09-03-2026, 09:02 PM
Kibai soltó de buena gana una sonora carcajada al leer las palabras en la libreta de Seraphine.
— No, tampoco es para tanto, no creo que el pobbre fuese tan estirado como lo pintas.
Rascándose la cabeza, se centró en cuidar que la grasa no se quemase.
— No diría que soy indiciplinado, pero si me gusta estar bastante a mi aire, al menos de vez en cuando. Supongo que está en mi naturaleza... Siempre que puedo, procuro escabullirme en mis tiempos libres. Roshwan es un lugar muy diferente a mi hogar, sabes? Tanta nieve, bosques de pinos, montañas altas que escalar... Es un lugar duro, y hasta algo hostil, a su manera, pero también tiene una belleza particular. No sé exactamente como explicarlo con palabras.
El mink comprobó como Seraphine se disponía a cumplir con la tarea que le había encomendado
"Más entusiasmo que maña, pero no se puede negar que le pone ganas" pensó para si mientras veía como se disponía a cumplir con sus instrucciones, mientras paraba de vez en cuando para escribir en su libreta.
¿Cómo se siente el saber que podrás apoyarte en tus compañeros a la hora de pelear?
Kibai esbozó una sonrisa, mientras que con una garra volteaba uno de los trozos de confit.
— Bueno, tiene un lado bueno y un lado malo, si lo quieres llamar así. El lado bueno es que puedes contar con que tus compañeros estén ahí, te sostengan cuando caigas, bloqueen ese golpe al que tu no pudiste reaccionar, sumen sus feurzas a las tuyas, y demás. Pero también requiere el compromiso y sacrificio por tu parte. Hay veces en las que sientes que no puedes dar el cien por cien, ya que tienes que estar pendiente del resto. Aún así, las cosas buenas superan y por mucho a las malas.
Cuando el cuaderno de Seraphine esbozó una frase preguntándole por su hogar, el mink se echó hacia atrás, mirando, como siemre, hacia el Oeste
— Nací muy lejos de aquí, en la zona del Grand Line que llaman el Nuevo Mundo, en la isla de Zou. Todos somos minks allí. Hace años, estaba jugando con otros minks a cazar pájaros, hasta que descubrimos uno que estaba al borde de un acantilado...
Kibai notó como su garganta se tensaba y una pequeña grieta apareció en la piedra plana cuando sumano la sujetó con demasiada fuerza.
— Sabía que era peligroso, pero era joven, y estúpido. Caí al mar. La corriente de arrastró lejos, hasta que un barco de la marina me encontró a la deriva. No sabían de dónde había salido, y yo estaba inconsciente, así que me llevaron con ellos. Pasé un tiempo en aquella nave, hasta que le pedí al capitán poder alistarme, y él me trajo hasta el South Blue para poder iniciar mi formación.
Aceptando el trozo de flecha que la joven le entregó, Kibai se concentró en la comida, disfrutando del intenso sabor del pato y la acidez cítrica de la guarnición de lima y mango, volteando la vista de vez en cuando a Seraphine para ver su reacción a la comida y leer lo que escribía.
— Técnicamente si, soy un marine de pies a cabeza, por mucho que el sargento de guardai de la base insista en que va a convertirme en una alfombra para su despacho unas tres veces por semana porque me han pescado durmiendo sobre el tejado en vez de en mi catre. De todas maneras, he podido comprobar que los marines, pese a tener todos nostros un objetivo común, tenemos muchos puntos de vista diferentes sobre como llegar a él.
El mink acabó su platillo y se recostó contra un tronco de madera de deriva, cruzando las manos tras su nuca y abriendo las mandíbulas en toda su extensión con un bostezo, antes de señalar la piedra con las tiras de coco.
— Lo bueno de estas islas tropicales, es que el postre siempre está servido. A mi personalmente me gusta más en seco y triturado para mezclarlo en otra cosa, pero así está más que aceptable.
Siguiendo su propio ejemplo, Kibai cogió una de las tiras y la arrojó al aire, atrapándola entre sus colmillos cuando cayó, mirando relajadamente hacia el horizonte más allá de la costa.
