11-03-2026, 08:48 PM
Hacía poco que había regresado de Isla del Kárate, fue una ausencia corta pero que de igual manera resultó nostálgica, y no era para menos, varios meses habían pasado desde que llegué aquí a comenzar de forma oficial a trabajar bajo el mando del cuartel de la Marina, que se erguía con orgullo sobre los acantilados para poder ver así todo el pueblo y las aguas que lo rodean.
Tras desayunar con mis compañeros en la cantina, pensé en que debería aprovechar el día libre que tenía por delante. La realidad era que había descuidado mis funciones como manitas de la división, me había centrado mucho en hacerme más fuerte pero tenía un rol que cumplir para ayudar a mis amigos, si bien no tenía cosas pendientes que ir haciendo, era mi deber estar siempre preparado, aportar ideas, probar cosas nuevas… Tenía un grupo muy diverso y extravagante al que apoyar con mis inventos, y si bien eso hacía más difícil mi trabajo, también lo hacía más emocionante.
Con esto en la cabeza salí del cuartel, con mi uniforme de siempre, listo para ir a la herrería más cercana a conseguir algo de suministros. No salí con una idea clara de que debía comprar, pero nunca estaba de más darse una vuelta por el pueblo mientras le daba vueltas, tenía el día libre, así que no había prisa.
Al andar por el pueblo el cargado ambiente del verano se hacía notar, las calles principales estaban casi vacías y la gente evitaba el sol dentro de lo posible, acechando desde las sombras como si de vampiros se tratasen. Por fortuna yo tenía mi gorra, que me resguardaba de las inclemencias del tiempo, mientras andaba tarareando las canciones de Masami me la reajustaba a cada rato para poder cerciorarme de lo bien colocada que la tenía.
Si bien las calles principales no estaban tan concurridas debido al calor, la verdad era que la isla se encontraba llena de vida, demasiada vida, por lo visto cientos de personas habían ido desembarcando con el paso de los días para subir a un ferry que saldría pronto. —¿Cuánto costará?— La verdad era que tenía malas experiencias con los precios de los cruceros, organizados por ricachones para sangrar a la gente de apie, esos malditos avaros, al nivel de los piratas si me preguntabas…
Tras dar una pequeña vuelta por los alrededores del pueblo y ayudar a algunos vecinos con sus problemas cotidianos, finalmente llegué a la herrería, una tienda con una sala de espera espaciosa que emanaba un agradable olor a hierro y cuero, y que tenía numerosas armas y utensilios de demostración colgados por la pared y exhibidos en vitrinas donde se supone que debería de estar el dueño. A juzgar por los martillazos que salían de una sala interior, el dueño debía de estar atareado, por lo que tomé uno de los asientos y me senté a esperar, no sin antes coger uno de los guantes que tenía en un lado y empezar a examinarlos. —Quizá si a un guante por aquí le pogo…—
Mientras hacía tiempo pensando en modificaciones para un guante, mis pensamientos se vieron interrumpidos por el crujido de la vieja puerta, que se abría dejando entrar a un gyojin de aspecto serio, cojo y que llevaba un tridente en la mano —¡Buenas amigo! Como puedes ver el dueño parece estar atareado ¡Ese viejo no sabe hacer otra cosa que no sea trabajar! Jajajaja— Mi reacción al verle fue completamente abierta y despreocupada, haciendo gala de mi simpatía natural. Si bien era imposible no fijarse en su pierna amputada, mentiría si dijese que no había visto cosas peores trabajando en la Marina o incluso de pequeño, viendo a los trabajadores del puerto que habían sufrido accidentes en sus peligrosos trabajos.
—Hablo—
—Pienso—
Tras desayunar con mis compañeros en la cantina, pensé en que debería aprovechar el día libre que tenía por delante. La realidad era que había descuidado mis funciones como manitas de la división, me había centrado mucho en hacerme más fuerte pero tenía un rol que cumplir para ayudar a mis amigos, si bien no tenía cosas pendientes que ir haciendo, era mi deber estar siempre preparado, aportar ideas, probar cosas nuevas… Tenía un grupo muy diverso y extravagante al que apoyar con mis inventos, y si bien eso hacía más difícil mi trabajo, también lo hacía más emocionante.
Con esto en la cabeza salí del cuartel, con mi uniforme de siempre, listo para ir a la herrería más cercana a conseguir algo de suministros. No salí con una idea clara de que debía comprar, pero nunca estaba de más darse una vuelta por el pueblo mientras le daba vueltas, tenía el día libre, así que no había prisa.
Al andar por el pueblo el cargado ambiente del verano se hacía notar, las calles principales estaban casi vacías y la gente evitaba el sol dentro de lo posible, acechando desde las sombras como si de vampiros se tratasen. Por fortuna yo tenía mi gorra, que me resguardaba de las inclemencias del tiempo, mientras andaba tarareando las canciones de Masami me la reajustaba a cada rato para poder cerciorarme de lo bien colocada que la tenía.
Si bien las calles principales no estaban tan concurridas debido al calor, la verdad era que la isla se encontraba llena de vida, demasiada vida, por lo visto cientos de personas habían ido desembarcando con el paso de los días para subir a un ferry que saldría pronto. —¿Cuánto costará?— La verdad era que tenía malas experiencias con los precios de los cruceros, organizados por ricachones para sangrar a la gente de apie, esos malditos avaros, al nivel de los piratas si me preguntabas…
Tras dar una pequeña vuelta por los alrededores del pueblo y ayudar a algunos vecinos con sus problemas cotidianos, finalmente llegué a la herrería, una tienda con una sala de espera espaciosa que emanaba un agradable olor a hierro y cuero, y que tenía numerosas armas y utensilios de demostración colgados por la pared y exhibidos en vitrinas donde se supone que debería de estar el dueño. A juzgar por los martillazos que salían de una sala interior, el dueño debía de estar atareado, por lo que tomé uno de los asientos y me senté a esperar, no sin antes coger uno de los guantes que tenía en un lado y empezar a examinarlos. —Quizá si a un guante por aquí le pogo…—
Mientras hacía tiempo pensando en modificaciones para un guante, mis pensamientos se vieron interrumpidos por el crujido de la vieja puerta, que se abría dejando entrar a un gyojin de aspecto serio, cojo y que llevaba un tridente en la mano —¡Buenas amigo! Como puedes ver el dueño parece estar atareado ¡Ese viejo no sabe hacer otra cosa que no sea trabajar! Jajajaja— Mi reacción al verle fue completamente abierta y despreocupada, haciendo gala de mi simpatía natural. Si bien era imposible no fijarse en su pierna amputada, mentiría si dijese que no había visto cosas peores trabajando en la Marina o incluso de pequeño, viendo a los trabajadores del puerto que habían sufrido accidentes en sus peligrosos trabajos.
—Hablo—
—Pienso—

![[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]](https://i.ibb.co/DX21hrt/Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg)
