Coffee Break [Pasado] [Priv. Eros]
#1

Día 40 de otoño, Año 16
Whisky Peak

7:30 a.m

Curar al perro no fue tan tortuoso como creyó.

No era veterinario, pero el limpiar sus heridas no le pareció un proceso tan distinto que vendar a un mink.
 
Ahora tenía hambre. Al perro le había dejado agua, pero él mismo no había podido desayunar. No cuando fue interrumpido de la manera más abrupta posible.

Suspiró al momento en que su estómago gruñó. No seguiría en la improvisada enfermería si empezaba a sentirse mal. Miró al perro y, luego, al hombre que había recostado sobre una camilla… ¿Cómo era su nombre? No podía recordarlo ahora mismo, pero suponía que era lo de menos.

El doctor se levantó de sus asiento, eso sí, no sin antes bajar tanto el potecito con agua, como al perro, del escritorio en donde lo había colocado, en el piso estaría más seguro, así no habría riesgo de una caída y que sus heridas se abrieran de nuevo y, luego, cuando se aseguró de que el animal estuviera bien, se acercó al humano.

Lo observó desde arriba, sus ropas estaban sucias, pero él parecía en mejor estado que el animal. Podía posponer su revisión para cuando despertara, de todos modos, él abogó por el animal antes que por si mismo. Se alejó del cuerpo y volvió a inclinarse cerca de donde el perro estaba echado, ya no tomaba agua, solo parecía querer descansar.

—Espero que te sigas portando tan bien como ahora y no causes un desastre —. Acarició la cabeza del animal y, luego, miró hacia la camilla. —Cuida a tu amo mientras no estoy, no quiero problemas con el cocinero.

Con eso dicho y habiendo revisado que todo estuviera en orden, salió de la habitación, rumbo hacia la cocina, con la esperanza de que el cocinero en cuestión le tuviera preparado un desayuno decente.



 8:00 a.m.
 
Como siempre que se encontraba al cocinero pelinegro, su comida no lo decepcionaba, aunque aún le dolía haber quemado el pan por un simple error. Sea como sea, ahora que había comido, estaba satisfecho, incluso había tenido tiempo de inhalar algo de esencia de menta, una sustancia que, según el pelirrosa, ayudaba a tranquilizarlo…podría volver a la enfermería, lo que significaban buenas noticias para el perro y el muchacho, a fin de cuentas, gracias al cocinero, ellos también tendrían un buen desayuno.

Ahora, el único problema sería llegar a la enfermería. Con bandeja en mano, caminó por los pasillos del barco hasta que, fueron unos cuantos ladridos, que escuchó a lo lejos, los que terminaron guiándolo hasta la puerta correcta…una que menos mal había dejado entreabierta o habría tenido que hacer malabares para que la bandeja que llevaba en sus manos no se cayera.

Empujó la puerta de madera y, solo con entrar a la habitación, los ladridos del perro se hicieron más fuertes. El animal, parado en dos patas a un lado de la camilla, movía la cola de manera insistente y, cuando notó que por fin alguien más había llegado a la habitación, saltó para quedar de frente al médico y empezó a ladrar, no con rabia, si no con la intención de llamar su atención.

—No hagas eso, despertarás a tu amo —. El hombre dejó la bandeja en el escritorio, aunque bajó el plato de plástico que había sido asignado para el animal. Lo colocó en el suelo, a un lado del potecito con agua y, sin insistir, dejó que el perro se acercara si así lo quería. —Deberías comer, si algo le pasa a tu dueño, yo me encargaré… ¡Dios! ¿Qué hago hablando con un perro? Pfff…levantarme temprano hace que se me funda el cerebro —. Se quejó, aunque sonrió al ver al animal acercarse, mansamente, hasta la comida que le ofrecía.

—Al menos eres un buen chico ¡Ah! Debo dejar de hacer esto —. Sacudió su cabeza y, sin pensarlo dos veces, prefirió caminar hasta el lavamanos en la habitación. Limpió bien sus manos y se colocó unos guantes de nitrilo antes de acercarse a la camilla. Debía examinar cualquier herida que el hombre pudiera tener, aunque…para su sorpresa —o no tanta después de los ladridos del can—, este parecía estar despertando o, al menos, esa impresión le daba.

—Jmmm… ¿Cuál era tu nombre? —Preguntó antes de cerrar su boca y mirarlo con detenimiento, analizándolo, tanto que terminó mordiéndose el interior de la boca mientras, de vista, examinaba el estado del desconocido. —¡Ah! Ares ¿Cierto? —Cuando preguntó, pasó uno de sus dedos frente a los ojos del muchacho, solo quería medir si aún tenía consciencia después de haber desfallecido en la cubierta del barco.

—¿Puedes hablar? —Solo peguntó para hacer una simple evaluación neurológica, quería saber si aún tenía memoria o si había sufrido algún traumatismo grave, a fin de cuentas, el cocinero no le explicó lo ocurrido y, evidentemente, el tal “Ares” tampoco tuvo tiempo para hacerlo. —¿Recuerdas que pasó y como llegaste aquí?

Se alejó un paso de la camilla y miró hacia el escritorio en donde había dejado la comida, la taza de café humeaba y, si él médico no tuviera problemas de olfato, podría distinguir el aroma de los pancakes con sirope de maple y café, que era más que notable en una habitación tan pequeña y cerrada.

—¿Puedes decirme si estas en condiciones de comer algo así de pesado? —Señaló a la mesa, aunque no sabía si desde el lugar del chico, podría ver bien lo que había sobre esta. —¿O prefieres algo más liviano? Con suerte, debe haber frutas en la nevera del barco —. Insistió, esperando a que el chico le hablara o, al menos, le diera una señal de que todo estaba bien, porque si era así…tal vez podría continuar su día con normalidad y sin más contratiempos.
 
Karmas


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Coffee Break [Pasado] [Priv. Eros] - por Hyákinthos - 27-03-2026, 07:56 AM

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