11-03-2026, 11:05 AM
(Última modificación: 11-03-2026, 11:54 AM por Ryota Miyamoto.)
Uno a uno, los miembros de la banda Hanu Māhana tomaron la palabra, expresando sus deseos, intenciones e incluso algunos desganos respecto al New Era Joy Park. Todos coincidieron en un mismo sentir: el deseo individual de divertirse en las atracciones, avanzar hacia cabos gemelos y continuar su travesía tras una gran, divertida y, ojalá, refrescante tarde.
Todos ellos representaban al pie de la letra los deseos del castaño cuando quiso formar una tripulación. Aquel anhelo se volvió realidad cuando logró reunir a un grupo de egoístas con la valentía suficiente para ir tras lo que deseaban, sin importar qué tan lejos tuvieran que llegar o qué tan loco fuera el viaje al que se aventuraban.
“Sí, así es como debe ser.” Sonrió para sí, al tiempo que Tezca, Yuuki, Barald, Runin y Wyatt interactuaban entre sí sobre la primera atracción a la que se aventurarían en el parque de diversiones. Lo que para muchos fuera ruido, para él era armonía, la que solo el caos podía generar.
Ya fuera riéndose, animándose unos a otros o sintiendo la confianza de burlarse entre ellos por algo tan simple como sorprenderse al ver a un gigante de diez metros, la tripulación ya tenía algo que muchas otras pasaban su vida buscando, química.
Tras el abordaje, quien recibió su apuesta fue Yuuki. La mujer de hebras sonrosadas y varios centímetros más alta.
Royta guardó silencio, observando la expresión de Tezca cuando el anciano no hizo el mínimo gesto de asombro al escuchar su nombre. Tuvo que contenerse para no comenzar a reír y ascender junto con ellos después de que el rubio expresara su malestar. “Kekeke entiende al viejo bro, capaz no presta atención a esas cosas.” Reía conforme ascendían por la plataforma, aferrándose a la manga del pequeño morral que llevaba a la espalda y donde portaba sus cosas.
“Me debes 20 mil Yuu.” Susurro a la mujer en una breve pausa en medio de sus risas, pues si ya fue divertido que no atinara con Tezca, era hilarante que no diera con ninguna de sus predicciones.
Ya en la cubierta, junto a la barandilla con vista al puerto, uno a uno fueron llegando con el pequeño grupo.
A los tres, siguió Barald junto con Runin y Cardan, el primero se acomodó al lado del castaño, quizás por la vista y la segunda movió los labios consiguiendo robarle una sonrisa. “Al fin”, respondió a ella sin emitir sonido alguno.
Los siguientes fueron Wyatt y Tocho Morocho, quienes parecían estar algo agobiados por el número de personas. “¡Oye!, ¡tráelo con nosotros!, ¡si nos ponen problema pagaremos un poco más para que no lo metan en una bodega!” Gritó Ryota cuando los vio subir por la pasarela. Un amante de los animales jamás permitiría que sus amigos cuadrúpedos o rastreros anduvieran en una fría prisión, ni Tocho Morocho ni Cardan debían pasar por algo como eso. Aunque ese último ya lo hubiese cambiado por Barald.
Cuando todos estuvieron reunidos sobre la cubierta y el sonido de la campana vibró por todo el lugar, anunciando el inicio del viaje, Ryota estuvo a punto de tomar la palabra. Sin embargo, su atención fue robada por los distintos den den mushis de megafonía repartidos por el pueblo.
Primero fue el sonido de la estática, lo que hizo que el castaño se desviara hacia el puerto. Luego vino el anuncio claro para sus oídos: la marina daba la alerta de presencia criminal en el área y entre los nombres figuraba el de Barald.
Ahora, una orden de búsqueda y captura comenzaba a movilizar a los marinos en el puerto, mientras que el ferry se llenaba de murmullos de civiles angustiados por su seguridad.
La tensión se palpó en el aire al compás de las botas que se movilizaban por el puerto, mientras el ferry ya avanzaba sobre el agua. "Por si no lo escucharon, la marina acaba de lanzar un comunicado para la búsqueda y captura de varios piratas de renombre junto a nuestro buen Barald."

“Qué loco, uno ya no puede andar tranquilo por la confiable baquella sin que criminales sádicos anden sueltos… esta isla ya no es lo que era.”
Expreso en completa serenidad con su característico humor, buscando arruinar la más mínima tensión que cualquiera de sus compañeros pudiera tener, mientras inflaba su bomba de chicle.
“Ya escuchaste, Bro” Se refirió a Barald. “Eres un criminal famoso…” Sonrió, quitándose la gorra para arrojarla al mar y peinar sus cabellos hacia atrás con la izquierda, pues mantenerse oculto ya no importaba tanto. “Felicidades.” Su diestra se posó sobre el hombro del espadachín negro en un gesto apreciativo. Era todo un logro ser anunciado de esa manera ante tantas personas.
“Kekekeke ¡Vamos a felicitar a esta celebridad que nos opacó a todos!” El gesto suave se convirtió en un agarre de gancho por el cuello, un gesto infantil que demostraba su cercanía y envidia en ese momento. “Aun así nada cambia.” Lo soltó para que los demás pudieran felicitarlo a su manera.
“Iremos al New Era Joy Park, y montaremos en la montaña rusa,” sentenció confiado en sus palabras.

“Molere a golpes, a quien trate de impedirlo.”
Lo consiguiera o no, poco importaba. Ya se encontraban en un gigantesco ferry capaz de transportar a un hombre de diez metros; poco podía hacerse para regresar o escapar. De ahora en más solo quedaba por delante una aventura sin precedentes. Su meta era llegar al parque de atracciones y luego adentrarse en el mar, donde los sueños se cumplen. Si debía atravesar una barrera de marines, lo haría con gusto, después de todo era un pirata, tarde o temprano tendría que hacerlo, ¿no?
En ese momento, cuando el puerto comenzara a encogerse, la gran voz amable del gigante azul de diez metros se escuchó sobre los presentes. Era imposible de ignorar, es decir, media diez fuking metros. El gigante llamó a la calma de los civiles en el barco, buscando ganarse su confianza para que no perdieran la compostura. Un acto noble Pero que el de ojos color miel, vio innecesario, al no saber si ellos consiguieron escuchar el anuncio de la marina.
Ryota desvío su atención a sus compañeros, ya que aunque hubieran escuchado a él no le importaba si los reconocían o temían, después de todo, eran piratas, los villanos de la historia y estaba bien con eso. "En ese caso, disfrutemos del Ferry mientras inicia la fiesta, ¿Quien quiere ver si hay buffett?"
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