorarlo, para no sobrecargar sus pensamientos, y justo en el momento más difícil de todos, es que la vio.
Sentada, comiendo un sándwich, con una aparente calma envidiable. Su altura llamó la atención de Shin casi de inmediato, pero aún mas importante, las alas en su espalda junto al largo cabello le traían memorias de alguien que conoció hace tiempo, en Isla Karate. Una skypean, había aprendido a diferenciarlos de los lunarian por el tono de piel, y lo supo de inmediato.
Decidió acercarse, curioso, o quizás buscando un poco de interacción social para descargar su mente de malos pensamientos, y fue entonces que elevó la diestra, saludando con la misma energía incansable que siempre aparenta. —¡Oeeee! ¡Que taaaal! —exclamó.
Pues claro que se trataba de otra apariencia más. En su gesto cansado y atormentado volvía a aparecer una sonrisa tan brillante y soberbia que era capaz de eclipsar las pistas sobre su verdadero estado. Uno genuinamente roto.
—¡Woah! ¡Eres altísima! —concluyó, comenzando a moverse alrededor de la mujer. Primero mirándola desde su lado izquierdo, luego por la derecha, e incluso por detrás, inspeccionándola. Al final, se puso de cuclillas delante de ella, intentando mirarla a los ojos.
—Mi nombre es Hasegawa Shin, ¡el futuro mejor marine de la historia! —manteniendo la postura, alzó ambos brazos, animado —Me daba curiosidad saber que hacía una skypean sola por aqui, y encima tan temprano... —observó hacia un lateral, medianamente reflexivo —No es típico, y lo que no es típico siempre me llama la atención, hehe. —la sonrisa vuelve a mostrarse deslumbrante, casi tanto como el prominente amanecer, ensombreciendo esas cicatrices invisibles gracias el gesto, o su pequeña risilla final.
Cuando molestaba con su excentridad a otros, sus demonios parecían bajar el volumen de sus voces. Al menos durante breves instantes.
Pero en esa ocasión, estaba solo, no había nadie a quien sorprender.
Mientras sus compañeros se preparaban para una pequeña odisea por el South Blues, Shin manifestaba una serie de misiones y asuntos personales inconclusos que lo ataban a Baterilla. Incluso Ruri había viajado desde Samba, y pronto iniciarían la caza de uno de los engendros más desgraciados que era capaz de recordar, y para más inri, se trataba de un familiar no tan lejano.
Quizás por eso, y memorias más profundas, llenas de nubes negras que clamaban tormenta, era que no podía descansar, ni tan siquiera cuando el cansancio llamaba a los gritos contra la puerta de su consciencia. El albino entonces decidió salir de su lugar provisional de descanso, al no estar en servicio no hizo falta ponerse su uniforme típico, y en su lugar se puso una camiseta negra, y encima el haori blanco que tanto le gustaba, acompañados de pantalones en el mismo tono. De su cintura colgaba la espada heredada de los Hasegawa, el clan que tantas desgracias y recuerdos bonitos le había traído, y así salió a pasear entre la maleza, lugares alejados y puro campo.
El cielo anaranjado le daba la bienvenida a un nuevo amanecer. Otro día que sus antiguas camaradas no verían, ya que sólo tenían permiso de habitar la sombra que dejaba su silueta, un fiel recordatorio del mayor error en su carrera, y en su vida. Intentaba ignorarlo, para no sobrecargar sus pensamientos, y justo en el momento más difícil de todos, es que la vio.
Sentada, comiendo un sándwich, con una aparente calma envidiable. Su altura llamó la atención de Shin casi de inmediato, pero aún mas importante, las alas en su espalda junto al largo cabello le traían memorias de alguien que conoció hace tiempo, en Isla Karate. Una skypean, había aprendido a diferenciarlos de los lunarian por el tono de piel, y lo supo de inmediato.
Decidió acercarse, curioso, o quizás buscando un poco de interacción social para descargar su mente de malos pensamientos, y fue entonces que elevó la diestra, saludando con la misma energía incansable que siempre aparenta. —¡Oeeee! ¡Que taaaal! —exclamó.
Pues claro que se trataba de otra apariencia más. En su gesto cansado y atormentado volvía a aparecer una sonrisa tan brillante y soberbia que era capaz de eclipsar las pistas sobre su verdadero estado. Uno genuinamente roto.
—¡Woah! ¡Eres altísima! —concluyó, comenzando a moverse alrededor de la mujer. Primero mirándola desde su lado izquierdo, luego por la derecha, e incluso por detrás, inspeccionándola. Al final, se puso de cuclillas delante de ella, intentando mirarla a los ojos.
—Mi nombre es Hasegawa Shin, ¡el futuro mejor marine de la historia! —manteniendo la postura, alzó ambos brazos, animado —Me daba curiosidad saber que hacía una skypean sola por aqui, y encima tan temprano... —observó hacia un lateral, medianamente reflexivo —No es típico, y lo que no es típico siempre me llama la atención, hehe. —la sonrisa vuelve a mostrarse deslumbrante, casi tanto como el prominente amanecer, ensombreciendo esas cicatrices invisibles gracias el gesto, o su pequeña risilla final.
Cuando molestaba con su excentridad a otros, sus demonios parecían bajar el volumen de sus voces. Al menos durante breves instantes.
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
