20-03-2026, 06:03 AM
Sonreí dulcemente cuando el joven Lunarian me daba las gracias por la cerveza que le acababa de servir, le sonreí porque al menos no había fallado en entregarle lo que necesitaba. Luego escuché con mucha atención su presentación, tenía un nombre peculiar pero también muy imponente, sin duda alguna le quedaba a la perfección considerando su porte y altura, y lo impresionante de su mirada aguda. —- Mucho gusto, mi nombre es Miyori Hoshino.
—- Digamos que estos lares del pueblo suelen ser muy llamativos a cualquier hora del día… — Expresé con algo de vergüenza, que un extranjero viese algo tan impropio de los habitantes de Baquella, más porque nos caracteriza la hospitalidad y la amabilidad de los residentes.
De alguna manera aquel ambiente se volvía cada vez más animado, más escandaloso, todos aplaudían, todos cantaban, las cervezas se alzaban en cumplidos al aire. ¿Esto estaba poniéndonos en una situación precaria?
—-Si, soy de aquí, soy de Baquella…. — Dije en lo que admiraba como los hombres del bar hacen un semicírculo para danzar de manera alborotados, zapateando la pobre madera del suelo, y moviendo las mesas a su alrededor, como bestias encerradas pero con una razón para festejar, aunque desconocía el porqué tan alegres. —- Mi familia se dedica a la pescadería… — Mencioné observando al chico que me hacía compañía, quedándonos al margen de todo ese escenario.
Y finalmente la cordura flaqueó, pasando los límites de lo que es permitido y lo que no, entre sus jugueteos, se llevaron a monta de silla a una de las meseras, llevada por cuatros hombres que querían llevarla como reina del local, y en la mirada de la chica observé la mirada del terror.
Sin pensarlo dos veces me deslicé por encima de la barra de alcohol, llegando con más rapidez al otro lado del despacho, y empecé a correr en dirección de aquella multitud de personas, entre todas ellas, hombres con el menor sentido común. —- ¡¡HEEEEY, ES SUFICIENTE!!! —-- Gritaba, pero lo único que recibí fue más que insultos y empujones lejos de todo ese espectáculo.
—- Digamos que estos lares del pueblo suelen ser muy llamativos a cualquier hora del día… — Expresé con algo de vergüenza, que un extranjero viese algo tan impropio de los habitantes de Baquella, más porque nos caracteriza la hospitalidad y la amabilidad de los residentes.
De alguna manera aquel ambiente se volvía cada vez más animado, más escandaloso, todos aplaudían, todos cantaban, las cervezas se alzaban en cumplidos al aire. ¿Esto estaba poniéndonos en una situación precaria?
—-Si, soy de aquí, soy de Baquella…. — Dije en lo que admiraba como los hombres del bar hacen un semicírculo para danzar de manera alborotados, zapateando la pobre madera del suelo, y moviendo las mesas a su alrededor, como bestias encerradas pero con una razón para festejar, aunque desconocía el porqué tan alegres. —- Mi familia se dedica a la pescadería… — Mencioné observando al chico que me hacía compañía, quedándonos al margen de todo ese escenario.
Y finalmente la cordura flaqueó, pasando los límites de lo que es permitido y lo que no, entre sus jugueteos, se llevaron a monta de silla a una de las meseras, llevada por cuatros hombres que querían llevarla como reina del local, y en la mirada de la chica observé la mirada del terror.
Sin pensarlo dos veces me deslicé por encima de la barra de alcohol, llegando con más rapidez al otro lado del despacho, y empecé a correr en dirección de aquella multitud de personas, entre todas ellas, hombres con el menor sentido común. —- ¡¡HEEEEY, ES SUFICIENTE!!! —-- Gritaba, pero lo único que recibí fue más que insultos y empujones lejos de todo ese espectáculo.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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