12-03-2026, 03:47 AM
(Última modificación: 12-03-2026, 04:05 AM por Onizuka Jin.)
No conocía demasiado al sepulturero, mas sí recordaba haber leído dicho periódico, y la imagen de él. Una de las noticias que, de hecho, sí llamó su atención. Lo que sí recordaba era que, a diferencia de otros, sí tenía más respeto por los muertos, sin tener en cuenta, por supuesto, que el enfrentamiento se dio especialmente en un cementerio. También fue algo espontáneo que él mismo lo asumió como tal.
Su rostro mostraba indiferencia, no estaba especialmente afectado por las palabras que parecía admitir. Probablemente fueran ciertas. —Tampoco es que yo esté especialmente eximido de ciertos crímenes. Mientras no me involucre a mí ni a mis jefes, no tengo problema con lo que haga o deje de hacer. — En algún momento dejó caer el cigarrillo, apagándolo con una pisada. —Además, usted me cae bien por ahora. Aunque sí siento curiosidad de cómo todo terminó en el periódico. — Pero eso, por el momento, se iba a dar en otro momento. Su ansia por un nuevo confrontamiento era mucho mayor a eso. —Estoy seguro de que estará más preocupado por los suyos que por usted mismo.
No fue capaz de percibirlo. Efectivamente su velocidad seguía siendo superior a lo que todavía podía percibir. Ni siquiera tuvo el tiempo de elevar sus brazos en un intento de protección, los golpes le llegaron uno tras otro, del mismo modo que sus técnicas. El dolor llenó su cuerpo, su cabeza comenzó a dar vueltas incluso cuando su espalda aterrizó contra el suelo en el momento de la caída. Por fortuna, las armas se mantenían en sus manos, ambas katanas. Emitió un quejido, tratando de enfocarse, todo le daba vueltas. No se percató de que su ahora contrincante ya se había acomodado bajo tierra en el momento. Sintió, para más inri, el entumecimiento no solo en su cabeza, sino cómo se extendía por todo su cuerpo, dificultándse más el poder moverse, mas no se le imposibilitaba.
Sacudió su cabeza, tratando de mantenerse fijo, concentrado de nuevo. Conocía mejor ahora la situación, sabía que estaba desorientado y solo necesitaba esos escasos segundos para volver a enfocar la mirada de nuevo. Se levantó del suelo, ahora buscando a su alrededor. ¿Dónde diantres estaba ahora? No lo sentía tras sus espaldas y, aunque no fuese el caso, su cabeza se volteó buscándolo con la mirada. No había nadie... Si no fuera porque seguía con su oído agudizado. Sus ojos descendieron hacia el suelo, con una nueva sensación de dèja vú. Pero ahora era distinto. Recordaba la mención de su falta de vista y oído durante ese momento, pero que otra cosa era lo que podía volverlo detectable. La desventaja era el no poder verlo, si no fuera por...
Lo habría escuchado caerse, probablemente ahora mismo sabría dónde estaba posicionado, tenía que hacer otra cosa. Lanzar sus armas no iban a servir de mucho, moverse solo lo condenaría más a revelar su posición. Lo que sí debía hacer era detener la hemorragia cuanto antes. El tiempo apremiaba. Respiró hondo, solo se le ocurría una sola cosa. Colocó la diestra sobre sus labios, sosteniendo la misma con sus dientes por unos segundos, desabrochando su camisa. Se le estaba comenzando a volver pegajoso por la sangre de la herida que tenía producto de la técnica del topo.
Retiró la katana de sus labios, manteniendo el Haki activo, viendo en todo momento si el topo se movía o no, a menos que aludiera a su velocidad una vez más. Su katana se posicionó boca abajo, clavándose en el suelo. La arena bajo sus pies era irregular, no era como una tierra común, teniendo en cuenta que las características serían distintas. La katana se clavó a apenas un metro frente a él, en línea recta. Activó el Haki en un radio de 50m a su alrededor y allí lo vio, claro como el agua. Era como ver, bajo tierra, una llamita del color de su aura, solo que con el tamaño que ahora tenía el topo.
—No se preocupe, joven Focalor.
Su rostro mostraba indiferencia, no estaba especialmente afectado por las palabras que parecía admitir. Probablemente fueran ciertas. —Tampoco es que yo esté especialmente eximido de ciertos crímenes. Mientras no me involucre a mí ni a mis jefes, no tengo problema con lo que haga o deje de hacer. — En algún momento dejó caer el cigarrillo, apagándolo con una pisada. —Además, usted me cae bien por ahora. Aunque sí siento curiosidad de cómo todo terminó en el periódico. — Pero eso, por el momento, se iba a dar en otro momento. Su ansia por un nuevo confrontamiento era mucho mayor a eso. —Estoy seguro de que estará más preocupado por los suyos que por usted mismo.
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No fue capaz de percibirlo. Efectivamente su velocidad seguía siendo superior a lo que todavía podía percibir. Ni siquiera tuvo el tiempo de elevar sus brazos en un intento de protección, los golpes le llegaron uno tras otro, del mismo modo que sus técnicas. El dolor llenó su cuerpo, su cabeza comenzó a dar vueltas incluso cuando su espalda aterrizó contra el suelo en el momento de la caída. Por fortuna, las armas se mantenían en sus manos, ambas katanas. Emitió un quejido, tratando de enfocarse, todo le daba vueltas. No se percató de que su ahora contrincante ya se había acomodado bajo tierra en el momento. Sintió, para más inri, el entumecimiento no solo en su cabeza, sino cómo se extendía por todo su cuerpo, dificultándse más el poder moverse, mas no se le imposibilitaba.
Sacudió su cabeza, tratando de mantenerse fijo, concentrado de nuevo. Conocía mejor ahora la situación, sabía que estaba desorientado y solo necesitaba esos escasos segundos para volver a enfocar la mirada de nuevo. Se levantó del suelo, ahora buscando a su alrededor. ¿Dónde diantres estaba ahora? No lo sentía tras sus espaldas y, aunque no fuese el caso, su cabeza se volteó buscándolo con la mirada. No había nadie... Si no fuera porque seguía con su oído agudizado. Sus ojos descendieron hacia el suelo, con una nueva sensación de dèja vú. Pero ahora era distinto. Recordaba la mención de su falta de vista y oído durante ese momento, pero que otra cosa era lo que podía volverlo detectable. La desventaja era el no poder verlo, si no fuera por...
Lo habría escuchado caerse, probablemente ahora mismo sabría dónde estaba posicionado, tenía que hacer otra cosa. Lanzar sus armas no iban a servir de mucho, moverse solo lo condenaría más a revelar su posición. Lo que sí debía hacer era detener la hemorragia cuanto antes. El tiempo apremiaba. Respiró hondo, solo se le ocurría una sola cosa. Colocó la diestra sobre sus labios, sosteniendo la misma con sus dientes por unos segundos, desabrochando su camisa. Se le estaba comenzando a volver pegajoso por la sangre de la herida que tenía producto de la técnica del topo.
Retiró la katana de sus labios, manteniendo el Haki activo, viendo en todo momento si el topo se movía o no, a menos que aludiera a su velocidad una vez más. Su katana se posicionó boca abajo, clavándose en el suelo. La arena bajo sus pies era irregular, no era como una tierra común, teniendo en cuenta que las características serían distintas. La katana se clavó a apenas un metro frente a él, en línea recta. Activó el Haki en un radio de 50m a su alrededor y allí lo vio, claro como el agua. Era como ver, bajo tierra, una llamita del color de su aura, solo que con el tamaño que ahora tenía el topo.
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Cajita de Tabaco
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