06-04-2026, 07:08 AM
Un ideal heredado y reinterpretado desde su filosofía absoluta, aquella que no le permitía arrodillarse ante nadie, ni mucho menos creer en su derrota independientemente de los enemigos que tuviese delante. Hasegawa observaba al mundo desde su moral tras haberla cuestionado durante mucho tiempo, fortalecida gracias a una única persona, y con toda la seguridad del mundo para defenderla, quizás por ello no imaginó que encontraría aliados dentro de la marina, considerando que la mayoría responde a lo impuesto por el gobierno mundial sin rechistar. Se sentía un pez fuera del agua, y a veces cuestionaba el haber elegido un bando equivocado cuando presenciaba de primera mano la corrupción, sin embargo, no podía ser de otra manera...
Quien le recordaba destellos del pasado, también creía en la misma causa. Definitivamente el destino entrelaza pasado y presente.
Se giró a Nyra con su misma sonrisa confiada, apreciando el entusiasmo y la seguridad particular con la que habla. Ella es diferente, claro está, aunque comparte la cabezonería de llevar las cosas hasta el punto de conseguir sus objetivos, lo hacía mediante una camaradería pronunciada, y una empatía difícil de ignorar. Es el tipo de chica capaz de hacer que cada persona del mundo se sienta acompañada, aunque en el caso de Shin... bueno, se presentaban cuestiones más complejas de lo que reluce a simple vista.
—Claro que sí, Nyri. Nada de lo que digo es mentira. —sacudió levemente el dedo índice a la altura de su rostro, como un adulto regañando a un menor, nuevamente entrando en el juego de hacer que todas sus palabras representen un enigma, sin dar pistas sobre cuando habla en serio y cuando no. —Tendrás que demostrar estar a la altura. —confirmó entonces, segundos antes de que la interrupción de Glinda hiciera acto de presencia, dirigiendo su mirada hacia ella.
Permitió que Kuroshiro le diga lo que debía, sin embargo, no se quedaría sin aportar su granito de arena a la conversación. —No te preocupes, LinLin. El mundo va a cambiar y tienes delante al culpable, sólo... espera. —apuntó hacia ella, y resultaba evidente que no incluyó a Nyra en ese detonante del cambio que anunciaba.
Sí, le agradaba. Sí, era divertido estar junto a ella y descifrar nuevas formas de hacerse insufrible para la gente. Pero no la veía a su altura, ni tan siquiera la respetaba a un nivel plano de fortaleza. A ojos del albino, Kuroshiro era otra persona que debía proteger de los peligros del mundo.
Lo siguiente fue el ligue con Glinda y la consiguiente reacción, lo que provocó el acercamiento renovado del albino hacia Nyra, sucediendo lo que nunca imaginó causar desde que conoció a la enérgica hija de una pirata. Un sonrojo.
Claro que escuchó los grititos acompañando el momento, para ser sincero no se había enterado de que allí habían otras empleadas, y en primera instancia descartó que fueron ellas las verdaderas culpables. Esa expresión de la chica, sus mejillas rojas haciendo juego con el tono de su cabello y obvio, la tez tan particular de su piel, fueron el premio perfecto para Shin, quien se guardaría aquello como su obra magna contra alguien de temple tan alto.
Ignoró la expresión que puso después, más suave, pues se encargó de probarse la nueva prenda que finalmente se dejó puesta, y al regresar había desaparecido, aunque en él surgieron momentos que volvieron a hundir su de por sí, floja estabilidad emocional. Se encargó de pagarle a Glinda, dejando una cuantiosa propina bastante considerable como recompensa por tolerarlo, y volvió con Nyra, despidiéndose de ella en conjunto y saliendo de la tienda.
Pasaron el suficiente rato allí como para que la brisa nocturna los invadiera al toparse nuevamente con el exterior, y aún mostrando la misma serenidad que antes en su expresión, se giró a la chica cuando reafirmó las palabras que le dirigió a la vendedora, ofreciéndole un paseo adicional. Recordaba que la playa tenía un pequeño mirador desde donde el característico faro de Baterilla se veía espectacular a esas horas, y entonces el plan se le hizo ineludible.
