[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 1
#53
Yo esperaba que pasáramos desapercibidos, navegar hacia el sitio, entrar, mezclarnos con la multitud y dejar que el ruido del parque hiciera el resto. Ese era el plan perfecto, gente distraída, risas por todas partes, bolsillos pesados y yo moviéndome entre ellos como una corriente suave, pero claro, el mundo rara vez deja que mis planes duren demasiado. La voz de alerta de la marina empezó a escucharse por el área, seca y molesta, repitiéndose como un eco que nadie pidió, informando que en el área había piratas, delincuentes y que tuvieran precaución y para rematar, el primer nombre que soltaron fue el del capi Dharma.
 
Suspiré despacio, inflando apenas las mejillas mientras miraba alrededor —Bueno, eso ya me estaba jodiendo todos los planes, glup. — Si la gente empieza a escuchar piratas y luego mira alrededor buscando caras sospechosas, todo se vuelve más complicado. Los civiles se vuelven desconfiados, aprietan sus carteras contra el pecho, revisan bolsillos que antes ni recordaban que tenían. La diversión desaparece y lo único que queda es vigilancia y si me consideran pirata, peor todavía, porque yo puedo robar entre gente feliz, gente distraída, gente que cree que nada malo puede pasar en un lugar lleno de luces y música, pero robar entre gente nerviosa es otro juego completamente distinto, uno donde cada mirada dura un segundo más de lo normal.
 
Apoyé una mano en mi bufanda roja, pensativa, mientras observaba el flujo de personas alrededor. —Ay, capi… —murmuré por lo bajo — Si empiezan a meternos a todos en el mismo saco me estarán arruinando todas las movidas posibles en este mar. — Ladeé la cabeza un poco, aunque una pequeña sonrisa empezó a formarse igual, porque claro eso no significa que sea imposible, solo significa que ahora tendría que ser más creativa y si hay algo que la calle me enseñó bien, es que cuando el mundo se pone atento una ladrona solo tiene que volverse un poquito más silenciosa.
 
—Voy a decirle a Tensui. Si necesitan ayuda con algo, díganle al doctor, ¡Pishishishishi! —solté entre risitas mientras ya me daba la vuelta, moviéndome con esa ligereza que siempre tengo cuando algo me pica la curiosidad. No esperé demasiado para bajar hacia la parte inferior del barco. Mis pasos resonaron suaves sobre la madera mientras descendía, siguiendo el camino que recordaba hasta el pequeño taller de Tensui. La última vez que había estado allí, bueno, decir que era un desastre sería quedarse corto.
 
Abrí la puerta con cuidado y, apenas asomé la cabeza, una ola de calor me golpeó la cara, era exactamente como lo recordaba, metal por todas partes, placas apoyadas contra la pared, tornillos desperdigados como si alguien los hubiera lanzado al aire y dejado caer donde quisieran, herramientas sobre la mesa, bajo la mesa, algunas incluso en el suelo. El lugar parecía menos un taller y más el resultado de una pelea entre acero y orden.
 
El calor, por el mar, el calor, era el tipo de temperatura que podría secar a un calamar en cuestión de minutos. Yo misma sentí cómo mi piel gelatinosa pedía un poco más de brisa marina mientras avanzaba un par de pasos hacia dentro, entonces apoyé una mano en la mesa más cercana, apartando distraídamente un pequeño tornillo que amenazaba con rodar. —Tensuiiiiiiii —canturreé, alargando su nombre con voz ligera —¿Sigues vivo aquí abajo o ya te fundiste con tus propias herramientas?— Mis ojos recorrieron el caos con curiosidad sincera porque la forma en la que trabaja mi artesano amigo es, bueno, muy descuidada o quizás demasiado apasionada, es muy difícil saber la diferencia cuando todo parece haber explotado alrededor, ladeé la cabeza, observando una pieza metálica interesante que brillaba cerca de mi mano y, casi sin darme cuenta, mis dedos ya estaban jugueteando con ella.
 
—Oye, Tensuiii querido —canturreé mientras me asomaba un poco más dentro del taller, apartando con el pie una herramienta que estaba justo en medio del paso —Los marines han lanzado un comunicado diciendo que hay piratas en el puerto y mencionaron al capi, glup. —  Dejé escapar un pequeño suspiro, más dramático que preocupado, mientras me apoyaba contra el marco de la puerta. Mis ojos recorrían el lugar otra vez, el metal, las piezas a medio hacer, las herramientas abandonadas como si hubieran decidido descansar donde cayeran.
 
—Así que ya sabes cómo son esas cosas —continué, moviendo una mano en el aire como si estuviera espantando moscas invisibles —Miradas raras, gente abrazando sus bolsillos, marines creyéndose muy listos— Hice una pausa, frunciendo un poco el ceño mientras trataba de recordar la frase exacta. Me toqué la cabeza varias veces con un dedo, como si así pudiera sacudir la palabra correcta de algún rincón olvidado. —¿Cómo se dice? — murmuré para mí misma, pero un segundo después mis ojos se iluminaron.
 
—¡Ah! Bajo perfil. Sí, eso —dije señalando ligeramente al aire, satisfecha conmigo misma —Las órdenes son que nos mantengamos bajo perfil. — Me encogí de hombros con una pequeña sonrisa torcida. —Lo cual, entre nosotros, es una verdadera tragedia. Un puerto lleno de gente y yo teniendo que comportarme, imagínate — añadí en tono conspirador, acercándome un poco más al interior del taller
 
Mis dedos se apoyaron distraídamente sobre la mesa, moviendo sin pensar un pequeño engranaje de un lado a otro.  —Pero bueno, órdenes del capi son órdenes —seguí, ladeando la cabeza — Así que si ves a alguien preguntando cosas raras o marines caminando por aquí con cara de querer problemas tú no has visto nada, yo no he visto nada, y todos seguimos siendo ciudadanos perfectamente respetables, hasta que vean nuestros carteles de recompensa. — Hice una pausa corta, observando el caos del taller otra vez.
 
—Bueno, lo de respetables quizá sea un poco exagerado, glup, pero se entiende la idea. —

Estanque de Peces
[Imagen: Yp0arSh.jpeg]


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 1 - por Melly Jellyfish - 12-03-2026, 02:34 PM

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