07-04-2026, 06:45 AM
(Última modificación: 07-04-2026, 06:47 AM por Ryota Miyamoto.)
Escucharlo aceptar que cuidaría del resto generó un gesto de grato alivio en la expresión de Ryota, como si terminara de evaluar al chico de cabellos negros. El solo hecho de que admitiera sin ningún pero el cuidar de otros le confirmaba lo que ya sospechaba, no era un mal tipo.
Desde su primera interacción lo supo. Aun cuando pelearon codo a codo, entendió que era el tipo de persona con quien deseas contar tanto en los buenos como en los malos momentos. Ya fuera por una vida pasada, un recuerdo lejano o una familiaridad innegable, el de ojos rojos era alguien que le inspiraba confianza, la suficiente como para encomendarle su mayor tesoro: la promesa de un viaje asombroso.

“No me molestaría que todos fueran más fuertes que yo, kekeke así me pondrían las cosas más fáciles.”
Respondió sin presión alguna y de forma descarada. “Sin embargo, ser débil representa el final del juego, así que puedes contar con que estaré a la altura.” Sonrió, ahora observando cómo su nuevo compañero de viaje extendía su arma con la determinación de un samurái.
La sorpresa inundó el rostro del castaño ante el inicio de una nueva rivalidad. Como si se tratara de dos pequeños jugando, el de hebras negras lanzó un reto sin final, uno que los involucraba a ambos y al igual que inocentes mentes los llevaría a buscar la fuerza necesaria para superar al otro.
Ryota no era una persona que compitiera con la idea de la fuerza, pero incluso él sentiría la seriedad de cabellos azabaches. No eran palabras vacías, era la necesidad de evolucionar la que hablaba, el deseo de mantener sus ambiciones pese a ir bajo la misma bandera y eso, era algo que todo hombre debía respetar.
El sueño de Barald fue expuesto, sorprendiendo aún más a su contrario. No solo sonaba genial, también era genial, la forma en que lo dijo, como sostenía su arma y la convicción en los ojos harían entender a cualquiera que hablaba con toda honestidad.

“Eres genial, bro.”
Alabo la determinación de su nuevo tripulante… no, de su nuevo amigo.
Entonces, Ryota se levantó sobre el barandal y cruzó los brazos, dispuesto a competir con las palabras de Barald, como si se tratara de dos niños sinceros jugando con los prometedores futuros que tenían por delante.
“En ese caso, cuando el día llegue y te conviertas en esa espada, cuando tu voluntad sea tan grande que reine por sobre todos los mares…” Inicio sonriente con una expresión desafiante…

“¡Yo seguiré haciendo lo que me plazca! ¡aun en contra de tu voluntad o la de cualquier otro! ¡Haré siempre lo que quiera! Kekeke”
El fuerte grito de Ryota llamó la atención de los transeúntes que pasaban mucho más debajo del mirador, creyendo que solo se trataba de un borracho más, diciendo tonterías.