—Y ni así consigo estar a tu altura, que cruel es la vida... —volvió a negar con la cabeza, sus párpados cerrados antes de hacer contacto visual con los ojos azules de Kuroshiro. —Conozco un lugar, está poco antes de llegar a la playa, podríamos ir. —e inició el paseo. Estaban a pocos minutos a pie de la zona, y previo a ello atravesarían un pequeño mercadillo artesanal nocturno, donde la iluminación era cálida y el ambiente bastante festivo. Pese a ello, de momento sólo veían las luces cual luciérnagas a la distancia, envueltos en el manto frívolo de la noche, instante donde el silencio fue llenado por la voz de Nyra, haciendo gala de lo increíblemente perceptiva que era.
Hasegawa permanecía con su bolsa, donde reposaban el resto de sus prendas, y en un principio pareció no inmutarse ante la profundidad de su cuestión, restándole importancia desde el propio gesto tranquilo que mostraba. De todas formas, su calma inusual seguía indicando algo, silencioso, sutil, pero que Nyra era capaz de ver como si fuese un libro abierto.
—Siempre estoy bien, Nyra. —su sonrisa, magnética, se muestra de soslayo. La confianza y ego que lo caracterizan pasan a ser solemnes, reduciendo esa típica explosividad. —¿Y tú? Todavía recuerdo que te pusiste roja antes de que me vaya. —se encoge de hombros, un gesto más bien divertido y cómplice.
—No me digas que ya te estás enamorando de mí... —suspiró, elevando el drama del asunto, redirigiendo la atención con maestría. —Y yo que te veía de la manito con Kael, que problema. —negando con la cabeza vuelve a cerrar los ojos.
Al abrirlos, percibe que el fondo de luces representando el mercadillo artesanal está más cerca.
—Pero esto no deja de ser una cita, así que... tengo que sorprenderte de alguna manera —asintió, antes de sujetar la bolsa con firmeza y entonces... tomarla desprevenida con su desafío.
—¡El primero que llegue a la feria gana! —simplemente se movió, apoderándose del ritmo, torciéndolo a su gusto como siempre parecía hacer. Dueño del mundo bajo su perspectiva, libre para decidir en cada momento, desde cualquier tipo de emoción, y quizás era por haberla recordado, pero entre la calma, su tristeza y las sonrisas resignadas, existía una luz especial.
Al principio sólo fue un paso, súbito, tensando la noche mientras los farolillos a la distancia enmarcaban la silueta del albino, quebrando la quietud del momento, y no tardó en adelantarla. Sus pasos hicieron eco, diluyéndose antes de existir, y en su lugar un fulgor único comenzó a mezclarse con la iluminación a la distancia, como si la luz hubiese decidido seguirlo, o siempre hubiese estado ahí, esperando ser liberada.
Dorado. No brillante, ni invasivo. Cálido, como el recuerdo que lo abrazó mediante las telas sobre su torso.
Kuroshiro lo vería de espaldas al inicio debido a la velocidad, su figura ampliando la distancia entre ambos, mientras ese resplandor comenzaba a trazar líneas suaves en el aire, difuminando sus bordes, haciéndolo menos... tangible. Y en medio de ese desplazamiento imposible, durante un instante tan breve como súbito, Shin se giró para observarla directamente a los ojos. Un perfil, sonriente, mostrándole el símbolo de la victoria con los dedos índice y medio, asomando su lengua con descaro infantil, burlón, como si todo aquello sólo fuese otro de sus interminables juegos.
Como si no hubiese nada más.
Como si nunca hubiese nada más.
Entonces desapareció.
No existieron explosiones, ni sonidos que anticipasen lo que iba a ocurrir, sólo una ausencia que se sintió de inmediato, llevándose consigo la luz que le había mostrado, y el gesto, fundiéndose con los faroles a la distancia. Sólo permaneció la estela que seguía su dirección durante algunos segundos más, antes de disolverse en el camino, encogiéndose sobre sí misma.
Nunca dijo que iba a ser una carrera justa, llegando a la meta antes de que Nyra siquiera se plantease seguirlo, y si lo hacía, se chocaría contra la realidad. Ni en la senda hacia el mercadillo, ni entre el gentío acumulado allí encontraría a Shin. Por un instante parecería que jamás estuvo presente, o que iba a jugarle una broma pesada volviendo a donde se hospedaba sin avisarle.
