27-03-2026, 07:40 AM
El silencio de la noche era desgarrador para él. Luego de algo así se quiere estar solo, con sus pensamientos, pero muchas veces uno olvida cuán desastroso puede ser que estos sean lo único que escuches. Los recuerdos se agrupaban, primero de a poco, escenas lentas, luego algunas frases, momentos donde la presencia de ese hombre se sentía incluso sin que él estuviera ahí. Sus consejos, sus palabras de asombro, sus frases de apoyo en cuanto algo salía mal, sus reproches en cuanto hizo algo que obviamente no era lo correcto.
Mordió su labio inferior, cerró sus párpados con fuerza, queriendo evitar que las lágrimas siguieran cayendo. Incluso intentó limpiarse la cara usando sus manos, pero en cuanto sus palmas entraron en contacto con sus mejillas sintió dolor, ardor. Su piel estaba lastimada, sus palmas habían sido víctimas de ambas caídas que tuvo antes, y ahora ardía con fuerza.
No había sangre, pero se quedó observando las heridas, pensando en cómo tratarlas. Lavarlas, asegurarse de limpiarlas bien, taparlas, tal vez con guantes, esperar. Repitió eso en su cabeza, como si ocupar su mente en esa otra cosa le sirviera para olvidar eso que hace unos instantes lo atormentaba.
Se habría quedado así, con ese plan estúpido en la cabeza, por un buen tiempo, pero de pronto escuchó una voz a su lado, lo suficientemente familiar para no alterarse y simplemente mover la cabeza para descubrir de quién se trataba. Una mujer, alta, mucho más alta ahora que él estaba sentado, su tez y su cabello podían delatarla con cualquiera, así como esas alas oscuras que todos los de su especie portaban, pero lo que lo hizo despertar fue la tiara que portaba en su cabeza. - Asherah… -.
No podía tratarse de nadie más, no en ese lugar.
Tardó unos segundos en reaccionar, pues su mente se quedó pensando sobre el porqué ella aparecía así, hasta que sus ojos se abrieron de par en par. Giró su rostro, intentando esconderlo, llevando sus manos a la cara para limpiar las últimas lágrimas que bajaban por sus mejillas, sintiendo de nuevo ese ardor en cuanto la carne viva chocó con su rostro, dejando salir un claro y fuerte “Ay”. - Dime, ¿Qué haces por aquí tan tarde? -.
Volvió a verla nuevamente, como si no se hubiera tomado ese pequeño momento para ocultar, o tratar de ocultar, su estado de ánimo y su reciente caída. - Pensé que todos estarían durmiendo ya. La fiesta fue larga y no todos tienen tanta energía para seguir -. Intentó sonreír, cerrando los ojos para que no los vea rojos y llorosos, siendo cada vez más evidente.
De su bolsillo, se asomaba esa carta que hace unas horas había leído, aquella que se sintió como una obligación a no parar. En cuanto notó esto, quiso ocultarla en un inicio, llevando su mano al bolsillo, pero el simple hecho de tocar ese papel volvió a provocar que sus ojos comenzaran a brillar. Tomó con fuerza el papel, pero a la vez con cierta delicadeza, no temiendo arrugarlo pero sin querer romperlo. Leyó un poco del contenido, su animo volvió a empeorar y agachó la mirada.
- Lo siento, no tienes que verme así, no es nada importante solo… -. Decir eso provocó un sollozo en él, uno que busco esconder volviendo a morder su labio. - Recibí una mala noticia, eso es todo -.
No había olvidado que fue ella quien le pidió ayuda en cuanto algo la sobrepasó, que llegó en busca de una mano amiga que le recordara algo mejor que lo que estaba viviendo, por supuesto que lo recordaba, solo prefería evitar ese tema. No sabía cómo pedirlo, nunca había sido bueno expresando lo que sentía desde que… Desde que pasó lo que todos saben. ¿Cómo podría hablarle a una persona que apenas conoce de algo así? Debía recuperarse y volver en sí, mañana tocaba mucho trabajo y no quería estar agotado. - Así que… ¿necesitabas algo? Yo simplemente salí a dar una vuelta antes de dormir para… ya sabes… eh… despejar la mente -.
