04-04-2026, 12:40 PM
Kibai observó la concha que Seraphine agitaba alegremente, mirando a la joven con cierta ternura. Desde luego, que aún fuese capaz de alegrarse por aquellas pequeñas cosas de la vida hablaba, y mucho, del carácter de la joven. Ante la nueva frase que había escrito en su cuaderno, el mink se recostó de nuevo sobre la arena, cruzando los brazos detrás de la nuca mientras dejaba volar los recuerdos.
— En la Isla de Roshwan hay una carrera todos los años, cualquiera puede apuntarse. El objetivo es llevar una botella llena de licor desde la salida hasta la cima de una de las montañas de la isla. Allí hay un pequeño templo, y el ganador de la carrera tiene el privilegio de poder depositar la botella como ofrenda para pedir una buena cosecha para ese año. No era mi intención apuntarme, pero mi compañero Joss me convenció para que corriésemos, ya que era la manera de como recién llegados integrarnos un poco más en la isla.
Kibai se guardó para si que en el momento de apuntarse, Joss llevaba unas cuantas jarras de cerveza encima y se había subido a una mesa declarando que serían los ganadores indiscutibles de la carrera. No todos los detalles debían contarse sobre un historia, al fin y al cabo.
— El caso es que en la salida de la carrera, nos dieron las botellas a todos los participantes, y de repente vemos como una de ellas va andando sola por la nieve. Era un Tontatta, Filo, que había decidido participar también. En cuanto al gyojin, era un tripulante de un mercante con bastante mala educación que le pareció adecuado eliminar competencia de la carrera a base de dejar incosnciente a todo el que trataba de adelantarle. Por suerte, en cierto momento, recibió su merecido en forma de rama de árbol contra su cabeza que lo arrojó directamente contra un terraplén y acabó su participación.
Kibai continuó su relato, contándole como Joss, Filo y él se habían apresurado demasiado en la escalada de la montaña, cayendo los tres en el proceso y rompiendo dos de las tres botellas que llevaban, así como la breve lucha que se había producido y que se había detenido con el sonido de las campanas del templo que indicaban que alguien ya había llegado a la meta.
— De modo que lo único que pudimos hacer fue abrir la botella y compartirla entre los tres. La verdad, era un buen sake... Y desde entocnes fuimos amigos. Filo encontró trabajo en la taberna local, en parte porque a los clietnes les hacia mucha gracia ver una bandeja moviendose sola por todo el local.
El mink leyó pacientemente lo que iba escribiendo la joven en su cuaderno, alegrándose que de al menos tuviese a alguien con ella, y si era tan grande como ella contaba, al menos se libraría de la mayoría de porblemas, aunque solo fuese por la intimidación que supondría su presencia.
— Lo cierto es que no tengo más recados que hacer, ya he discutido de sobra con el encargado de la intendencia de la base aquí en Samba, y el barco está cargado con las provisiones para Roshwan, así que considérame oficialmente de vacaciones hasta que nos avisen a través del Den Den Mushi. En cuando al voleibol, necesitaríamos una red y una pelota, aunque es posible que en algún lado haya alguien jugando, no sería complicado encontrarlo, creo yo.
Alzando las piernas hacia el cielo, Kibia se impulsó para ponerse de pie de un salto.
— Aunque soy más de echarme la siesta después de comer que otra cosa, admito que no me vendría mal estirar los músculos un rato. Así que si quieres, damos un paseo y vemos si encontramos algo interesante al resepcto, te parece bien?
