11-03-2026, 10:11 PM
El ferry ya se había separado del puerto cuando el sonido de los den den mushi comenzó a extenderse por el aire. Primero fue un zumbido de estática que recorrió la cubierta y, unos segundos después, la voz amplificada se escuchó con claridad suficiente para que nadie pudiera ignorarla. El mensaje mencionaba varios nombres. Entre ellos estaba el mío.
Durante un instante permanecí quieto junto a la barandilla, con la mirada fija en el horizonte. El viento del mar movía ligeramente mi ropa mientras el barco seguía avanzando, alejándose cada vez más de la costa de Baquella. A mi alrededor el ambiente cambió de forma casi inmediata. Las conversaciones se apagaron, algunas personas comenzaron a susurrar entre ellas y otras simplemente guardaron silencio mientras miraban en distintas direcciones, tratando de identificar a los nombres que acababan de escuchar.
No tardé en notar varias miradas posándose cerca de donde yo estaba. Algunas eran rápidas, curiosas; otras se quedaban un poco más de lo normal. No era extraño. Cuando un anuncio como ese se hacía público, la gente empezaba a observar con más atención a cualquiera que pareciera mínimamente sospechoso.
—Genial... justo lo que faltaba.—
Exhalé lentamente y aparté los brazos de la barandilla. No tenía ningún interés en quedarme allí mientras la curiosidad de los pasajeros empezaba a crecer. Llamar la atención en ese momento solo complicaría las cosas, y lo último que necesitaba era provocar una escena innecesaria en medio de la cubierta. Comencé a caminar con aparente tranquilidad entre los pasajeros, como si el anuncio no tuviera absolutamente nada que ver conmigo. Algunas personas seguían mirando hacia distintos puntos del barco, intentando localizar a los individuos mencionados por la Marina. Otras simplemente se apartaban ligeramente de cualquiera que les pareciera mínimamente sospechoso.
—Bueno, esto se pondrá problemático.—
Mantuve el paso constante mientras me dirigía hacia el interior del ferry. La estructura metálica del barco vibraba suavemente bajo mis pies mientras avanzaba por los pasillos. A medida que me alejaba de la cubierta principal el ruido del mar y de la multitud fue quedando atrás, sustituido por un ambiente más tranquilo.
Mi intención era simple: llegar al camarote, cerrar la puerta y esperar a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos.
El problema era que, como me ocurría con demasiada frecuencia, mi sentido de la orientación no estaba exactamente de mi lado. Al principio no me preocupé demasiado. Seguí caminando por uno de los pasillos interiores del ferry convencido de que recordaba perfectamente el camino. Giré en una esquina, luego en otra, atravesé un pequeño corredor lleno de puertas idénticas y continué avanzando con seguridad. Unos minutos después empecé a tener la sensación incómoda de que algo no cuadraba. Las paredes eran iguales en todas partes. Las lámparas colgaban a la misma distancia unas de otras y las puertas se repetían en una sucesión casi interminable. Durante unos segundos me detuve, mirando a mi alrededor con una ligera expresión de duda.
—Un momento, esto no me suena.—
Decidí seguir avanzando. Al fin y al cabo, el camarote no podía estar tan lejos. Sin embargo, tras varios minutos más caminando por distintos pasillos empecé a aceptar una posibilidad bastante evidente. Me había perdido.
Solté un suspiro mientras seguía caminando. En algún momento había tomado un giro equivocado y ahora estaba atrapado en una especie de laberinto de pasillos idénticos. Durante un buen rato seguí intentando orientarme por mi cuenta, girando en distintas esquinas y tratando de recordar por dónde había venido. El resultado fue exactamente el que cualquiera podría esperar de alguien con mi historial de orientación. Tardé cerca de una hora en encontrar el camino correcto. Por suerte, en algún punto de ese recorrido interminable me crucé con un camarero del ferry que se encontraba trabajando en la zona de camarotes. Sin decir demasiado, le indiqué el número de la habitación que estaba buscando. El hombre me señaló la dirección correcta con absoluta normalidad y continuó con su trabajo sin mostrar ninguna reacción extraña.
Por la forma en que actuó era bastante evidente que no había escuchado el anuncio, o al menos no lo había relacionado conmigo. Si lo hubiera hecho probablemente su actitud habría sido muy diferente. Seguí las indicaciones que me había dado y finalmente llegué al pasillo correcto. Esta vez reconocí algunos detalles del entorno y supe que estaba cerca. Al cabo de unos pasos más encontré la puerta del camarote.
Me detuve frente a ella durante unos segundos antes de abrir. Mientras giraba el pomo, mi mente volvió brevemente al anuncio que había resonado en todo el puerto. Entre los nombres mencionados también estaban los de otros criminales conocidos. Algunos de ellos tenían recompensas considerablemente más altas que la mía, lo que significaba que, si la Marina estaba organizando una persecución seria, era muy probable que concentraran la mayor parte de su atención en ellos.
—Con un poco de suerte, estarán demasiado ocupados con ellos como para preocuparse demasiado por mí.—
Abrí la puerta y entré al camarote. El interior estaba en silencio. La habitación era pequeña, pero suficiente para lo que necesitaba. Cerré la puerta detrás de mí y dejé que el sonido del pasillo desapareciera lentamente al otro lado. Durante unos segundos permanecí quieto, observando el espacio. Me acerqué a la pequeña mesa del camarote y apoyé una mano sobre la superficie de madera.
Respiré con calma y dejé que mis pensamientos se ordenaran. Si algo ocurría en ese ferry, tendría que estar preparado para reaccionar. No importaba si se trataba de marines, piratas o cualquier otra complicación inesperada. Apoyé la espalda contra la pared y cerré los ojos un instante.
