Marea Roja [Presente relativo - T1] [Priv. Morana]
#1
Isla de Samba
Día 80 de verano, año 17


6:30 p.m.


En el puerto mercante de la Isla de Samba el día empieza a abrirle paso a la noche. El ir y venir de los lugareños disminuye ahora que las últimas luces del día pintan las maderas del muelle y los barcos anclados; poco a poco solo quedan los marineros, tripulantes de los varios barcos comerciales que están anclados, dispuestos a pasar la noche antes de que, a la mañana siguiente, empiecen una nueva travesía.
 
La rutina, a simple vista, para cualquiera que no conozca las actividades del puerto, parece normal; sin embargo, para aquellos que saben como funcionan las cosas, algo resalta a la vista: los barcos más grandes están custodiados por soldados rasos de la marina y, los más pequeños, tienen a uno o dos sujetos en las afueras del barco que, más que marinos, parecen guardias; pero no todos corrieron con la misma suerte: El Estrela do Meio-dia está protegido solo por su pequeña tripulación.

El barco, una goleta cuya bodega estaba repleta de licores que debían ser llevados a la isla más cercana, era dirigido por un joven capitán, Gabriel Arcanjo, un hombre de 28 años que apenas hace un par de meses había cumplido su sueño de empezar con un negocio licorero, por eso ahora capitaneaba el barco mercante más pequeño de Samba, junto con su tripulación de 4 hombres, todos igual o más jóvenes, sin experiencia bélica alguna, aunque con la suficiente en navegación para viajar a puertos cercanos en el South Blue.

Ninguno de ellos creyó que para salir al mar se necesitaría saber pelear en verdad, aunque con el auge de la piratería en el South Blue, las cosas parecían haber cambiado y el puerto de Samba era testigo de ello.

No sería la primera vez que asaltaran un barco comercial en las últimas semanas, por ello los comerciantes con más influencia habían convencido a otros para vigilar sus naves y atacar a cualquiera que se viera sospechoso y, claro, estos mercantes también tenían los mejores espacios en el puerto, los más concurridos e iluminados...pero la tripulación de Gabriel no tenía la misma suerte.

Estaban en la esquina del puerto, alejados del muelle principal y de la mayoría de los barcos que aún estaban anclados. Su goleta, durante la noche, apenas y resaltaría en la oscuridad, pues los faroles principales no llegaban a darle tanta luz, por eso debían, ellos mismos, encender la mayor cantidad de luces del barco y, por supuesto, estar alertas ante cualquiera que pensara asaltarlos, a fin de cuentas, por lo que escucharon, esos piratas solían llevarse toda la mercancía y dejar los navíos ajenos casi destruidos…Ninguno quería eso, no cuando apenas empezaban a surcar los mares.

Gabriel, su capitán, quería ser positivo, pero tenía un mal presentimiento, uno que se acrecentó cuando la marina le cerró las puertas, descartando su caso y, los guardias privados cobraban precios exorbitantes para vigilar una noche, precios que significarían el sueldo de al menos dos de sus tripulantes…Al final no tuvo más remedio que contarle a sus compañeros la situación y ellos, con gusto, se ofrecieron a vigilar la nave junto a su capitán.

Cada uno, aprovechando las últimas luces del día, se encargó de prepararse. Uno de ellos logró conseguir un arma, era de su padre, los otros consiguieron un par de espadas, Gabriel se quedó con una, otro de sus tripulantes con otra y, los otros dos solo se hicieron con unos palos largos de madera que pensaban usar para golpear a cualquiera que quisiera meterse con ellos. Era todo lo que tenían para defenderse, pero ninguno de ellos parecía tener miedo de defender lo que era suyo. Con ese pensamiento en mente, cada uno tomó su lugar en el barco: uno en el puesto de vigía, otro en la popa, uno en babor, otro en estribor y, por último, su capitán en la popa del barco, vigilando desde ahí con un catalejo.

Todos esperaban que la noche fuera tranquila…pero no podían estar más equivocados.


10:45 p.m.


La actividad del puerto había disminuido casi por completo, solo alguno que otro borracho se tambaleaba por los maderos del muelle. Los tripulantes de otros barcos, lejanos del Estrela do Medio-dia, dormían tranquilos, siendo conscientes de que sus navíos estaban protegidos; sin embargo, la tripulación de Gabriel aún seguía atenta a cada lado del muelle y del mar, esperando cualquier cosa que perturbara su paz…una que no tardó en romperse.

Uno de los tripulantes fue el primero en caer, específicamente el que estaba en estribor, lo único que sintió el hombre fue un pinchazo en su cuello que lo hizo caer al mar con un sonoro splash que alertó al resto de sus compañeros, incluyendo a su capitán.

—¡Hombre al agua! —El que estaba a babor fue quien más rápido llegó hacia estribor, miró hacia el agua, en donde su compañero luchaba contra la marea alta para mantenerse a flote o, en su defecto, nadar hacia la costa. Su primer pensamiento fue buscar una cuerda para auxiliarlo, pero antes de que pudiera moverse, algo o alguien lo tomó por el cuello y lo siguiente que supo fue que, al igual que su amigo, terminó también en el agua.

—¡Ayuden a sus compañeros! —El capitán, viendo la situación y temiendo lo peor, sacó la espada que le habían entregado, mientras que los otros dos intentaban, con una cuerda, sacar a sus compañeros del mar, pero, de nuevo, el destino no estuvo de su lado, alguien salió del agua y saltó sobre su capitán, alertando a los dos que quedaban sobre el barco.

El agarre fue directo al cuello del joven capitán, quien se quejó, sin poder evitarlo, cuando su espalda chocó con la madera del muelle, aunque no pudo gritar, pues una mano azulada y mucho más grande que la de él, lo sujetaba con fuerza.

—Sssssh…No te haré mucho daño si cooperan conmigo —. Una voz femenina se dejó escuchar en un susurro que le heló la sangre a Gabriel. El hombre solo alcanzó a alzar su mano para colocarla en la muñeca de la ¿Mujer pez? No estaba seguro, nunca había visto a un gyojin antes. —No, no lo intentes, tus compañeros sufrirán las consecuencias en manos de mis hombres si piensas en liberarte.

La mujer sujetó con más firmeza a Gabriel, haciendo que se girara para sujetarlo de la nuca y luego alzarlo del suelo, haciendo que el joven capitán pudiera observar directo a su barco, quedando, ambos, de espalda al caminito oscuro que unía el muelle con el pueblo. En esa posición, el capitán se encontró con la visión de que sus compañeros, los que seguían a bordo, tenían una espada amenazando con cortarles el cuello: un humano y otro gyojin los habían atrapado, pero eso no era suficiente para la gyojin. Ella sentía que algo estaba mal, que todo había sido demasiado fácil, además…sentía el olor de otra persona cerca…muy cerca.

—Jmmm…dime algo… ¿Por qué siento que hay alguien más contigo además de esos cuatro?

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Bitácora del Capitán
[Imagen: hyakocheja.png]
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Marea Roja [Presente relativo - T1] [Priv. Morana] - por Hyákinthos - 02-04-2026, 07:29 AM

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