Rock that body | Kael
#2
Hace aproximadamente un año, un momento en su vida en el que apenas conocía a la mitad de la que ahora conforma su tripulación en tiempos estándares, no es sino otro peón en la larga cadena de Marines que, como muchos otros, buscan una forma de escalar socialmente. Él es uno de esos pocos que se consideran reemplazables, un eslabón sin importancia del que pueden deshacerse con facilidad en honor de, por supuesto, aquella gloriosa institución bajo las ordenes del Gobierno Mundial...

Y eso él lo sabe bien.

No es un hombre dado a destacar como persona, sino como figura. No tiene un nombre, sino un aspecto. Es un chico guapo, hermoso y...para el resto de sus compañeros, nada más que eso. Si hablan de sus facciones, es fácil que cualquiera en las inmediaciones le reconozca, sepa interpretar de quién se está haciendo mención, y por sobre todo, soltar algún pequeño comentario despectivo, producto de la envidia de no haber nacido con tales rasgos atractivos con el toque de los dioses en sus facciones. ¿Y que culpa tiene él de querer cuidarse?

Samba es un territorio adecuado para él, un lugar en el que la Marina tiene poca, casi nula influencia, y que los únicos agentes que se mueven por ese territorio, son aquellos con mejores capacidades de pasar encubierto, o en su descaro, algunos que pueden permitirse estar ahí representando a la Marina para lo que sea que consideren que necesitan una cara reconocible. Kael, por su parte, no lleva puesto su característico uniforme, y en su lugar, se ha dispuesto con una de sus mejores galas para salir a festejar. No hay nada por lo que merezca, realmente, salir al exterior a bailar, beber, y pasarlo bien con tranquilidad, sino todo lo contrario.

El negro siempre ha sido su mejor amigo. Su chaqueta de traje no solo combina con el color de su cabello y realza el color de sus ojos, sino también le permite ocultarse mejor en la noche, y la gente, por su forma de ser, no le darán mayor importancia a un joven encantador que decide salir por su cuenta a pasarlo bien en un ambiente siempre festivo.

Camina con paso seguro, reloj en su muñeca izquierda, recordándole a cada momento su origen y procedencia, lo que desea hacer y lo que busca rememorar. Marca la hora de salida, la búsqueda de su objetivo, un espacio seguro entre lo que marca como lógico, y el tiempo en el que peligra su exposición al terreno bajo las estrellas. Está solo, camina sin nadie más, y eso es todo lo que necesita. Sabe trabajar en equipo, la vida le ha enseñado a ello, pero desde pequeño, su campo le ha preparado para ser especialista en solitario. 

Y como un lobo solitario, se siente envalentonado cuando ve a su presa. 

Tras un par de susurros, un par de palabras intercambiadas en el aire, una moneda "perdida" por las manos adecuadas, y una pequeña caminata, finalmente encontraría a la persona que con tanto interés ha venido a buscar...y aquella a la que dejan de lado. Llama la atención, tanto en el bueno como en el mal sentido. Se deja apreciar, a pesar de ser consciente de lo que la gente opina. Ese cabello rojizo, esa musculatura...si lo observas desde otro prisma, ¿Quién sabe si hay quién puede encontrarlo encantador?  

Kael busca esa perspectiva, esa valentía para seguir adelante con pensamiento seguro, positivo, y carente de una emoción que lo pudiese hacer retroceder.

Para el de cabello azabache, esa mujer se vería como la más atractiva de toda la fiesta, porque así se lo quiere hacer reflejar en sus ojos.

—Que sean dos, si es tan amable.—Tardó tan solo un segundo en aparecer tan pronto escuchó lo que iba a tomar, y antes de ofrecerse a su vista, con un pequeño y sutil gesto, pediría que cortasen el alcohol de su bebida, pues debe evitar beber a toda costa.—Si le parece bien a la señorita, esta ronda la invito yo.  

Se sentaría a su lado sobre una banqueta, apoyando el codo sobre la barra para poder observarla, semi erguido, sin formalidad, mostrándose con picardía, una pequeña sonrisa en su rostro que no busca ocultar ni un solo ápice. 

No importa lo que los demás puedan pensar, así cómo tampoco las caras de asombro entre los que comparan los dos extremos con el rostro del hombre y el de la mujer. Observa de reojo esas expresiones, y aún así, las evita como si valieran menos que el polvo y la suciedad. A sus ojos quería que ella se viese reflejado, que sintiera que alguien la mira diferente, que no todo es discriminación ni juicio negativo. Es él quién debe ganarse su atención, y con tan sólo un primer movimiento, hace todo lo posible por alejar esas emociones negativas que por dentro, a toda mujer deben herir su orgullo.

—Ese vestido es precioso, si me permitís el atrevimiento. Creo que tienes muy buen gusto.—Cortes y directo, sin pecar de adulador, decide con tranquilidad dar una pequeña pincelada de lo que con palabras y sin ellas, desea poder expresar al final de la velada, durase lo que durase la misma con la mujer que busca acompañar—¿Os importa si me quedo? No quisiera molestaros, pero...no quisiera perder la oportunidad de acercarme a quién ha conseguido llamar mi atención.

Empieza a colocar cartas sobre la mesa, jugando con calma, poco a poco, paso a paso, y es ahora cuando debe comprobar si la contraria lo recibe con agrado, o si considera que todo esto no es más que una simple molestia para ella. Cualquiera que fuera su respuesta, él espera, con una sonrisa sencilla en su rostro, y una mirada posada sobre los iris de la contraria, sin miedo a nada, y mucho menos...a ella.
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Mensajes en este tema
Rock that body | Kael - por Lan Caihe - 07-03-2026, 05:06 AM
RE: Rock that body | Kael - por Kael Omuyaga - 12-03-2026, 09:53 PM

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