29-03-2026, 02:17 AM
No lo vio venir. No tuvo tampoco oportunidad. Solo sintió el dolor, el impacto en la boca de su propio estómago. Sus armas se desprendieron por completo de sus manos, pese a haberse tratado las heridas, lo único a lo que pudo llegar fue a ponerse en pie antes de volver a caer de bruces al suelo, ahora inconsciente, sin fuerzas para poder mantenerse despierto. Su cuerpo entumecido, su vista, lentamente, volviéndose borrosa. Lo último que podría llegar a ver era al contrario acercarse a él. No divisó del todo si en su forma animal, o en su forma humana. Quiso luchar por mantener la consciencia, pero no parecía que pudiera lograrlo, menos desde el suelo.
Aparentemente, tendría mucho que aprender. Y más si buscaba proteger a aquel que buscaba proteger. Ahora mismo, solo era un inútil.
No supo cuántas horas habían transcurrido, ni el tiempo que hubiera pasado, solo que el cielo se había vuelto nocturno. El dolor todavía prevalecía una vez sus ojos comenzaban a enfocar mejor la mirada a su alrededor y, sin embargo, esta vez estaba solo. No estaba Eros, posiblemente se habría cansado después de perder la consciencia. El dolor no era tan intenso; la erección ya hacía tiempo que se había calmado.
Lo primero que hizo fue sentarse, buscar palpar sus armas en su intento de recuperar sus sentidos, viendo que no había nada cerca. Luego la memoria de su derrota. Chasqueó la lengua, viéndose todavía herido. Luego una extraña sensación de familiaridad que lo hizo descender la mirada hasta sus piernas. Un momento...
El arqueo de ceja se volvió pronunciado, junto a la extrañeza de la situación que se estaba dando. No le avergonzaba estar en esas condiciones realmente. ¿Qué demonios? ¿Acaso ese topo tenía fetiches extraños con gente inconsciente? No es que le importara demasiado, conocía la sensación después del “qué pasaba” Lo que no esperaba era encontrarse más vacío que antes. Aparentemente, le habían robado no solo su falta de consentimiento en algo como las relaciones sexuales en su inconsciencia, sino también su dinero y sus armas. Elevó su mano, suspirando largamente con cierto agotamiento. Aquello no era lo que esperaba cuando fue a enfrentarse al sepulturero. Aquel hombre era, sin lugar a duda, de lo más extraño. No es que no estuviera molesto, eso sí, podía sentir furia creciendo de su interior. La cuestión era, ¿siquiera lo iba a encontrar? Recordaba la mención de su barco. Sacudió su cabello, al menos había tenido la mínima amabilidad de dejarle algunos berries y, desde luego, no planeaba presentarse sin pantalones frente a su jefe, pero sí necesitaba vestirse. Terminó retirando su camisa, al menos para rodearla por su cintura y no revelar más de lo necesario, solo la parte superior y parte de sus piernas. Pese a la rabia inicial, mantuvo su calma característica. Lo que maldijo en ese momento era no tener ni los cigarrillos para poder fumar. ¿Se lo robó literalmente todo ese condenado...? Elevó la mano sobre su rostro, suspirando largamente. Eso le pasó por pecar de confiado. Ahora mismo quería golpear a ese hombre si lo encontraba. Lo mejor, por el momento, era regresar, tomar ropa antes de cruzar el desierto y ver si encontraba el barco donde pudiera estar aquel hombre. Primero era encontrar ropa, luego, darse unas caladas en algún cigarrillo.
Aparentemente, tendría mucho que aprender. Y más si buscaba proteger a aquel que buscaba proteger. Ahora mismo, solo era un inútil.
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No supo cuántas horas habían transcurrido, ni el tiempo que hubiera pasado, solo que el cielo se había vuelto nocturno. El dolor todavía prevalecía una vez sus ojos comenzaban a enfocar mejor la mirada a su alrededor y, sin embargo, esta vez estaba solo. No estaba Eros, posiblemente se habría cansado después de perder la consciencia. El dolor no era tan intenso; la erección ya hacía tiempo que se había calmado.
Lo primero que hizo fue sentarse, buscar palpar sus armas en su intento de recuperar sus sentidos, viendo que no había nada cerca. Luego la memoria de su derrota. Chasqueó la lengua, viéndose todavía herido. Luego una extraña sensación de familiaridad que lo hizo descender la mirada hasta sus piernas. Un momento...
—¿Qué demonios...?
El arqueo de ceja se volvió pronunciado, junto a la extrañeza de la situación que se estaba dando. No le avergonzaba estar en esas condiciones realmente. ¿Qué demonios? ¿Acaso ese topo tenía fetiches extraños con gente inconsciente? No es que le importara demasiado, conocía la sensación después del “qué pasaba” Lo que no esperaba era encontrarse más vacío que antes. Aparentemente, le habían robado no solo su falta de consentimiento en algo como las relaciones sexuales en su inconsciencia, sino también su dinero y sus armas. Elevó su mano, suspirando largamente con cierto agotamiento. Aquello no era lo que esperaba cuando fue a enfrentarse al sepulturero. Aquel hombre era, sin lugar a duda, de lo más extraño. No es que no estuviera molesto, eso sí, podía sentir furia creciendo de su interior. La cuestión era, ¿siquiera lo iba a encontrar? Recordaba la mención de su barco. Sacudió su cabello, al menos había tenido la mínima amabilidad de dejarle algunos berries y, desde luego, no planeaba presentarse sin pantalones frente a su jefe, pero sí necesitaba vestirse. Terminó retirando su camisa, al menos para rodearla por su cintura y no revelar más de lo necesario, solo la parte superior y parte de sus piernas. Pese a la rabia inicial, mantuvo su calma característica. Lo que maldijo en ese momento era no tener ni los cigarrillos para poder fumar. ¿Se lo robó literalmente todo ese condenado...? Elevó la mano sobre su rostro, suspirando largamente. Eso le pasó por pecar de confiado. Ahora mismo quería golpear a ese hombre si lo encontraba. Lo mejor, por el momento, era regresar, tomar ropa antes de cruzar el desierto y ver si encontraba el barco donde pudiera estar aquel hombre. Primero era encontrar ropa, luego, darse unas caladas en algún cigarrillo.
Cajita de Tabaco
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
