[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 1
#34
El calor seguía siendo abrasador, y no es como si en breves minutos algo respecto a ese hecho fuese a cambiar fácilmente. Shin empezaba a ponerse de mal humor, sudando sin a penas haber hecho nada y queriendo arrancarse algunos fragmentos del uniforme en pos de que su piel pudiese respirar. Observaba el agua del mar con recelo, sabiendo que ese oleaje de apariencia inofensiva lo rechazaba, sino, ya se habría lanzado de cabeza a refrescarse. Lastimosamente la idea tendría que esperar, sólo deseaba que en los Cabos Gemelos la temperatura no fuese tan pesada.

Pero ni el sudor, ni mucho menos el sol intentando quemar el pigmento bien protegido de Hasegawa serían tan densos como el mismísimo albino, quien aún portando su par de gafas mantenía el pique sobre la persona que seguramente lo conocía más, dispuesto a sobreponerse sobre su ego. ¿Que fuese él mismo? Decía cosas sinsentido en la lógica siempre retorcida del prodigio aplastante que representó desde su crianza entre dos clanes elitistas, culpables quizás de su actitud actual.

—¡Ajá! ¡Ajá! ¡Pues ya verás! Voy a brillar como nunca en esta misión y entonces tendrás que asumir que sigo superándote. —Omuyaga quizás lo habría notado, pero desde la obtención de su fruta se podría asumir que Shin era todavía más molesto que antes. Es decir, siempre fue egocéntrico, sin embargo, ahora... los fundamentos le sobraban, y saber que en parte hablaba con verdades, pues su nuevo poder le permitía hacer cosas que parecían imposibles, quizás atribuía sentido a esa sensación invisible.

Junto a ello, el hecho de que los momentos en donde genuinamente habla en serio disminuyeron, al punto en que desde la reagrupación de la nueva División, nunca mostró esa faceta.

Y habría seguido dedicado a meterse con Kael, pero ese nuevo rostro que hasta ahora no había conocido se acercó a presentarse, y demonios, ¡cuánta formalidad! ¡Nada de nada! Así no se tratan los asuntos triviales, por ende decidió romper de inmediato con ello, primero colocando el rostro más serio que el castaño jamás había visto, y luego... rompiendo la fachada, llevando ambas manos entrelazadas al costado de su mentón y exclamando en un tono prácticamente chillón el apodo que decidió para el joven marine. —¡Geoooooooooooooorgy! ¡Es un placer saber que esa carita tan inocente estará al frente cuando una tormenta amenace con devorarnos! Te lo encargo, sólo espero que las ojeras no arruinen tus facciones, ¿okey? —rompió las distancias súbitamente, y le dio dos suaves palmadas en la cabecita. ¡Tan tierno que era!

A quien no perdonó, por supuesto, fue a Hae-won, a quien le frunció el ceño con rabia (simulada) acumulada —¿Y tú qué, ChooiChoi? ¿No saludas? —acto seguido le sacó la lengua, antes de, claro... ser atacado por la última en llegar. Nyri deslumbró con su presencia, acto habitual en sus presentaciones y entradas, cargando una suma de equipaje que hasta le costaría llevarse a la persona más alta y corpulenta que conoció, Kazan.

Pero así y todo se dio el lujo de embestirlo con un abrazo, del cual, por supuesto, Hasegawa renegó, fiel a su estilo —¡Oyeee! ¡Que hace calor! —intentó zafarse, sin mucho éxito —Además, sólo permito que me toquen mujeres con las cuales sí tengo intenciones. —refunfuñó, y una vez libre... —¿O acaso estás coqueteando conmigo, eh, Nyri? —y al final, contradiciéndose, fue él quien invadió el espacio personal de la chica, estirándole una mejilla como pequeño castigo.

El abrazo lo hizo sudar todavía más si cabía la posibilidad, ¿se estará derritiendo?

Con tanta payasada hasta olvidó lo del haori, pero fue el suficiente shock parcial como para que Omuyaga tome su postura e intente coordinar, órdenes que ignoró con todo el descaro del mundo, volteando y observando entonces a otra dirección, en el momento justo para escuchar una voz bastante... familiar. Enji, quien lo derrotó, usando aquel apodo de nuevo, y justo cuando iba a devolverle el favor, se dio cuenta de la forma en que se estaba acercando.

Encima de una tortuga. La tortuga más grande que había visto nunca. —No puede ser... ¡te conseguiste una mascota, príncipe de los quinientos mares del sur! —siguiendo la broma de aquel día, extendió los brazos y se movió de un lado a otro, emocionado, al menos hasta que finalmente se acercó con el resto de la División Ochenta, viendo que la tortuga se llamaba Juan y no estaba al servicio de nadie más que el Gobierno Mundial. —¡Lo siento, tortu-sama! ¡Debí suponer que Enji es demasiado brusco para domar bestias como usted! —ignoró al felino, claro, sino, le desmoronaba la broma.

Y más gracia que un chiste le hizo el modo en que Juan se presentó y saludó, bajando la cabeza, en una lucha por mantener la gorra que justificaba su uniforme reglamentario sobre la susodicha, atrapándola en el momento justo con la boca y hablando como buenamente podía. Sí, definitivamente era fan.

