[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 1
#65
La alarma por megafonía, emitida, al parecer, desde los mismo cuarteles de la Marina, había comenzado a resquebrajar una fina película de hielo que muchos de los presentes en Baterilla en aquel día señalado ni siquiera habían percibido aún. Una delgada capa de hielo sobre la que todos habían caminado hasta el momento, con mayor o menor delicadeza, y cuya superficie helada había empezado a agrietarse en el instante en que el ferry del New Era había soltado amarras y había empezado a alejarse, a paso lento pero seguro, del puerto de la isla de Baterilla, con rumbo a los Cabos Gemelos y, quién sabe, más allá. A medida que se alejaba de la costa, el ferry iba adquiriendo velocidad, llevado por las corrientes del mar, sus velas infladas por la brisa. Al mismo tiempo, barcos de diverso pelaje salían tras él, tomando velocidad conforme se distanciaban del puerto.







A bordo del ferry, como en toda la isla que abandonaban, se sucedían las reacciones a la alarma que había retumbado hacía apenas unos instantes; algunos reaccionaron con temor, otros con emoción, y otros con estupor, pero no pareció dejar indiferente a nadie. Los miembros de la tripulación iban de arriba a abajo, trasladando órdenes e instrucciones y hablando apresuradamente entre ellos. Se hablaba de órdenes contradictorias. Aparentemente se aproximaba un cambio de planes. Los atolondrados marines, en su mayoría más rápidos a la hora de socializar sosegada y distendidamente que a la de embarcar adecuadamente en sus navíos, y más preocupados por mostrarse debidamente acicalados y listos para un divertidísimo día en el parque que por la misión encomendada, se apresuraban finalmente a embarcar y soltar amarras, afanándose en remar primero y soltar velas después. Entre ellos, algunas voces se alzaban con autoridad, tomando el mando bajo la situación de tensión, o intentándolo. En el puerto, el viejo comandante supervisaba toda la operación, cruzado de brazos, negando con la cabeza y chasqueando la lengua con desaprobación, suspirando. Años de trabajo en el cuerpo, sin embargo, lo habían acostumbrado al estado de irreflexión y atarugamiento continuo del habitualmente hacían gala los reclutas más jóvenes, y tampoco podía decirse que aquello lo hubiese pillado completamente desprevenido. El calor continuaba siendo abrasador y pegajoso, la brisa marina continuaba siendo agradable y refrescante en su salazón, pero algo parecía cambiar en el ambiente. Tal vez fuese una impresión, o tal vez fuese un desapercibido cambio en las corrientes oceánicas, pero el ánimo de algunos empezaba a cambiar.

Bajo la atenta mirada del comandante, así como de los habitantes de Baterilla lo suficientemente curiosos como para quedarse por la zona aun después del aviso por megafonía efectuado por la Marina y saber que había maleantes de renombre por la zona, la tan inesperada como improvisada procesión de navíos se alejaba ya de la isla, rumbo a nuevas orillas, y apenas era ya visible en el horizonte. El tiempo parecía estar cambiando, el viento empezaba a arreciar, y lo que antes había sido apenas una pequeña brisa marina, a duras penas suficiente para refrescar a los más acalorados, cobraba ahora la suficiente fuerza como para empujar las velas de los barcos, como si el destino mismo pretendiese moverlos, como piezas, sobre el tablero de aquella aventura. La partida había comenzado. Los cielos, hasta entonces casi completamente despejados a excepción del ocasional jirón de nube desperdigado aquí o allá, empezaban a encapotarse en el horizonte. A bordo del ferry del New Era, todo transcurría con normalidad, o casi. La tripulación parecía ajetreada, más de lo que uno esperaría de un viaje de aquellas características. Los pasajeros podían percibir que ocurría algo, aunque era difícil discernir el qué. Habían pasado ya varias horas de navegación, y el cielo, ya visiblemente más nublado que cuando salieron, empezaba a teñirse de un leve tono rojizo cuando un aviso por megafonía resonó en la cubierta:


Estimados clientes y asistentes a la inauguración del New Era Joy Park,
Lamentamos comunicarles que, por motivos meteorológicos, y para garantizar la seguridad del trayecto,
haremos una breve parada en Kutsukku, donde podremos hacer acopio de algunas piezas y efectuar una rápida reparación
antes de continuar con nuestro trayecto.
El viaje proseguirá con normalidad una vez hayamos hecho una parada de taller.
Rogamos disculpen las molestias, ¡muy pronto podrán disfrutar de lo mejor de nuestros servicios!

Al mismo tiempo, aquellos con las suficientes dotes náuticas podrían percibir que, en efecto, el enorme ferry había comenzado a corregir ligeramente su rumbo, algo que pillaría desprevenido a los barcos que, cortando el oleaje, seguían el rastro de espuma que el enorme navío dejaba sobre las aguas. La caravana, compuesta por el ferry del New Era a la cabeza, y seguida de cerca por el majestuoso Buda, por el Tempestad y por uno de los barcos de rigor de la Marina, variaba su rumbo de forma desconcertante para hacer una pequeña parada antes de continuar su trayecto. Tal vez fuese por la forma en que parecía avecinarse una tormenta en más sentidos que el estrictamente metafórico, o por una decisión improvisada a raíz del inesperado anuncio de la Marina, pero el destino había decidido jugar en aquel instante una carta que nadie hubiese imaginado, y cuando el crupier reparte, los jugadores no pueden más que aferrarse a sus convicciones, sus sueños y sus esperanzas.




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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 1 - por Voz Seductora - 15-03-2026, 01:58 AM

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