El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto]
#44
Stroud se detuvo en seco, después de intentar lanzar el par de golpes que, había calculado, serían suficientes para, como mínimo, medir a su rival. El plan había sido ideal: sus golpes bastarían para noquear a un rival menos competente, y, en caso contrario, para contribuir a abrumarlo, sumado en la combinación completa que había ejecutado la División, funcionando como la maquinaria bien engrasada de un reloj. El Marine jamás se había cruzado con nadie, sin embargo, capaz de anticipar un ataque como aquel, y mucho menos alguien con la potencia suficiente como para moverse a aquella velocidad. Ni siquiera se había dado cuenta, hasta frenar en seco, casi derrapando al acompañar en peso de sus propio golpes, de cuánto se había alejado aquel tipo, que los contemplaba con más divertimento que otra cosa. ¿Que aún les faltaba? ¿Quién era aquel tipo?

Contempló, con ojos entornados, cómo enarbolaba su espada con ligereza, su hoja resplandeciendo bajo la luz que se filtraba hacia el interior de la cueva. No se inmutó cuando silbó, aunque no le fue sencillo resistir el impulso de taparse los oídos, y no se extrañó en demasía cuando vio llegar a las criaturas desde los lados tras la llamada del espadachín. Había sospechado que, sumado a los rastros de pelea del campamento, la aparición de las bestias había sido muy conveniente, enormemente oportuna, pero la evidencia había sido circunstancial. Ahora, sin embargo, todo encajaba sin dejar lugar a ningún ápice de duda. Las aletas de la nariz de Stroud se inflaron con rabia, mientras sus labios se torcían ligeramente. Cualquiera que lo conociese bien sabía que pocas cosas eran capaces de generarle una mueca de asco como aquella, mientras fulminaba con la mirada al tal Wasow. Si había algo peor que un pirata, era un revolucionario, y si había algo peor que un revolucionario, era un traidor. Los traidores siempre tenían las manos manchadas de sangre, fueran conscientes o no de ello; este era de los que se las había manchado a sabiendas. Stroud alzó una ceja cuando Kibai comenzó a gritar al desconocido; no era común ver al mink tan fuera de sí, pero él mismo no lo hubiera dicho mejor. No sería él quien le dijese que mantuviese las formas; él mismo estaba cerca de temblar de rabia. Asintió con gravedad cuando el mink, con ferocidad, anunció que lo acabarían encontrando. No olvidarían ese nombre fácilmente.

Pero Stroud sabía que no había utilidad alguna en correr tras el traidor; no en aquel momento. La División había pasado por bastante, y, lo que era más importante, ninguno de ellos sería capaz de hacerle frente, no tal y como estaban las cosas. Había mucho que mejorar. El mochi dejó de palpitar bajo la superficie de su piel. Entretanto, e instantes después de que Kibai y Moja comenzasen su particular carnicería entre la multitud de dinosaurios convocada allí por el tal Wasow, Stroud hizo lo propio, lanzándose al ataque en un mudo arranque de cólera; sujetó la cabeza de uno de ellos, estampándola con rabia contra la pared rocosa de la cueva, ensartando el cráneo en una de las estalagmitas, y destrozando la mandíbula de otro, antes de sujetar el cuello de otro de ellos con fuerza y doblarse hacia un lado, anclando sus piernas en la base del mismo y partiéndolo con violencia y una sucesión de sonidos secos, con tendones que luchaban por no descuajeringarse.

De pronto, se hizo el silencio en la cueva. Se sentó sobre una de las rocas, sus ojos clavados en sus pies. Jadeaba ligeramente. No había pasado mucho tiempo, pero Stroud sabía que ya era tarde. En los varios minutos que la División había invertido en acabar con la manada de dinosaurios, Wasow había podido alejarse ya lo suficiente como para que no volviesen a verle el pelo en mucho, mucho tiempo. Le salió del alma golpearse la frente con su propio puño. Notó cómo su piel palpitaba bajo sus nudillos. Había pecado de imprudente y de orgulloso; si el ánimo de su adversario hubiese sido distinto, las vidas de sus hombres hubieran estado en serio peligro. Alguien con una División a su cargo no podía permitirse errores de cálculo como aquel.

"Siento haberme precipitado con esto, chicos," dijo con sequedad, sus ojos grises fijos en el suelo, como si no se atreviese a mirar a sus compañeros. Respiró con pesadez, con todo cuanto había ocurrido durante las horas previas repitiéndose en su cabeza en bucle. Se levantó, ahora sí, mirando a sus compañeros. "Os prometo que clavaremos su cabeza en una pica," anunció. "Su traición no quedará impune."

Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2583 + 0 = 2583
Energia: 1694 - 375 = 1319
Espiritu: 534 + 0 = 534


Mensajes en este tema
RE: El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto] - por Stroud Nanashi - 12-03-2026, 12:28 AM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)