Casi tanto como del artista que se presentó poco después, llamado Masami. Shin era excéntrico, le daba bastante igual presentarse si no era para presumir sus habilidades innatas, o quizás... sencillamente se le pasaba por alto, por ello decidió acompañarle con pequeñas palmas que marcaban el tempo de su melodía, sumándose a la fiesta en un baile poco profesional —Así uno navega como un verdadero rey... —confirmó, y permitió que las cosas siguiesen su flujo cuando Kuroshiro volvió a tomar el foco protagonista, ofreciendo platos de comida a todo Dios.

Escuchó el informe sobre lo que le preparó, pero fue entonces que el dúo de tortolitos (a vista de Shin, por estar medianamente juntos) le hizo darse cuenta de algo. ¿Un gigante de piel azul? Desde su posición, Hasegawa no llegaba a verlo, pero ese dato fue suficiente para que lo reconociera, porque sólo había una única persona coincidente con esa descripción, y ese era la Marea Azul.

—¿Kazan? ¿Dónde? —cuestionó, prácticamente ladeando la cabeza. Ni siquiera trató de voltear a verlo, considerando que estaban próximos a embarcar, y se tomó el tiempo para relajar a sus compañeros —No se preocupen, si es quien creo que es, ya lo vencí una vez. Sin que siquiera haya podido tocarme. —colocó ambos brazos en jarra, sacando pecho —Dejen que me encargue de él. Es un buen tipo, aunque no lo parezca... —indicó, dispuesto a cumplir con su palabra. Fue sincero, y así como le dijo la verdad a su División, también debía sincerarse consigo mismo.

Porque compartir un objetivo no lo eximía de sus crímenes, ni de la visión anarquista y caótica que le había demostrado en aquel combate. Su voluntad era férrea, y aunque le demostró que no moriría por sus ideales, también le hizo entender que quizás, su lucha, abarcaba algo más que simplemente probarle a los demás cuánto quiere conseguir aquello que enciende de fuego su corazón. Había estado esperando ese reencuentro, lastimosamente la vida tenía otros planes...

Y llegaron con el aviso general, transmitido en todo el puerto.

Dharma, Barald Kane, KuroVongola y Kazan fueron mencionados. Sin embargo, de entre todos ellos, sólo el nombre del primero resonó en su cabeza, y el semblante de Hasegawa pasó a uno completamente serio, pues a ese bastardo le atribuían asesinatos cruentos en el periódico.

Dimitri ya había subido, y Shin decidió hacer lo propio, pues las órdenes eran claras —¡Vamos a ello! Si Dharma está aquí, tengo que capturarlo. Él y su tripulación no pueden seguir haciendo de las suyas. —exclamó, repasando a los presentes uno a uno —Kael, encárgate de coordinarlas. Iré con Dimitri, si consigue acercarme lo suficiente a los barcos piratas, podré atacarlos. —confirmó, tomando la iniciativa con una seguridad enorme. La soberbia iba implícita, Hasegawa no se creía capaz de perder, y lo demostraba en cada acción que realizaba. —¡Vamos a bordo ahora! —resaltó, esperando que la Ochenta hiciese lo propio.

Decidido, eficaz y sobre todo, veloz, subió al Tempestad, barco de la División Setentaicinco, corriendo hacia la zona del timón, donde imaginaba que encontraría al Navegante. No se tardaría demasiado en colocarse en posición, justo a su derecha, observando entonces desde esa espaciosa vista el despliegue del Ferry y de otras embarcaciones a quienes debían darle caza por orden del Comandante.

—Los escuchaste, ¿verdad? —cuestionó, ni siquiera para él, que estaba dentro, eso tendría pérdida. —Veinte metros, Georgy. Sólo necesito que me acerques a alguno de esos barcos veinte metros, y si es al de Dharma, mejor que mejor. —una sonrisa soberbia, llena de ego, y sus ojos cerúleos brillando, repletos de determinación, indicaban la firmeza de sus siguientes palabras.

—Voy a cargarme a esos asesinos.

Lo que leyó en el periódico estaba clarísimo. Él y los Rakshasa debían caer, pero sobre todo aquel que se hacía llamar Dharma. Saber que todavía surgían desde los Blues piratas con semejante forma de actuar le rememoraba situaciones que aún seguía sufriendo a día de hoy. Heridas emocionales sangrantes, y el motor principal que lo estaba moviendo durante esa misión. Su ex pareja, sus amigos caídos por la crueldad desmedida, camaradas con los cuales quería pasar más tiempo, luchaba por ellos, y por ellos seguiría adelante costase lo que costase. —No me decepciones, navegante. Debemos capturarlos. —al lado de Dimitri y el timón, fijó la vista en los barcos que abandonaban el puerto, intentando identificar señales de los Rakshasa.

Era su manera de mostrarle confianza. En aquel trance, también observó a un costado, el barco de la Ochenta, pensando en que Enji, Sigrid, Juan, Akira y Masami iban a ser igual de funcionales. Todos iban a salir con vida, era su juramento personal, sin importar el costo.

Esta vez sería diferente.

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[Imagen: vEBNZb3.png]


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 1 - por Hasegawa Shin - 11-03-2026, 03:45 AM

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