10-03-2026, 05:41 AM
La voz se corrió de manera rápida, las personas llegaron para llevar sus bolsas y entregar la comida a otros que la necesitan como nosotros fue mi buena acción. No se puede ser tan inhumano cuando se está en necesidad. No pude negar que tirar del carro fue un trabajo agotador, de ahora en adelante sentiré respeto por los animales de carga que acostumbran mucho usar para arrastrar todo tipo de actividades cómo estas. Hiiraguí fue la cara más amable que la de ella que entregó a las personas los alimentos y yo me encargué de hacer la mayoría del trabajo pesado.
El esfuerzo que hice realmente no fué más que solo un esfuerzo en sus piernas, en sus brazos, contra el frío, pero el subidón de adrenalina me ayudó a hacer lo necesario. Lo odié, lo deteste, cada segundo, pero si yo fuera una persona que tuviera cuidando a mis hermanos menores y mis abuelos me habría encantado que otra persona fuera por allí y llevara comida que me sirviera a mi y a los demás. Mi cuerpo que sudaba contra el frío de Sorbert comenzó a generar más frío y mi respiración llegó al punto donde era visible ya que por dentro yo estaba ardiendo pero por fuera estaba helando.
Los llamados de la Huminik me ayudaron, sus manos, su atención y su manera de tratar a los demás hizo que pudiéramos repartir la mayoría. Comprensible pues todos saben que no es buena idea salir así por que si. Claro que agarré unas bolsas para que nosotros pudiéramos comer algo. —Tenemos que regresar, si tenemos suerte podremos llegar antes de que el frío sea mucho más problema.— Indiqué de manera clara y comencé a caminar sabiendo que ella viene tras de mi. Estaba más que claro que no podíamos hacer más por ese barrio, siendo buenas personas estábamos rompiendo la ley, pero las necesidades de los demás no podían ser ignoradas del todo y menos si las nuestras estan allí.
Podríamos comer algo,descansar y ya al día siguiente averiguaremos qué sucedió, ahora mismo solo somos unos malhechores más ante la ley. Solo nos queda escapar y esperar lo mejor.
El esfuerzo que hice realmente no fué más que solo un esfuerzo en sus piernas, en sus brazos, contra el frío, pero el subidón de adrenalina me ayudó a hacer lo necesario. Lo odié, lo deteste, cada segundo, pero si yo fuera una persona que tuviera cuidando a mis hermanos menores y mis abuelos me habría encantado que otra persona fuera por allí y llevara comida que me sirviera a mi y a los demás. Mi cuerpo que sudaba contra el frío de Sorbert comenzó a generar más frío y mi respiración llegó al punto donde era visible ya que por dentro yo estaba ardiendo pero por fuera estaba helando.
Los llamados de la Huminik me ayudaron, sus manos, su atención y su manera de tratar a los demás hizo que pudiéramos repartir la mayoría. Comprensible pues todos saben que no es buena idea salir así por que si. Claro que agarré unas bolsas para que nosotros pudiéramos comer algo. —Tenemos que regresar, si tenemos suerte podremos llegar antes de que el frío sea mucho más problema.— Indiqué de manera clara y comencé a caminar sabiendo que ella viene tras de mi. Estaba más que claro que no podíamos hacer más por ese barrio, siendo buenas personas estábamos rompiendo la ley, pero las necesidades de los demás no podían ser ignoradas del todo y menos si las nuestras estan allí.
Podríamos comer algo,descansar y ya al día siguiente averiguaremos qué sucedió, ahora mismo solo somos unos malhechores más ante la ley. Solo nos queda escapar y esperar lo mejor.
