Protocolo Anticongelante de la Iguana y el Pez :: PA :: Privado.
#3
Narrador / María Merlot



Además… necesito algo de ropa, esta me queda algo grande…

María le presto atención a lo que dijo su hermana, estuvo de acuerdo con casi todo. ¿Por qué su ropa le quedaba grande? Debería quedarle más bien… pequeña. La mestiza se miro por un momento… ella era casi de la misma complexión que la Valkiria Besada por el Sol. Bueno, no importaba, pronto compraría mucha ropa al gusto de la ex peliverde, y también mucha ropa para si misma. No tenia nada invernal, y eso la llenaba de emoción y muchas expectativas.

Necesito entrenar o me volveré débil.

Esa mención hizo que María asintiera, entendía a lo que se refería, y por eso ella también entrenaría, no sabía cómo, pero pensaría en algo que fuera con la fuerza descomunal que poseía. ¿Quizás subir a una de esas montañas para lograr resistencia? ¿Comprarse un arma que fuera más contundente? Tenía opciones, aun no se decida por ninguna.

… inevitablemente se convertirá en tu amigo o aliado. Te has vuelto tan o más fuerte que yo misma… estor… orgullosa.

Ahí, entre las palabras de la mujer algo creció en el corazón de la mestiza. Paso semanas triste por lo sucedido con su Unnie, y la solución siempre estuvo a su alcance: enfrentarla, disculparse, contarle sus miedos. En Alta Mar su vinculo creció, sería indiferente que les trajera el futuro, María siempre estaría de su lado… como una fiel nakama. ¿Amigos o aliados? Le gustaba pensar que el Príncipe Einarr y Kelvin eran sus amigos, preferiría tener amigos que compartieran su corazón, que aliados que compartieran una misión finita y frágil. ¿Qué sería el perfecto marine pelirrojo? María sacudió la cabeza, a veces pensaba en él pero era irrelevante, nunca más lo vería, su relación unilateral solo se basaba en las postales, y últimamente cartas, que ella prometió enviarles.

— No necesito contárselo a nadie, Unnie. En tus ojos se ve el amor que me tienes, tan cierto y verdadero como que el sol sale cada mañana y las estrellas siempre están resplandeciendo. También estoy orgullosa de ti, eres la mejor. Prometo algún día estar a tu altura… y yo siempre cumplo mis promesas — la abrazo por el costado inverso al brazo roto, no quería hacerle daño, pero fue algo fugaz, María no quería hacer enojar a la espadachina.

Si encontramos un retoño lo llevaremos.

La mestiza oculto la sonrisa traviesa cuando su hermana replico el “¿Nuestro?”, se veía preciosa del color de Hyakinthos, y ser recibidas por un árbol tan parecido a él solo podría tomarse como buen augurio para su estadía en esa isla. ¡Ojalá pudieran llevarse el retoño! Ella dormiría a la sombra de sus ramas, perdida entre el color pastel que tanto le gustaba porque le recordaba al médico muy ético.

Primero comamos algo, ¿Qué tal un café?

Dejando de abrazar el árbol rosado, la joven asintió a la petición de su hermana. Algo caliente les vendría bien, después de todo estaban acostumbrándose a aquel clima tan… congelante. María con su habitual sonrisa, su largo cabello rosado y su etérea presencia, dejaba suspiros y muchas miradas por donde pasaba. Ella estaba acostumbrada a eso, en Little Garden había sido la excepción, los dinosaurios no se regían por la belleza física de las especies evolucionadas.

Con una pregunta aquí, y un guiño allá, un amable ciudadano las llevo a un tranquilo café… ¡con temática de cerezos! ¡Todo muy Sweet Cake! Justo así se llamaba el lugar. Los ojos de la mestiza recorrieron el sitio, los colores arcoíris, fue como salir del lienzo en blanco y llegar a un jardín lleno de vida. Se sentó en una mesa, curiosamente sus cabelleras rosadas combinaban con ese lugar, así se lo hizo saber la amable camarera, que primero vio a la semi sirena con brillos en los ojos, totalmente fascinaba por su toque divino, luego miro con recelo a Maki, y regreso su atención a María.

— ¡Chocolate caliente y Pastel Vegano de Cerezos! Suena riquísimo. ¿Qué vas a pedir Unnie? — dijo con alegría viendo a la muchacha que las atendía, que le devolvió la sonrisa, luego miro a Maki con desagrado esperando su pedido.

Algunos minutos después llegó la comida. María saboreo primero la bebida, que la calentó por dentro y después con la cuchara tomo un poco de pastel rosado vegano. Al probarlo sus ojos se abrieron y su sonrisa se amplió — ¡Esta riquísimo, Unnie! — aprobó dando otra probada de su ración de pastel.

¡Tendría que escribirle sobre ese pastel al pelirrojo!

Se había vuelto un hábito, escribirle sobre sus tonterías cotidianas… como si a él le importaran.


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RE: Protocolo Anticongelante de la Iguana y el Pez :: PA :: Privado. - por Maria Merlot - 15-03-2026, 10:32 PM

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