[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 1
#57
Había errado en mi profesión.
Aquella idea, que llevaba días rondándome la cabeza, cobraba forma por segundos. Certeza convertida en un gigante de barro moldeado por las voces enfrentadas de mis compañeros; superpuestas entre sí y mucho más molestas que ese ruido estático que segundos atrás había llenado el puerto.

—Veinte metros, Georgy. Sólo necesito que me acerques a alguno de esos barcos, veinte metros, y si es al de Dharma, mejor que mejor.
—St.George, nuestro barco seguirá por detrás al ferry del Joy Park, y solo si ves la ocasión trataremos de adelantarlo para posicionarnos por delante, sin desviar su rumbo.

Ni siquiera los miré a ellos. Toda mi atención se la habían ganado los mares, en los que buscaba alguna bandera pirata reconocible, y ese maldito ferry de pesadillas que ya había soltado ataduras. La triste goleta no tenía posibilidad contra nada de lo que estaba a punto de acontecer. No se trataba solo, como advertía Omuyaga, de no estar preparada para un combate naval directo. Iba más allá. La simple idea de intentar dar caza a un navío de esas características resultaba irrisoria, pero a nadie allí pareció importarle.

¿Serían acaso mínimamente conscientes del clima que nos acompañaba? Ese calor sofocante de verano, que incluso en el puerto había dejado ver una estela ondulante que parecía proceder de las profundidades de la tierra, solo significaba una cosa: ventolina. Miré hacia las velas, a sabiendas de que muy probablemente las encontraría débiles por la escasa fuerza del viento. El plato de comida que Nyra me había obsequiado me iba a venir de fábula cuando todo eso acabase.

Hae-won me sacó de mis pensamientos. Noté su cabeza delicadamente apoyada sobre mi hombro. Escuchar sus palabras me arrancó una breve sonrisa, a la par que la determinación comenzaba a llenarme el pecho. Ella se alejó hacia las velas y yo aferré el timón.

—¡Desplegad la vela mayor, trinquete, foque y adicionales! —rugí con fuerza, para que la voz llegara hasta todos mis camaradas—. ¡Necesito las velas lo más sueltas posibles!

Por el momento, me conformaría si lográbamos no perder al ferry. Muy en el fondo, agradecía no tener a la vista —ni en mayor cercanía— el resto de banderas piratas alertadas. Bastaba con no desobedecer órdenes. Y es que, cuando digo que me equivoque de profesión, me refiero justo a esto mismo. Al contrario que mis compañeros, yo no quería grandes méritos, ascensos ni gloria. Hace siete años me alisté a la Marina con el único propósito de ser respetado, de salir de las calles y llevar una vida tranquila. Aferré el timón y lo hice virar con el viento a nuestro favor. Lo de la vida tranquila… parece que tenía fecha de caducidad y que vivir enteramente de las labores de un novato no sería una opción. Ser St. George tampoco me lo ponía sencillo, pues aunque tenía ganas de maldecir a los vientos, el orgullo me impedía destrozar aquella imagen perfecta: el buen civil, el buen marine, el buen navegante.

—Hasegawa, el único criminal que tenemos localizado es al revolucionario Kazan que viaja dentro del ferry. Voy a intentar seguirlos desde lo más cerca posible, pero necesito que vigiles que no nos asalte ningún barco enemigo. Ahora mismo, dependemos de ti para protegernos.

El Tempestad alcanzó rumbo descuartelar, con el escaso viento golpeando desde atrás y ligeramente lateral, para hinchar las velas todo lo permitido. Tal vez me debería haber dedicado a la pesca. Un trabajo humilde que me habría llenado el estómago y, en bastante menor medida, los bolsillos. Llevé la mano hasta Rigoberto, el den den Mushi que siempre llevaba conmigo, para contactar con el comandante.

—Aquí St. George, de la División setenta y cinco. Nos dirigimos tras el ferry del New Era Joy Park, donde viaja el revolucionario Kazan. Solicitamos instrucciones, señor. —Después informé a la División 80 de esa misma idea—. División ochenta, aquí St. George, nos dirigimos tras el ferry.

Quizás estés pensando que, con tanto rezongar interno, apenas me estaba esforzando por alcanzar el objetivo. Todo lo contrario. Una vez iniciaba algo, era absolutamente incapaz de hacerlo de forma conscientemente mediocre. El deseo y el orgullo se enfrentaban entre sí, mientras dejábamos atrás las costas para seguir la espuma de nuestro objetivo. Me mantuve alerta a los cambios en el clima, al estado de la marea y todo aquello que pudiera influir en nuestra travesía.

Hice todo lo que estaba en mi mano no solo para cumplir con nuestra misión sino también para mantenerlos a salvo. El navegante de un barco es el corazón del mismo. Y yo no era el más avezado, eso lo sabía bien. La vida de mis compañeros estaban ligadas a ese timón que sostenía con fuerza. Supe de inmediato, que si debía dar la vuelta para mantenerlos a salvo de condiciones desfavorables, lo haría. Después de todo, un Marine muerto era un error, un desliz, algo predecible, pero la muerte de toda una División generada por la imprudencia de su navegante se asemejaría más bien a una deshonra para todo el cuerpo de Marines. No permitiría algo así.


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 1 - por Dimitri St. George - 12-03-2026, 08:24 PM

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