Un encuentro de Monstruos Marinos [Ft Juan] Pasado
#4
Entre el retumbar rítmico de los martillazos, que vibraba en el calor que salía de la forja y el olor a hierro que inundaba el ambiente, el gyojin se acercó a mí, apoyado en su tridente que usaba a modo de bastón en un esfuerzo por luchar contra su minusvalía. Era un hombre de una considerable estatura, cuyo rasgo que más destacaba, incluso por encima de la ausencia de una pierna, era su nariz, tan larga como puntiaguda. Su rostro grisáceo pareció cambiar totalmente al observar que se encontraba delante de alguién de su misma raza, no era algo de extrañar, si bien a lo largo de mi vida había tenido la suerte de no sufrir mucho debido a la discriminación, era plenamente consciente de la realidad que se vivía en este mundo, tenemos un aspecto muy diferente al de la mayoría de personas y eso asustaba a muchos, por decir algo.

El buen hombre me devolvió el saludo, por lo que sonreí ampliamente, una buena sonrisa siempre valía la pena, aunque no viniese del rostro más apuesto del mar del sur (Por poco, por supuesto). El hombre se acercó a mí con un ritmo pausado pero continuo, pero antes de llegar a sentarse tropezó con su tridente haciendo que, el objeto que llevaba como apoyo, cayese al suelo, después de todo un tridente metálico no debía ser el “bastón” más cómodo del mundo.

Iba a interesarme por él, pero entonces soltó una carcajada que parecía tratar de aliviar el ambiente. Al parecer él también trabajaba en el mundo de la forja, a juzgar por la sartén que llevaba consigo y por el tridente, habría pensado que se trataba de un pescador local o incluso de un cocinero. Pero no era el caso, curiosamente había cosas más allá de la raza que nos unían. —No lo digas dos veces— Levanté mi mano, que si bien estaba entera, dejaba ver numerosas muescas y abolladuras fruto del sacrificado trabajo del taller —Si no fuese por mi coraza no me quedarían dedos en la mano Jajajaja— Tras reincorporarse se acercó para finalmente sentarse en uno de los asientos de la sala de espera.

Mi compañero de profesión se presentó como Tensui, por lo que le correspondí de Igual manera —Sobre el agua se ven pocos Gyojin es verdad jajaja. Mi nombre es Juan Sebastián, puedes llamarme Juan.— Por lo visto mis problemas con los materiales eran más comunes de lo que pensaba, solo conocía a los herreros del pueblo que se dedicaban a construir utensilios de cocina y poco más, ninguno entendía realmente mis preocupaciones. —Yo estoy en un punto muerto, el metal de por aquí no es de muy buena calidad. El salitre de la mar corroe el metal de aquí, te hace un apaño para cosas del día a día, pero no vale para armamento de calidad o implantes…— Mientras trataba de explicar mis problemas logísticos movía el guante que había cogido de la tienda de un lado a otro, haciendo ver que el material no era lo que estaba buscando.

Con la emoción de hablar sobre cosas del taller se me pasó terminar de presentarme de forma correcta —¡Ah! Disculpa, cuando me pongo a hablar de estas cosas se me va la pinza. Soy el manitas de la División 80 de la Marina que se encuentra actualmente en esta isla— Le acerqué el guante para que le diese un vistazo rápido —¿Tú crees que algo como esto puede aguantar viajes constantes en alta mar?— Movía la cabeza de un lado a otro mientras chasqueaba la lengua. —Antes se hacían cosas de más calidad—

Mientras manteníamos una charla agradable, el cruce de palabras se vio interrumpido por la llegada de un hombre que tenía varias cacerolas de hierro en unas pésimas condiciones. El tipo que entró se paró en seco al vernos sentados y tropezó consigo mismo, tirando sus utensilios por todo el suelo. —¿Y este?— Pensé, pero antes de poder decirle algo, el pobre hombre que parecía haberse encontrado con la muerte de frente, recogió sus cosas de mala manera y se fue corriendo del local. Un silencio arropó el ambiente, en el que ya no se escuchaban los martillazos en el yunque del local. Fue entonces cuando el dueño salió al mostrador, quitándose las cenizas de las manos y el rostro con un trapo viejo y maltratado, para después guardarlo en el bolsillo de su delantal. Era un señor de panza rebosante, un bigote rojo muy poblado y una expresión que hacía parecer que siempre estaba enfadado —He escuchado jaleo ¿Me estáis espantando clientes?— Su voz era grave y áspera, casi parecía una parte misma de la fragua en la que trabajaba.
Dueño del local



—Hablo—
—Pienso—
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
  Responder


Mensajes en este tema
RE: Un encuentro de Monstruos Marinos [Ft Juan] Pasado - por Juan Sebastian - 15-03-2026, 04:57 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)