Un encuentro de Monstruos Marinos [Ft Juan] Pasado
#3
Después de caminar un buen tramo por el pueblo de Baquella terminé confirmando algo que ya sospechaba antes de poner un pie fuera del barco, la gente tiene una forma particularmente desagradable de mirar aquello que no entiende. Cada paso que daba sobre el pavimento irregular del puerto venía acompañado de esas miradas que intentan ser discretas pero que fallan miserablemente. Algunos fingían no observar, desviando los ojos apenas un segundo tarde, mientras otros ni siquiera lo intentaban, simplemente se quedaban mirando como si yo fuera una maldita rareza de feria. Un gyojin grande, armado con un tridente y caminando con una pierna menos no es exactamente algo que pase desapercibido entre pescadores, comerciantes y turistas que creen que el mundo termina donde acaba su comodidad.
 
Me apoyaba en el tridente mientras avanzaba, cojeando con ese ritmo irregular que todavía estoy aprendiendo a tolerar. El sonido del metal contra el suelo marcaba cada paso como un recordatorio constante de lo que perdí y lo peor ni siquiera era el dolor físico, ni el esfuerzo extra que requiere moverse así. Lo que realmente me irritaba era la forma en que esos malditos transeúntes me miraban, como si estuvieran frente a un vagabundo, un inválido o algún enfermo que debería estar escondido en una esquina y no caminando entre ellos, gente de mierda, con miradas de mierda, observando a un hombre que ya de por sí tiene una actitud de mierda, es decir, yo. En un par de ocasiones crucé la mirada con alguno de ellos y bastó un simple gesto de mi parte, una simple mirada fría, fija, pesada, para que apartaran los ojos de inmediato. La mayoría de la gente es así, curiosa hasta que siente que la curiosidad puede costarle algo. Si no fuera porque necesito materiales, probablemente ya habría mandado a más de uno a besar el suelo solo para recordarles que sigo siendo capaz de romper huesos.
 
Pero no pise el pueblo de Baquella para pelear con idiotas, vine a buscar lo necesario para seguir con mi propio proceso. Seguí avanzando entre callejones, puestos de mercado y almacenes hasta que finalmente algo captó mi atención entre el conjunto de edificios de madera y piedra, el sonido seco del metal golpeando metal, ese ritmo particular que solo puede venir de un lugar específico, una forja. Alcé la vista y allí estaba. Un taller bastante similar al mío en estructura, aunque claro el mío estaba en un barco, pero era casi igual, paredes ennegrecidas por el humo, una chimenea que expulsaba una columna constante de calor y ceniza, y el inconfundible resplandor anaranjado del fuego activo en el interior, para cualquiera sería solo otro negocio más del puerto, para mí era exactamente lo que necesitaba encontrar.

Porque donde hay una forja hay materiales y donde hay materiales hay soluciones y eso es justo lo que estoy necesitando ahora. Me detuve un momento frente a la entrada, observando el interior mientras el calor escapaba hacia la calle abierta. Podía distinguir estantes con lingotes, herramientas colgadas en las paredes, cajas de piezas mecánicas, restos de proyectos a medio terminar. No necesitaba demasiado para saber que dentro de ese lugar probablemente encontraría las placas metálicas, los soportes y los mecanismos que llevo semanas intentando fabricar con lo poco que quedaba en el barco. Apoyé con más firmeza el tridente contra el suelo y avancé hacia la puerta, si el dueño tenía algo de cerebro, sabría reconocer a otro herrero cuando lo ve y si no, bueno, siempre existe la opción de negociar de otras formas, después de todo, no crucé medio maldito pueblo para volver al barco con las manos vacías.
 
Pero, para buena fortuna del pueblo, del herrero dueño de la tienda y también para la mía, las cosas no tomaron el rumbo que normalmente habrían tomado. Cuando crucé la puerta del taller esperaba lo de siempre, un humano curioso, una mirada incómoda, quizás alguna pregunta innecesaria. Estaba preparado para ignorarlo, tomar lo que necesitaba negociar y marcharme sin más conversación que la estrictamente necesaria. Sin embargo, apenas entré al pequeño recibidor que hacía de sala de espera, una voz me habló desde uno de los asientos cercanos. Normalmente habría seguido caminando sin prestarle atención, pero cuando giré la cabeza para ver quién demonios me estaba hablando, la situación cambió por completo. Lo primero que noté fue el color de su piel, roja, brillante, con esa textura que recuerda más a una coraza que a la piel humana, luego sus manos o mejor dicho, la ausencia de una mano, en su lugar había una pinza firme, fuerte, inconfundible y finalmente sus ojos, esa forma particular de mirar que uno reconoce de inmediato cuando ha pasado la vida rodeado del mar, era un gyojin, un hermano del mar, por un momento toda la tensión que llevaba acumulada desde que salí del barco se relajó lo suficiente como para que una sonrisa sincera apareciera en mi rostro, algo que últimamente no ocurre con demasiada frecuencia.
 
—Oh, pero si es un hermano del mar. — comenté apenas lo observé bien, dejando escapar una pequeña risa grave que llevaba semanas guardada, no era solo encontrar a otro gyojin, era encontrarlo en medio de un lugar lleno de humanos que miran como si uno fuera una rareza, esa simple coincidencia cambia el aire del lugar. Intenté acercarme para saludarlo con algo más de formalidad, avanzando un paso mientras apoyaba el peso en el tridente como suelo hacerlo ahora, pero en ese preciso momento mi maldita coordinación decidió recordarme que aún no me acostumbro del todo a esta nueva forma de moverme y el tridente se inclinó en el ángulo equivocado, resbaló de mi mano y cayó al suelo con un golpe seco de metal contra madera, por un segundo me quedé quieto, mirando el arma en el piso y luego solté una carcajada corta, cargada con esa mezcla incómoda de orgullo herido y resignación que uno desarrolla cuando ya ha pasado por demasiadas cosas como para fingir perfección.
 
—Es lo que pasa con los que trabajamos en la forja —dije mientras me agachaba con cierta dificultad para recoger el tridente —Tsasasasasa— La risa salió un poco más forzada de lo que habría querido, pero tampoco iba a esconderlo, no frente a otro gyojin, apoyé una mano en el suelo para recuperar el arma y me incorporé lentamente, acomodando nuevamente el peso del cuerpo antes de avanzar hacia los asientos de la pequeña sala de espera. Cada movimiento todavía exige más cálculo del que me gustaría admitir, pero al menos ya no es tan torpe como hace unos meses, entonces me dejé caer en uno de los bancos de madera con un suspiro bajo, apoyando el tridente contra la pared a mi lado.
 
Entonces volví a mirarlo con más calma. —No esperaba encontrar a otro gyojin en un lugar como este —dije finalmente, inclinando un poco la cabeza mientras lo observaba — Mucho menos dentro de una forja. — Mis ojos recorrieron rápidamente el lugar antes de volver a él. —Soy Tensui Marlin. —  Apoyé los codos sobre las rodillas, relajando un poco la postura. —Y vine aquí buscando piezas, antes de que termine rompiendo las pocas que me quedan en mi propio taller. —
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RE: Un encuentro de Monstruos Marinos [Ft Juan] Pasado - por Tensui Marlin - 13-03-2026, 08:58 PM

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