—Pase lo que pase… estaré preparado para ello.—
Durante un instante permanecí quieto junto a la barandilla, con la mirada fija en el horizonte. El viento del mar movía ligeramente mi ropa mientras el barco seguía avanzando, alejándose cada vez más de la costa de Baquella. A mi alrededor el ambiente cambió de forma casi inmediata. Las conversaciones se apagaron, algunas personas comenzaron a susurrar entre ellas y otras simplemente guardaron silencio mientras miraban en distintas direcciones, tratando de identificar a los nombres que acababan de escuchar.
No tardé en notar varias miradas posándose cerca de donde yo estaba. Algunas eran rápidas, curiosas; otras se quedaban un poco más de lo normal. No era extraño. Cuando un anuncio como ese se hacía público, la gente empezaba a observar con más atención a cualquiera que pareciera mínimamente sospechoso.
—Genial... justo lo que faltaba.—
Exhalé lentamente y aparté los brazos de la barandilla. No tenía ningún interés en quedarme allí mientras la curiosidad de los pasajeros empezaba a crecer. Llamar la atención en ese momento solo complicaría las cosas, y lo último que necesitaba era provocar una escena innecesaria en medio de la cubierta. Comencé a caminar con aparente tranquilidad entre los pasajeros, como si el anuncio no tuviera absolutamente nada que ver conmigo. Algunas personas seguían mirando hacia distintos puntos del barco, intentando localizar a los individuos mencionados por la Marina. Otras simplemente se apartaban ligeramente de cualquiera que les pareciera mínimamente sospechoso.
—Bueno, esto se pondrá problemático.—
Mantuve el paso constante mientras me dirigía hacia el interior del ferry. La estructura metálica del barco vibraba suavemente bajo mis pies mientras avanzaba por los pasillos. A medida que me alejaba de la cubierta principal el ruido del mar y de la multitud fue quedando atrás, sustituido por un ambiente más tranquilo.
Mi intención era simple: llegar al camarote, cerrar la puerta y esperar a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos.
El problema era que, como me ocurría con demasiada frecuencia, mi sentido de la orientación no estaba exactamente de mi lado. Al principio no me preocupé demasiado. Seguí caminando por uno de los pasillos interiores del ferry convencido de que recordaba perfectamente el camino. Giré en una esquina, luego en otra, atravesé un pequeño corredor lleno de puertas idénticas y continué avanzando con seguridad. Unos minutos después empecé a tener la sensación incómoda de que algo no cuadraba. Las paredes eran iguales en todas partes. Las lámparas colgaban a la misma distancia unas de otras y las puertas se repetían en una sucesión casi interminable. Durante unos segundos me detuve, mirando a mi alrededor con una ligera expresión de duda.
—Un momento, esto no me suena.—
Decidí seguir avanzando. Al fin y al cabo, el camarote no podía estar tan lejos. Sin embargo, tras varios minutos más caminando por distintos pasillos empecé a aceptar una posibilidad bastante evidente. Me había perdido.
Solté un suspiro mientras seguía caminando. En algún momento había tomado un giro equivocado y ahora estaba atrapado en una especie de laberinto de pasillos idénticos. Durante un buen rato seguí intentando orientarme por mi cuenta, girando en distintas esquinas y tratando de recordar por dónde había venido. El resultado fue exactamente el que cualquiera podría esperar de alguien con mi historial de orientación. Tardé cerca de una hora en encontrar el camino correcto. Por suerte, en algún punto de ese recorrido interminable me crucé con un camarero del ferry que se encontraba trabajando en la zona de camarotes. Sin decir demasiado, le indiqué el número de la habitación que estaba buscando. El hombre me señaló la dirección correcta con absoluta normalidad y continuó con su trabajo sin mostrar ninguna reacción extraña.
Por la forma en que actuó era bastante evidente que no había escuchado el anuncio, o al menos no lo había relacionado conmigo. Si lo hubiera hecho probablemente su actitud habría sido muy diferente. Seguí las indicaciones que me había dado y finalmente llegué al pasillo correcto. Esta vez reconocí algunos detalles del entorno y supe que estaba cerca. Al cabo de unos pasos más encontré la puerta del camarote.
Me detuve frente a ella durante unos segundos antes de abrir. Mientras giraba el pomo, mi mente volvió brevemente al anuncio que había resonado en todo el puerto. Entre los nombres mencionados también estaban los de otros criminales conocidos. Algunos de ellos tenían recompensas considerablemente más altas que la mía, lo que significaba que, si la Marina estaba organizando una persecución seria, era muy probable que concentraran la mayor parte de su atención en ellos.
—Con un poco de suerte, estarán demasiado ocupados con ellos como para preocuparse demasiado por mí.—
Abrí la puerta y entré al camarote. El interior estaba en silencio. La habitación era pequeña, pero suficiente para lo que necesitaba. Cerré la puerta detrás de mí y dejé que el sonido del pasillo desapareciera lentamente al otro lado. Durante unos segundos permanecí quieto, observando el espacio. Me acerqué a la pequeña mesa del camarote y apoyé una mano sobre la superficie de madera.
Respiré con calma y dejé que mis pensamientos se ordenaran. Si algo ocurría en ese ferry, tendría que estar preparado para reaccionar. No importaba si se trataba de marines, piratas o cualquier otra complicación inesperada. Apoyé la espalda contra la pared y cerré los ojos un instante.
—Pase lo que pase… estaré preparado para ello.—
OFF