Escapando, de la pregunta que le hizo, del recuerdo, de sus remordimientos. Como si de pronto, esos ojos azules hubiesen iluminado más que su propia luz, apuntando hacia rincones que quería enterrar en contra de su voluntad. No existirían lágrimas, ni gestos que mostrasen ese dolor a nadie, pero al sentirse expuesto, esa distancia emocional que alza contra el mundo se manifestó con un brillo hermoso, deslumbrante. Durante un pequeño rato no quiso ser encontrado, camuflando el dolor con juegos, sin embargo, seguía ahí, esperando el momento para cumplir con su palabra.
Volver a sorprenderla.
Quien le recordaba destellos del pasado, también creía en la misma causa. Definitivamente el destino entrelaza pasado y presente.
Se giró a Nyra con su misma sonrisa confiada, apreciando el entusiasmo y la seguridad particular con la que habla. Ella es diferente, claro está, aunque comparte la cabezonería de llevar las cosas hasta el punto de conseguir sus objetivos, lo hacía mediante una camaradería pronunciada, y una empatía difícil de ignorar. Es el tipo de chica capaz de hacer que cada persona del mundo se sienta acompañada, aunque en el caso de Shin... bueno, se presentaban cuestiones más complejas de lo que reluce a simple vista.
—Claro que sí, Nyri. Nada de lo que digo es mentira. —sacudió levemente el dedo índice a la altura de su rostro, como un adulto regañando a un menor, nuevamente entrando en el juego de hacer que todas sus palabras representen un enigma, sin dar pistas sobre cuando habla en serio y cuando no. —Tendrás que demostrar estar a la altura. —confirmó entonces, segundos antes de que la interrupción de Glinda hiciera acto de presencia, dirigiendo su mirada hacia ella.
Permitió que Kuroshiro le diga lo que debía, sin embargo, no se quedaría sin aportar su granito de arena a la conversación. —No te preocupes, LinLin. El mundo va a cambiar y tienes delante al culpable, sólo... espera. —apuntó hacia ella, y resultaba evidente que no incluyó a Nyra en ese detonante del cambio que anunciaba.
Sí, le agradaba. Sí, era divertido estar junto a ella y descifrar nuevas formas de hacerse insufrible para la gente. Pero no la veía a su altura, ni tan siquiera la respetaba a un nivel plano de fortaleza. A ojos del albino, Kuroshiro era otra persona que debía proteger de los peligros del mundo.
Lo siguiente fue el ligue con Glinda y la consiguiente reacción, lo que provocó el acercamiento renovado del albino hacia Nyra, sucediendo lo que nunca imaginó causar desde que conoció a la enérgica hija de una pirata. Un sonrojo.
Claro que escuchó los grititos acompañando el momento, para ser sincero no se había enterado de que allí habían otras empleadas, y en primera instancia descartó que fueron ellas las verdaderas culpables. Esa expresión de la chica, sus mejillas rojas haciendo juego con el tono de su cabello y obvio, la tez tan particular de su piel, fueron el premio perfecto para Shin, quien se guardaría aquello como su obra magna contra alguien de temple tan alto.
Ignoró la expresión que puso después, más suave, pues se encargó de probarse la nueva prenda que finalmente se dejó puesta, y al regresar había desaparecido, aunque en él surgieron momentos que volvieron a hundir su de por sí, floja estabilidad emocional. Se encargó de pagarle a Glinda, dejando una cuantiosa propina bastante considerable como recompensa por tolerarlo, y volvió con Nyra, despidiéndose de ella en conjunto y saliendo de la tienda.
Pasaron el suficiente rato allí como para que la brisa nocturna los invadiera al toparse nuevamente con el exterior, y aún mostrando la misma serenidad que antes en su expresión, se giró a la chica cuando reafirmó las palabras que le dirigió a la vendedora, ofreciéndole un paseo adicional. Recordaba que la playa tenía un pequeño mirador desde donde el característico faro de Baterilla se veía espectacular a esas horas, y entonces el plan se le hizo ineludible.
—Y ni así consigo estar a tu altura, que cruel es la vida... —volvió a negar con la cabeza, sus párpados cerrados antes de hacer contacto visual con los ojos azules de Kuroshiro. —Conozco un lugar, está poco antes de llegar a la playa, podríamos ir. —e inició el paseo. Estaban a pocos minutos a pie de la zona, y previo a ello atravesarían un pequeño mercadillo artesanal nocturno, donde la iluminación era cálida y el ambiente bastante festivo. Pese a ello, de momento sólo veían las luces cual luciérnagas a la distancia, envueltos en el manto frívolo de la noche, instante donde el silencio fue llenado por la voz de Nyra, haciendo gala de lo increíblemente perceptiva que era.
