11-03-2026, 09:52 AM
El anuncio llegó cuando Kazan ya no se encontraba en el muelle, si no en el ferry. En otras palabras cuando el muelle de Baquella ya era apenas una franja de madera a unos treinta metros por la popa. Kazan lo escuchó desde la barandilla de cubierta, donde se había detenido con la pipa entre los dedos y sin molestar a nadie, solamente acompañando a sus compañeras. El humo salió despacio como si Kazan lo soltara de forma deliberada al ritmo de los pensamientos que le venían. Entonces las bocinas de los den den mushi repartidos por el puerto saltaron al unisono y su nombre llegó claro.
No se movió. A su alrededor la gente empezó a hacer lo que era evidente, alejarse del mismo y mirarlo de formas ya menos disimuladas que como se mira a alguien azul de diez metros. Una mujer con sombrero de paja, dos hombres de mediana edad, un chico joven .. todos absolutamente todos se giraron para mirarle a él. Todos repasando el mismo recorrido ascendente que él llevaba décadas aprendiendo a reconocer, juiciosos y rápidos de pensamientos morales cuando se trata de categorizar al diferente como un problema. Dio otra calada, necesitaba relajarse y mantener la calma.
-Por las profundidades, qué manera de estropear una tarde tranquila ¿no?.- Lo dijo sin girarse siquiera, sabia que movimientos bruscos y rápidos empeoraría aquello con la vista todavía fija en el horizonte donde el puerto seguía encogiéndose. Luego se volvió, lentamente no con brusquedad. Sus ojos pequeños se estrecharon aun mas y recorrieron todos los rostros de los allí presentes. -Ninguno de ustedes tiene nada que temer de mí. Ese mensaje es para los uniformados de allá. A sus ojos soy un monstruo que lucha contra lo que ellos protegen, esclavitud y tiranía.- Un gesto breve de la pipa señaló vagamente hacia el puerto, donde los barcos de la Marina ya empezaban a moverse. -Ga-ha-ha-ha-ha.- La carcajada fue corta. -Y si alguno de ustedes tiene miedo de todas formas... pues bien, es comprensible. Soy muy grande, azulado y tengo cuernos. Yo también tendría miedo. Pero también fui yo quien hace ya unos días solucionó el problema del faro de Baquella.- Algunos lo recordarían ya que fue el quien soluciono el problema de la familia del faro.
Se irguió buscando a sus dos compañeras, a Seraphine la encontró primero porque sabía dónde mirar. La skypean llevaba la palidez de quien se encontraba evidentemente mal. "Necesita sentarse. Y agua." Entonces bajó la vista a Mizuki. La gyojin seguía sonriendo con esa amplitud de colmillos que él ya había aprendido a leer como señal de que algo le había llamado la atención. Recordaba perfectamente en qué dirección estaba apuntando esa sonrisa antes de subir al ferry. Hacia la cabellera blanca del marine. Peligro. Sus dedos rozaron distraídamente uno de los cuernos curvados antes de hablar.
-Escucha bien, Mizuki, por favor.- El tono no tenía reproche, solo el peso de quien ya conoce el final de la historia. -Ese que te hizo salivar en el muelle es el mismo que me mandó al fondo del mar la última vez que nos vimos. Lo digo sin vergüenza porque perder ante él fue... instructivo. No podía hacer nada- Una calada lenta y pausada -Así que si nuestros caminos se cruzan en este viaje, te pido que no le des a esa sonrisa tuya más combustible del necesario.-
Luego se agachó. Y el peso hizo de las suyas, eran quince toneladas al fin y al cabo. Quedó en cuclillas frente a Seraphine, todavía por encima de su altura pero a una distancia menor a la habitual. Sus dedos indicaron vagamente el interior del barco.
-Agua supongo que hay adentro. Antes de que ese color tuyo se ponga más blanco, que ya es decir.- Pauso para que la joven entendiera -Debes recuperarte, ahora mas que tu compañero de división te necesita.- El ferry ganaba velocidad.
No se movió. A su alrededor la gente empezó a hacer lo que era evidente, alejarse del mismo y mirarlo de formas ya menos disimuladas que como se mira a alguien azul de diez metros. Una mujer con sombrero de paja, dos hombres de mediana edad, un chico joven .. todos absolutamente todos se giraron para mirarle a él. Todos repasando el mismo recorrido ascendente que él llevaba décadas aprendiendo a reconocer, juiciosos y rápidos de pensamientos morales cuando se trata de categorizar al diferente como un problema. Dio otra calada, necesitaba relajarse y mantener la calma.
-Por las profundidades, qué manera de estropear una tarde tranquila ¿no?.- Lo dijo sin girarse siquiera, sabia que movimientos bruscos y rápidos empeoraría aquello con la vista todavía fija en el horizonte donde el puerto seguía encogiéndose. Luego se volvió, lentamente no con brusquedad. Sus ojos pequeños se estrecharon aun mas y recorrieron todos los rostros de los allí presentes. -Ninguno de ustedes tiene nada que temer de mí. Ese mensaje es para los uniformados de allá. A sus ojos soy un monstruo que lucha contra lo que ellos protegen, esclavitud y tiranía.- Un gesto breve de la pipa señaló vagamente hacia el puerto, donde los barcos de la Marina ya empezaban a moverse. -Ga-ha-ha-ha-ha.- La carcajada fue corta. -Y si alguno de ustedes tiene miedo de todas formas... pues bien, es comprensible. Soy muy grande, azulado y tengo cuernos. Yo también tendría miedo. Pero también fui yo quien hace ya unos días solucionó el problema del faro de Baquella.- Algunos lo recordarían ya que fue el quien soluciono el problema de la familia del faro.
Se irguió buscando a sus dos compañeras, a Seraphine la encontró primero porque sabía dónde mirar. La skypean llevaba la palidez de quien se encontraba evidentemente mal. "Necesita sentarse. Y agua." Entonces bajó la vista a Mizuki. La gyojin seguía sonriendo con esa amplitud de colmillos que él ya había aprendido a leer como señal de que algo le había llamado la atención. Recordaba perfectamente en qué dirección estaba apuntando esa sonrisa antes de subir al ferry. Hacia la cabellera blanca del marine. Peligro. Sus dedos rozaron distraídamente uno de los cuernos curvados antes de hablar.
-Escucha bien, Mizuki, por favor.- El tono no tenía reproche, solo el peso de quien ya conoce el final de la historia. -Ese que te hizo salivar en el muelle es el mismo que me mandó al fondo del mar la última vez que nos vimos. Lo digo sin vergüenza porque perder ante él fue... instructivo. No podía hacer nada- Una calada lenta y pausada -Así que si nuestros caminos se cruzan en este viaje, te pido que no le des a esa sonrisa tuya más combustible del necesario.-
Luego se agachó. Y el peso hizo de las suyas, eran quince toneladas al fin y al cabo. Quedó en cuclillas frente a Seraphine, todavía por encima de su altura pero a una distancia menor a la habitual. Sus dedos indicaron vagamente el interior del barco.
-Agua supongo que hay adentro. Antes de que ese color tuyo se ponga más blanco, que ya es decir.- Pauso para que la joven entendiera -Debes recuperarte, ahora mas que tu compañero de división te necesita.- El ferry ganaba velocidad.
Resumen
Inventario
Karmas
