El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto]
#48
El eco de su grito de desafío se desvaneció contra las paredes de piedra, dejando una calma espesa que pesaba casi tanto como la violencia que la había precedido. Kibai permaneció un momento inmóvil, con la espalda encorvada y los pulmones ardiendo por el esfuerzo de haber canalizado tanto Electro a través de un cuerpo que ya estaba lidiando con su propia traición interna. Con un movimiento seco y cargado de una fuerza residual que hizo crujir las vértebras del reptil, extrajo a Raimei del espinazo de su última víctima. El sonido del metal abandonando la carne y el hueso fue una nota final discordante en aquella sinfonía de carnicería.

Tomándose su tiempo, limpió pulcramente la hoja, eliminando cada rastro de la sangre oscura y viscosa de los saurios, observando cómo el acero recuperaba su brillo gélido. Solo cuando la hoja estuvo inmaculada, la deslizó de nuevo en su vaina. El click metálico al encajar fue el interruptor que le permitió reprimir, al menos superficialmente, la película roja que aún nublaba su visión.

Fue en ese momento cuando el Contramaestre Bertram se le acercó. El veterano, siempre atento a los detalles que otros pasaban por alto, le ofreció de vuelta el saco con las raciones de emergencia que Kibai le había confiado antes. El Mink observó el pequeño bulto de tela y luego miró a Bertram. Podía sentir el pulso violáceo en su brazo, una punzada que le recordaba que su reserva de energía no era inagotable, pero su orgullo herido por la huida de Wasow era más fuerte que cualquier hambre.

— Quédatelo, Bertram —dijo, rechazando el saco con un gesto seco de la mano, sin llegar a mirarle a los ojos—. Ese polvo de maíz y coco te servirá más a tien el futuro que a mi ahora mismo. Yo tengo suficiente con el olor a sangre que impregna este lugar para que se me cierre el estómago. Ya tendré tiempo de sobra para encerrarme en la cocina del Royal Quiver y preparar algo decente cuando salgamos de este agujero.

Sus pasos, habitualmente ligeros y silenciosos como los de cualquier depredador de su raza, sonaron pesados y ligeramente erráticos mientras se desplazaba por el campamento devastado. Kibai renqueaba, una debilidad que intentaba camuflar bajo una falsa rigidez militar. Sus sentidos, saturados por el esfuerzo, le enviaban señales confusas; el aroma de la selva parecía más agudo, más invasivo, como si las esporas de la isla estuvieran intentando comunicarse con el veneno que ya corría por sus venas.

El Comante Stroud, que también parecía haberse dado cuenta de su condición, le alargó uno de los frascos. Sin decir palaba, Kibai lo aceptó con un gesto de agraddecimiento, abreindo el cierre y echándoselo al gaznate. No estaba bueno, para nada. Sabía a masticar hierba verde recién cortada. Pero al poco rato, el ardor que sentía en los músuclos y el doloroso latido en su sien fue relajándose, quedando en un simple cansancio general.

Caminado hasta la pared de la cueva, Kibai se dejó caer sentado sobre una roca plana, sintiendo cómo sus rodillas finalmente cedían ante la fatiga acumulada. El cansancio era una marea negra que amenazaba con arrastrarlo, pero su mente seguía trabajando, buscando la forma de mantener la cohesión del grupo tras el golpe moral de la traición de Wasow y las felicitaciones, quizás demasiado distantes, de la Capitana Trixxie.

Alzó la vista hacia el Comandante Stroud, que seguía procesando la información del Den Den Mushi. Kibai sabía que el grupo necesitaba un ancla, algo que les aliviase la mente después de todo lo vivido y los devolviese, aunque fuera por un instante, a la camaradería del barco.

— Comandante, creo que es el momento de confesarle algo que no he mencionado en mis informes diarios. He estado fermentando un barril con una mezcla especial de miel silvestre y zumo de frutas fermentadas desde hace un par de semanas en la bodega. Lo tenía guardado para una ocasión especial, algo que ayudara a digerir las malas noticias.

Hizo una pausa, dejando que el cansancio se asentara en sus facciones, pero manteniendo la mirada fija en su líder.

— Creo que este es el momento perfecto para abrirlo en cuanto pisemos la cubierta. Hemos limpiado este nido de ratas, tenemos la cura y sabemos a quién tenemos que dar caza. No sé vosotros, pero mi cuerpo necesita algo más fuerte que un trago de agua del río para cenar esta noche. Y tengo demasiado sabor a sangre de dinosaurio en la boca.

Se recostó contra la pared de piedra, cerrando los ojos por un segundo. L a División 60 había obtenido una amarga victoria, y el veneno aún latía por sus venas, pero Kibai no pensaba morir allí. No antes de que Raimei probase la sangre del traidor.

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1495 + 0 = 1495
Energia: 951 - 745 = 206
Espiritu: 321 + 0 = 321


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RE: El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto] - por Kibai - 17-03-2026, 03:11 PM

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