[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 1
#42
La calma guiaban los pasos del lunarian, el estrés por estar rodeado de tanta gente guiaba la mente. Hizo lo que pudo por apartarse de algunas de aquellas personas a quienes esquivaba o al menos lo intentaba con todo su ser, pues su tamaño inhumano y aquellos dos apéndices que llevaba en la espalda eran cuanto menos, un bulto significativo. A cada segundo que pasaba sobre la tarima del navío sentía que el traqueteo de pasos se hacía cada vez más constante y consistente. El moreno miraba de vez en cuando por el rabillo del ojo hacia detrás, pero al parecer no con la suficientemente asiduidad, pues sentiría una punzada.

Los músculos se contrajeron por un momento, por la sorpresa. No solo había sido una punzada física, también a su corazón. Intentó apoyar la mano sobre el mango de la katana con la mayor naturalidad, no necesitaba iniciar una pelea allí mismo y, de igual manera, el solo desenvainar su arma allí sería complicado al estar rodeado de tantos obstáculos. Se giró con la tranquilidad con la que siempre se emitía su voz, una calma casi perpetua. Miró a la altura de sus ojos pero no vio al contrario hasta que, finalmente, bajó el mentón y entonces lo vio. A su vera, aquel hombre de pelo ennegrecido, que portaba también una katana. Aquel con quien no había tenido el mejor de los inicios en aquel día borroso en Samba. - Tú. - Se limitó a decir, siquiera necesitaba llamarlo por su nombre. - Al fin te encuentro. Eres como una rata sin hambre - Dejó caer ligeramente sus párpados, escaneándolo de arriba abajo. - Llevo demasiados días buscándote por todo Samba y Baterilla - Mencionó mientras que miraba su mano, adoptando una actitud casi pensativa. Intentaba recordar parte de aquellos protocolos sociales que usaba la gente. 

Finalmente, y muy seguro de ello, alzó ligeramente la mano, ofreciéndole un apretón con casi ninguna presión. No quería hacerlo mal.

Intentando concentrarse en no destrozar la mano de aquel al que había prometido seguir, casi omite la vocecilla que se dirige a los dos. Alek giró su rostro con una lentitud anormal y quedó mirando casi desde el rabillo del ojo. Una mujer, aquella cabellera naranja refulgía como una luz en mitad de una noche cerrada. - ¿Quiere algo? - Mentó por un instante sin apartar su mirada de la joven. - ¿Nosotros? - Cruzó la mirada con Cill de nuevo. - Tres palmos - Dejó su mirada fija en Cill. - Dos palmos - Cambió su mirada a Miyori. - ¿Lo siguiente será un tontatta? - Había cierto aire de socarronería en sus palabras, pero su tono de voz era incapaz de transmitir aquello. - Soy Alek - Sentenció impasible. - Ya había prometido seguirlo, así que los acompañaré - Recuperó la postura. - ¿Decirle adiós al puerto? - Pensó por un instante, sintiendo que aquello era la cosa más estúpida que podía hacer, pero si aquello era una costumbre más lo intentaría. El moreno sabía de sobra que no tenía mucha mano con la naturalidad de las relaciones y costumbres, por eso se esforzaba en seguirlas. Persiguió a la mujer hasta el límite que separaba el navío del mar, aquella barandilla que para él no era muy funcional, pero que perfectamente podía cubrir la caída de un humano normal. 

Allí se plantó y, con algo de inseguridad y sintiéndose un poco tonto, levantó la mano, casi disimulándola, al mismo tiempo que la violinista para zarandear su mano ligeramente y, con ello, despedirse del puerto. 

- Yo se algo de... - Sus palabras se detuvieron abruptamente, necesitó concentrarse por un instante en algo que había llamado su atención. Algo como una estática que molestaba a sus oídos.

La megafonía de la isla se había activado repentinamente y entonces lo escuchó. - Un mensaje de la marina - Interrumpió. Intentó susurrar inútilmente, aunque tampoco lo gritaría, simplemente no podía ninguna de las dos cosas. - Están buscando a varias personas. Parece que van a haber muchas distracciones en el parque. Una batalla campal - Aclaró. - Creo...que esto es todo un montaje para capturar a gente con recompensa. Dharma, Barald, Kuro, Kazan, entre otros - Frunció el ceño. - Esos han dicho - A veces aquel oído fino le venía bien para enterarse de cosas que no debería. - Habrá que tener cuidado - Miró a Cill directamente, puesto que ya sabía que tenía una recompensa por su cabeza en cuanto leyó el periódico.


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 1 - por Alek - 11-03-2026, 08:51 PM

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