Hasegawa permanecía con su bolsa, donde reposaban el resto de sus prendas, y en un principio pareció no inmutarse ante la profundidad de su cuestión, restándole importancia desde el propio gesto tranquilo que mostraba. De todas formas, su calma inusual seguía indicando algo, silencioso, sutil, pero que Nyra era capaz de ver como si fuese un libro abierto.
—Siempre estoy bien, Nyra. —su sonrisa, magnética, se muestra de soslayo. La confianza y ego que lo caracterizan pasan a ser solemnes, reduciendo esa típica explosividad. —¿Y tú? Todavía recuerdo que te pusiste roja antes de que me vaya. —se encoge de hombros, un gesto más bien divertido y cómplice.
—No me digas que ya te estás enamorando de mí... —suspiró, elevando el drama del asunto, redirigiendo la atención con maestría. —Y yo que te veía de la manito con Kael, que problema. —negando con la cabeza vuelve a cerrar los ojos.
Al abrirlos, percibe que el fondo de luces representando el mercadillo artesanal está más cerca.
—Pero esto no deja de ser una cita, así que... tengo que sorprenderte de alguna manera —asintió, antes de sujetar la bolsa con firmeza y entonces... tomarla desprevenida con su desafío.
—¡El primero que llegue a la feria gana! —simplemente se movió, apoderándose del ritmo, torciéndolo a su gusto como siempre parecía hacer. Dueño del mundo bajo su perspectiva, libre para decidir en cada momento, desde cualquier tipo de emoción, y quizás era por haberla recordado, pero entre la calma, su tristeza y las sonrisas resignadas, existía una luz especial.
Al principio sólo fue un paso, súbito, tensando la noche mientras los farolillos a la distancia enmarcaban la silueta del albino, quebrando la quietud del momento, y no tardó en adelantarla. Sus pasos hicieron eco, diluyéndose antes de existir, y en su lugar un fulgor único comenzó a mezclarse con la iluminación a la distancia, como si la luz hubiese decidido seguirlo, o siempre hubiese estado ahí, esperando ser liberada.
Dorado. No brillante, ni invasivo. Cálido, como el recuerdo que lo abrazó mediante las telas sobre su torso.
Kuroshiro lo vería de espaldas al inicio debido a la velocidad, su figura ampliando la distancia entre ambos, mientras ese resplandor comenzaba a trazar líneas suaves en el aire, difuminando sus bordes, haciéndolo menos... tangible. Y en medio de ese desplazamiento imposible, durante un instante tan breve como súbito, Shin se giró para observarla directamente a los ojos. Un perfil, sonriente, mostrándole el símbolo de la victoria con los dedos índice y medio, asomando su lengua con descaro infantil, burlón, como si todo aquello sólo fuese otro de sus interminables juegos.
Como si no hubiese nada más.
Como si nunca hubiese nada más.
Entonces desapareció.
No existieron explosiones, ni sonidos que anticipasen lo que iba a ocurrir, sólo una ausencia que se sintió de inmediato, llevándose consigo la luz que le había mostrado, y el gesto, fundiéndose con los faroles a la distancia. Sólo permaneció la estela que seguía su dirección durante algunos segundos más, antes de disolverse en el camino, encogiéndose sobre sí misma.
Nunca dijo que iba a ser una carrera justa, llegando a la meta antes de que Nyra siquiera se plantease seguirlo, y si lo hacía, se chocaría contra la realidad. Ni en la senda hacia el mercadillo, ni entre el gentío acumulado allí encontraría a Shin. Por un instante parecería que jamás estuvo presente, o que iba a jugarle una broma pesada volviendo a donde se hospedaba sin avisarle.
Escapando, de la pregunta que le hizo, del recuerdo, de sus remordimientos. Como si de pronto, esos ojos azules hubiesen iluminado más que su propia luz, apuntando hacia rincones que quería enterrar en contra de su voluntad. No existirían lágrimas, ni gestos que mostrasen ese dolor a nadie, pero al sentirse expuesto, esa distancia emocional que alza contra el mundo se manifestó con un brillo hermoso, deslumbrante. Durante un pequeño rato no quiso ser encontrado, camuflando el dolor con juegos, sin embargo, seguía ahí, esperando el momento para cumplir con su palabra.
Volver a sorprenderla.
Let there be light
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