Moja no apartó la mirada del hombre del bigote ni un solo instante después de que su técnica hubiese atravesado el aire sin tocarlo. Sus flechas vectoriales habían cruzado el punto exacto donde segundos antes se encontraba el traidor, y aun así el espacio había quedado vacío, cortado únicamente por el eco de la velocidad con la que aquel sujeto se había apartado. El mink percibió inmediatamente que no se trataba de simple agilidad. Aquella evasión había sido limpia, anticipada, como si el hombre hubiese leído la intención de cada movimiento antes de que este existiera realmente. Cuando Wasow habló, presentándose con aquella mezcla de ironía y despreocupación, Moja permaneció inmóvil durante los primeros segundos, escuchando cada palabra sin responder. No había rabia visible en su rostro, pero sí una tensión silenciosa que endurecía sus facciones cuando el traidor confesó lo ocurrido con la División 86. A diferencia de Kibai, que reaccionó con una furia evidente, Moja no mostró explosión alguna. Solo apretó ligeramente los puños dentro de sus guantes mientras sus ojos seguían la figura que se alejaba montado en el dinosaurio.
-Así que fue él…- murmuró finalmente con voz baja, lo suficiente para que solo sus compañeros cercanos pudieran escucharlo.
No intentó perseguirlo cuando desapareció entre la salida de la cueva. Sabía que el camino estaba cerrado por las criaturas que quedaban y que precipitarse sería exactamente lo que el traidor esperaba. Cuando los dinosaurios restantes se tensaron y comenzaron a moverse con aquella agresividad creciente, Moja ya estaba preparado. El Electro seguía recorriendo su cuerpo, visible en pequeñas chispas azuladas que saltaban por su pelaje y sus brazos, haciendo que cada movimiento suyo pareciera cargado de una electricidad viva. Sus reflejos seguían amplificados y su cuerpo ligero, preparado para responder sin pausa.
Cuando el grupo de siete dinosaurios que había quedado tras la embestida de Kibai se reorganizó y cuatro de ellos se giraron hacia él, Moja no retrocedió. Dio un paso adelante, bajando ligeramente el centro de gravedad mientras el primer saurio abría las mandíbulas intentando atraparlo. El mink se movió con una velocidad casi imposible de seguir para un ojo humano. Utilizó una de sus flechas vectoriales como punto de impulso, proyectándose lateralmente y apareciendo a la altura del cuello de la criatura en un solo salto. Su puño, envuelto en electricidad, impactó con una fuerza brutal justo bajo la mandíbula del animal, y el golpe liberó una descarga de Electro que recorrió el cuerpo del dinosaurio como un latigazo azul, dejándolo rígido antes de desplomarse contra el suelo rocoso.
Los otros tres reaccionaron al instante, rugiendo al unísono y abalanzándose desde distintos ángulos. Moja no se quedó quieto ni un segundo. Creó dos flechas vectoriales adicionales en el aire y las utilizó como plataformas sucesivas para desplazarse con velocidad creciente entre las criaturas. El segundo dinosaurio intentó morderlo desde un costado, pero Moja giró en pleno salto y descargó una patada cargada de electricidad en la base de su cuello, rompiendo el equilibrio del animal y rematándolo con un puñetazo directo al cráneo cuando cayó de lado.
El tercero y el cuarto llegaron casi al mismo tiempo. Moja los dejó acercarse lo justo antes de proyectar ambas flechas vectoriales hacia adelante. Las trayectorias cruzadas impactaron contra el torso de uno de los dos reptiles, atravesando escamas y músculo con un golpe seco que los hizo chocar entre sí antes de caer pesadamente. Contra el cuarto Moja lo golpeó con ambos puños en el pecho en cuanto lo tuvo cerca. Esto hizo que salieran volando hacia la posición de Stroud, el cual se estaba encargando de los tres que quedaban.
Cuando el polvo comenzó a asentarse, Moja permaneció en pie en medio de los cuerpos caídos, el Electro todavía chisporroteando suavemente sobre su pelaje. Sus ojos se alzaron hacia la salida por donde Wasow había desaparecido. Luego giró el rostro hacia sus compañeros, evaluando rápidamente su estado.
-Así que fue él…- murmuró finalmente con voz baja, lo suficiente para que solo sus compañeros cercanos pudieran escucharlo.
No intentó perseguirlo cuando desapareció entre la salida de la cueva. Sabía que el camino estaba cerrado por las criaturas que quedaban y que precipitarse sería exactamente lo que el traidor esperaba. Cuando los dinosaurios restantes se tensaron y comenzaron a moverse con aquella agresividad creciente, Moja ya estaba preparado. El Electro seguía recorriendo su cuerpo, visible en pequeñas chispas azuladas que saltaban por su pelaje y sus brazos, haciendo que cada movimiento suyo pareciera cargado de una electricidad viva. Sus reflejos seguían amplificados y su cuerpo ligero, preparado para responder sin pausa.
Cuando el grupo de siete dinosaurios que había quedado tras la embestida de Kibai se reorganizó y cuatro de ellos se giraron hacia él, Moja no retrocedió. Dio un paso adelante, bajando ligeramente el centro de gravedad mientras el primer saurio abría las mandíbulas intentando atraparlo. El mink se movió con una velocidad casi imposible de seguir para un ojo humano. Utilizó una de sus flechas vectoriales como punto de impulso, proyectándose lateralmente y apareciendo a la altura del cuello de la criatura en un solo salto. Su puño, envuelto en electricidad, impactó con una fuerza brutal justo bajo la mandíbula del animal, y el golpe liberó una descarga de Electro que recorrió el cuerpo del dinosaurio como un latigazo azul, dejándolo rígido antes de desplomarse contra el suelo rocoso.
Los otros tres reaccionaron al instante, rugiendo al unísono y abalanzándose desde distintos ángulos. Moja no se quedó quieto ni un segundo. Creó dos flechas vectoriales adicionales en el aire y las utilizó como plataformas sucesivas para desplazarse con velocidad creciente entre las criaturas. El segundo dinosaurio intentó morderlo desde un costado, pero Moja giró en pleno salto y descargó una patada cargada de electricidad en la base de su cuello, rompiendo el equilibrio del animal y rematándolo con un puñetazo directo al cráneo cuando cayó de lado.
El tercero y el cuarto llegaron casi al mismo tiempo. Moja los dejó acercarse lo justo antes de proyectar ambas flechas vectoriales hacia adelante. Las trayectorias cruzadas impactaron contra el torso de uno de los dos reptiles, atravesando escamas y músculo con un golpe seco que los hizo chocar entre sí antes de caer pesadamente. Contra el cuarto Moja lo golpeó con ambos puños en el pecho en cuanto lo tuvo cerca. Esto hizo que salieran volando hacia la posición de Stroud, el cual se estaba encargando de los tres que quedaban.
Cuando el polvo comenzó a asentarse, Moja permaneció en pie en medio de los cuerpos caídos, el Electro todavía chisporroteando suavemente sobre su pelaje. Sus ojos se alzaron hacia la salida por donde Wasow había desaparecido. Luego giró el rostro hacia sus compañeros, evaluando rápidamente su estado.
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