29-03-2026, 03:18 AM
Ubbe permanecía en cubierta mientras el viento empezaba a colarse de nuevo entre las velas, arrastrando la arena acumulada y devolviendo poco a poco la vida al Verlfolnir. Su cuerpo estaba allí, firme, pesado, pero su mente inquieta seguía pensando en Sigurd, llevaba varios dias ya sin verlo, desde que el viento de la pelea les mandó en direcciones distintas. Recordaba el Den Den Mushi sonando una y otra vez sin respuesta, las llamadas perdidas acumulándose sin que al otro lado hubiera nada, y aquella certeza que le había llevado a dejar de buscar en el desierto para volver al único lugar donde tenía sentido esperar. Sigurd no había respondido, pero eso nunca significaba que hubiera caído; simplemente significaba que aún no había terminado lo que tuviera entre manos. Por eso Ubbe había vuelto al barco, apoyándose contra la madera cubierta de arena, con la calma de quien no duda de que su hermano acabará apareciendo.
Y apareció.
Cuando la figura de Sigurd emergió entre la arena, Ubbe no se sorprendió, ni se tensó, ni siquiera se movió de inmediato. Simplemente lo observó acercarse, con una media sonrisa que nacía más de la confirmación que de la sorpresa, como si todo estuviera ocurriendo exactamente como debía. El estado en el que llegaba no le hacía falta analizarlo demasiado; bastaba una mirada para entender que tampoco lo había tenido fácil, que la batalla había sido dura y que, aun así, seguía en pie.
- Ya era hora, baby…
No hubo prisas en el encuentro, ni gestos innecesarios. Cuando Sigurd subió a cubierta, Ubbe ya estaba frente a él, sólido, presente, extendiendo el brazo sin dudar. El choque de antebrazos fue firme, seco, cargado de significado, una forma de hablar sin palabras, de confirmar que seguían siendo los mismos, que nada esencial había cambiado pese a todo lo que habían pasado.
- ¡...Muere con gloria!
El agarre duró lo justo antes de soltarse, y Ubbe dio un paso atrás sin romper del todo la cercanía, observándolo un instante más con una sonrisa que mezclaba orgullo y complicidad. No hacía falta preguntar, no hacía falta comentar la derrota o las heridas; entre ellos, esas cosas se entendían sin necesidad de ponerles voz.
Cuando Sigurd habló, Ubbe simplemente asintió con naturalidad, aceptando su papel sin cuestionarlo, como siempre había sido. Se giró hacia la cubierta mientras se tronaba el cuello, dejando escapar un leve crujido antes de ponerse en marcha.
- A tus órdenes, ¡captain!
Sus movimientos eran pesados, pero precisos, casi automáticos, como si el cuerpo recordara por sí solo lo que tenía que hacer. Las manos recorrieron cuerdas, tensaron velas y ajustaron cada detalle necesario mientras el barco empezaba a responder, sacudiéndose la arena acumulada y dejándose llevar de nuevo por el viento. El Verlfolnir crujió con fuerza, como despertando de un largo letargo, y poco a poco volvió a avanzar, recuperando su propósito.
Durante unos segundos, el silencio se instaló entre ellos, un silencio cómodo, como si todo hubiera vuelto a la normalidad. Ubbe siguió trabajando mientras hablaba, sin girarse, con un tono más bajo pero cargado de intención.
- Oye… tenemos que hablar, baby, hay algo que quiero enseñarte, my man, vas a flipar, pero primero nos vamos, dont worry!
Alzó la vista hacia el mástil, evaluando el entorno con calma, y dejó que una sonrisa se dibujara en su rostro, una de esas que mezclaban confianza con ese punto salvaje que nunca abandonaba su forma de ser.
El viento terminó de llenar las velas, el barco tomó rumbo con decisión y el horizonte volvió a abrirse ante ellos. Sin necesidad de más palabras, sin necesidad de mirar atrás, ambos sabían exactamente lo que significaba.
El Ragnarök volvía a zarpar.
Y apareció.
Cuando la figura de Sigurd emergió entre la arena, Ubbe no se sorprendió, ni se tensó, ni siquiera se movió de inmediato. Simplemente lo observó acercarse, con una media sonrisa que nacía más de la confirmación que de la sorpresa, como si todo estuviera ocurriendo exactamente como debía. El estado en el que llegaba no le hacía falta analizarlo demasiado; bastaba una mirada para entender que tampoco lo había tenido fácil, que la batalla había sido dura y que, aun así, seguía en pie.
- Ya era hora, baby…
No hubo prisas en el encuentro, ni gestos innecesarios. Cuando Sigurd subió a cubierta, Ubbe ya estaba frente a él, sólido, presente, extendiendo el brazo sin dudar. El choque de antebrazos fue firme, seco, cargado de significado, una forma de hablar sin palabras, de confirmar que seguían siendo los mismos, que nada esencial había cambiado pese a todo lo que habían pasado.
- ¡...Muere con gloria!
El agarre duró lo justo antes de soltarse, y Ubbe dio un paso atrás sin romper del todo la cercanía, observándolo un instante más con una sonrisa que mezclaba orgullo y complicidad. No hacía falta preguntar, no hacía falta comentar la derrota o las heridas; entre ellos, esas cosas se entendían sin necesidad de ponerles voz.
Cuando Sigurd habló, Ubbe simplemente asintió con naturalidad, aceptando su papel sin cuestionarlo, como siempre había sido. Se giró hacia la cubierta mientras se tronaba el cuello, dejando escapar un leve crujido antes de ponerse en marcha.
- A tus órdenes, ¡captain!
Sus movimientos eran pesados, pero precisos, casi automáticos, como si el cuerpo recordara por sí solo lo que tenía que hacer. Las manos recorrieron cuerdas, tensaron velas y ajustaron cada detalle necesario mientras el barco empezaba a responder, sacudiéndose la arena acumulada y dejándose llevar de nuevo por el viento. El Verlfolnir crujió con fuerza, como despertando de un largo letargo, y poco a poco volvió a avanzar, recuperando su propósito.
Durante unos segundos, el silencio se instaló entre ellos, un silencio cómodo, como si todo hubiera vuelto a la normalidad. Ubbe siguió trabajando mientras hablaba, sin girarse, con un tono más bajo pero cargado de intención.
- Oye… tenemos que hablar, baby, hay algo que quiero enseñarte, my man, vas a flipar, pero primero nos vamos, dont worry!
Alzó la vista hacia el mástil, evaluando el entorno con calma, y dejó que una sonrisa se dibujara en su rostro, una de esas que mezclaban confianza con ese punto salvaje que nunca abandonaba su forma de ser.
El viento terminó de llenar las velas, el barco tomó rumbo con decisión y el horizonte volvió a abrirse ante ellos. Sin necesidad de más palabras, sin necesidad de mirar atrás, ambos sabían exactamente lo que significaba.
El Ragnarök volvía a zarpar.
![[Imagen: ksMOGZu.png]](https://i.imgur.com/ksMOGZu.png)
