14-11-2023, 09:14 PM
Erika había comprendido el esquema con una claridad cristalina. Su ejecución fue de tal maestría que los dos hombres quedaron completamente hechizados, observándolas de arriba abajo con ojos de fascinación.
-Sí... Claro, preciosa -balbuceó uno de ellos a Erika, mientras sus ojos permanecían fijos en sus labios tentadores. Le dio un codazo a su compañero, que las examinaba con una mezcla de sorpresa y admiración. - ¿Dijiste que el gatito se escapó por dónde exactamente?
Ikirami, con una astucia juguetona, le guiñó el ojo a Erika, asegurándose de que los hombres no lo notaran.
-Justo por allí- respondió, señalando hacia una ventana que revelaba el oscuro interior del almacén vecino. -Estaríamos infinitamente agradecidas si lo encontráis. Y quién sabe... quizás hasta podríamos planear algo divertido juntos, los cuatro, una vez que el pequeño bigotitos esté a salvo.
Con una sonrisa coqueta y traviesa, bajó su mano sugestivamente hacia el escote de su camisa, que apenas contenía sus curvas, para luego descansarla en su cadera.
Los hombres estaban tan embelesados que parecía que iban a babear, imaginándose lo que creían que les aguardaba. Asintieron con prisa y salieron corriendo tras el ficticio gato, entrando al almacén contiguo y desapareciendo de su vista.
Ikirami soltó una carcajada, esta vez más sonora.
-¡Ssshhhssshhhssshhh! Eso ha sido increíble. Tienes un talento natural para esto, ¿verdad?- dijo con una sonrisa maliciosa, guiando a Erika hacia el interior del almacén ahora desocupado.
-Solamente necesitamos echar un vistazo rápido...
Sus ojos recorrieron el espacio. Estanterías repletas de cajas de madera llenas de libros, sacos desbordados de lápices y pilas de pergaminos. Todo parecía en orden a primera vista. Avanzaron más adentro y en el fondo de una caja dañada, notó un destello. Se acercó, apartó algunos libros y descubrió botellas de licor cuidadosamente escondidas bajo capas de literatura.
-Vaya, al final resulta que sí eran contrabandistas -comentó, sosteniendo una de las botellas y examinándola-. Oye, Erika, ¿te gusta el licor de cerezas?
Al girarse hacia ella, Ikirami notó un montón de papeles en una mesita cercana. Mientras esperaba la respuesta de Erika, sus ojos se deslizaron sobre los papeles, buscando alguna pista adicional.
-Sí... Claro, preciosa -balbuceó uno de ellos a Erika, mientras sus ojos permanecían fijos en sus labios tentadores. Le dio un codazo a su compañero, que las examinaba con una mezcla de sorpresa y admiración. - ¿Dijiste que el gatito se escapó por dónde exactamente?
Ikirami, con una astucia juguetona, le guiñó el ojo a Erika, asegurándose de que los hombres no lo notaran.
-Justo por allí- respondió, señalando hacia una ventana que revelaba el oscuro interior del almacén vecino. -Estaríamos infinitamente agradecidas si lo encontráis. Y quién sabe... quizás hasta podríamos planear algo divertido juntos, los cuatro, una vez que el pequeño bigotitos esté a salvo.
Con una sonrisa coqueta y traviesa, bajó su mano sugestivamente hacia el escote de su camisa, que apenas contenía sus curvas, para luego descansarla en su cadera.
Los hombres estaban tan embelesados que parecía que iban a babear, imaginándose lo que creían que les aguardaba. Asintieron con prisa y salieron corriendo tras el ficticio gato, entrando al almacén contiguo y desapareciendo de su vista.
Ikirami soltó una carcajada, esta vez más sonora.
-¡Ssshhhssshhhssshhh! Eso ha sido increíble. Tienes un talento natural para esto, ¿verdad?- dijo con una sonrisa maliciosa, guiando a Erika hacia el interior del almacén ahora desocupado.
-Solamente necesitamos echar un vistazo rápido...
Sus ojos recorrieron el espacio. Estanterías repletas de cajas de madera llenas de libros, sacos desbordados de lápices y pilas de pergaminos. Todo parecía en orden a primera vista. Avanzaron más adentro y en el fondo de una caja dañada, notó un destello. Se acercó, apartó algunos libros y descubrió botellas de licor cuidadosamente escondidas bajo capas de literatura.
-Vaya, al final resulta que sí eran contrabandistas -comentó, sosteniendo una de las botellas y examinándola-. Oye, Erika, ¿te gusta el licor de cerezas?
Al girarse hacia ella, Ikirami notó un montón de papeles en una mesita cercana. Mientras esperaba la respuesta de Erika, sus ojos se deslizaron sobre los papeles, buscando alguna pista adicional.
Karmas