Volvió a sonreírle, de la forma más falsa e irreal posible.
Mordió su labio inferior, cerró sus párpados con fuerza, queriendo evitar que las lágrimas siguieran cayendo. Incluso intentó limpiarse la cara usando sus manos, pero en cuanto sus palmas entraron en contacto con sus mejillas sintió dolor, ardor. Su piel estaba lastimada, sus palmas habían sido víctimas de ambas caídas que tuvo antes, y ahora ardía con fuerza.
No había sangre, pero se quedó observando las heridas, pensando en cómo tratarlas. Lavarlas, asegurarse de limpiarlas bien, taparlas, tal vez con guantes, esperar. Repitió eso en su cabeza, como si ocupar su mente en esa otra cosa le sirviera para olvidar eso que hace unos instantes lo atormentaba.
Se habría quedado así, con ese plan estúpido en la cabeza, por un buen tiempo, pero de pronto escuchó una voz a su lado, lo suficientemente familiar para no alterarse y simplemente mover la cabeza para descubrir de quién se trataba. Una mujer, alta, mucho más alta ahora que él estaba sentado, su tez y su cabello podían delatarla con cualquiera, así como esas alas oscuras que todos los de su especie portaban, pero lo que lo hizo despertar fue la tiara que portaba en su cabeza. - Asherah… -.
No podía tratarse de nadie más, no en ese lugar.
Tardó unos segundos en reaccionar, pues su mente se quedó pensando sobre el porqué ella aparecía así, hasta que sus ojos se abrieron de par en par. Giró su rostro, intentando esconderlo, llevando sus manos a la cara para limpiar las últimas lágrimas que bajaban por sus mejillas, sintiendo de nuevo ese ardor en cuanto la carne viva chocó con su rostro, dejando salir un claro y fuerte “Ay”. - Dime, ¿Qué haces por aquí tan tarde? -.
Volvió a verla nuevamente, como si no se hubiera tomado ese pequeño momento para ocultar, o tratar de ocultar, su estado de ánimo y su reciente caída. - Pensé que todos estarían durmiendo ya. La fiesta fue larga y no todos tienen tanta energía para seguir -. Intentó sonreír, cerrando los ojos para que no los vea rojos y llorosos, siendo cada vez más evidente.
De su bolsillo, se asomaba esa carta que hace unas horas había leído, aquella que se sintió como una obligación a no parar. En cuanto notó esto, quiso ocultarla en un inicio, llevando su mano al bolsillo, pero el simple hecho de tocar ese papel volvió a provocar que sus ojos comenzaran a brillar. Tomó con fuerza el papel, pero a la vez con cierta delicadeza, no temiendo arrugarlo pero sin querer romperlo. Leyó un poco del contenido, su animo volvió a empeorar y agachó la mirada.
- Lo siento, no tienes que verme así, no es nada importante solo… -. Decir eso provocó un sollozo en él, uno que busco esconder volviendo a morder su labio. - Recibí una mala noticia, eso es todo -.
No había olvidado que fue ella quien le pidió ayuda en cuanto algo la sobrepasó, que llegó en busca de una mano amiga que le recordara algo mejor que lo que estaba viviendo, por supuesto que lo recordaba, solo prefería evitar ese tema. No sabía cómo pedirlo, nunca había sido bueno expresando lo que sentía desde que… Desde que pasó lo que todos saben. ¿Cómo podría hablarle a una persona que apenas conoce de algo así? Debía recuperarse y volver en sí, mañana tocaba mucho trabajo y no quería estar agotado. - Así que… ¿necesitabas algo? Yo simplemente salí a dar una vuelta antes de dormir para… ya sabes… eh… despejar la mente -.
Volvió a sonreírle, de la forma más falsa e irreal posible.
