Un Mink de palabra [ Pasado Social | Asherah
#5
Definitivamente, había pasado demasiado tiempo, pensó Kibai mientras miraba a Asherah desde lo alto del tejado, la larga melena plateada, en esta ocasión recogida en una coleta alta que despejaba el rostro de la Lunarian y la hacía ver más joven, menos formal que cuando se habían conocido en la Isla Kárate. La joven reaccionó con un pequeño escalofrío ante su saludo, y el mink sonrió al ver como la piel cercana al nacimiento de sus alas se estremecía.

Asherah miró a ambos lados antes de darse cuenta de la sombra que la cubría, girándose hacia Kibai. La lunarian alzó la vista hacia él, y tras un momento de sorpresa inicial, ella sonrió, y el mink notó como su corazón se inflaba de repente, mientras aquella vocecilla interna que no había vuelto a escuchar desde hacía tanto tempo (y que curiosamente hablaba con el mismo tono del malhumorado oficial de cubierta del barco que lo había rescatado de las aguas cercanas a Zou) le chillaba que era un marine, que se iba al Grand Line al día siguiente, y que era una locura dejarse la caebza en el South Blue.

No obstante, una segunda mirada a los iris de color aguamarina de Asherah bastaron para que el corazón de Kibai iniciase un motín y encerrase a su vocecilla interior en la sentina. El mink tragó saliva, respirando su aroma con fruición.

— ¿Vas a quedarte ahí arriba o… no pensás bajar a saludar como corresponde?

No tuvo que decírselo dos veces. Con un pequeño impulso Kibai se dejó caer hacia delante, directamente hacia los brazos de la lunarian. Con cuidado de no hacerle daño, el mink se ancló en una de las cadenas doradas del bikini de Ashera, rodeando con su cola la estrecha cintura y pasando uno de sus brazos alrededor del cuello de la joven, mientras de con el dorso de la otra rozaba levemente la cálida piel de su mejilla.

Definitivamente, aquella isla le sentaba bien a la Lunarian, Sus ojos tenían un tono más vivo, su piel brillaba como la teca encerada, y su rostro parecía más vivo y alegre que en Kárate, al menos cuando se habían conocido en el puesto de joyas de la joven.

— Hola, Ashe...

Maldita sea, si que la había echado de menos...

— Te he extrañado mucho, más de lo que me gustó admitir en un principio cuando el Royal Quiver partió de Isla Kárate.

En cualquier otra ocasión, el tener literalmente la mitad de su cuerpo pegado al busto de Asherah hubiese bastado para que la cabeza de Kibai dejase de funcionar del todo y le cediese el paso a su instinto más voraz, pero esta no era cualquier ocasión. Había una promesa que se tenía que cumplir.

— Allá arriba, en la cima de la montaña, recuerdas? Te dije que te volvería a encontrar. Admito que fue algo más complicado de lo que debería y me ha costado una riña con tres señoras de una respetable edad y malos modales, pero había una promesa que cumplir...

Kibai se separó lentamente al rostro de Ashera, rozando con sus dedos su barbilla para encarar su boca con la suya envolviéndose en el aroma que le había llevado ya no una, sino dos veces, hasta ella.

Y yo soy un mink de palabra.

El beso sació a Kibai como un trago de agua fresca tras pasar todo un día de caminata bajo el sol. Tras unos instantes que se le asemejaron eternos, en los que el mundo alrededor de la cabaña parecía haberse silenciado, dejando que solo el murmullo rítmico del río Samba y el eco lejano de los tambores de la orilla sur, el mink despegó su boca de los labios de Asherah, soltadno también su cola enroscada en su talle, y se dejó resbalar con suavidad desde el abrazo de la Lunarian, hasta que sus pies tocaron la madera recalentada por el sol, devolviéndolo de manera tanto metafórica como literal a la tierra.

Carraspeando, mientras una sensación de incomodidad repentina le invadía al haberse mostrado tan fuera de sí mismo, alzó la cabeza mirando haca la joven.

—En fin, vaya cambio de escenario, señorita — comentó Kibai, mientras se acomodaba contra la pared de la cabaña, dejando espacio para su morral. — He pasado la tarde escuchando a las gentes de la orilla norte hablar de una "gigante inaccesible" que cobra una fortuna en oro. Y aquí te encuentro...

Llevando una mano hacia su costado, el mink agitó levemente su morral.

— Como sospechaba que no estarías para banquetes de gala, me he tomado la molestia de hacer la compra para el camino. Me ha costado casi una declaración de guerra con un frutero, pero mi olfato me dice que ha valido la pena el esfuerzo.

A pesar de la ligereza de sus palabras, Kibai no podía evitar que la realidad de la División 84 flotara en el fondo de su mente como una boya a la deriva. Sabía que el convoy de mercantes que debían acceder al Grand Line no era una misión del todo ordinaria. Las cajas pesadas, la vigilancia extrema de agentes del Gobierno, el secretismo... todo aquello apestaba a una de esas maniobras del Gobierno Mundial. Y sus compañeros y él iban a tener que ir con ellos.

— Bueno, cuéntame, como estás? Qué tal te trata la isla? Mi barco ha llegado hace unas horas...

Un nudo de realismo atenazó las entraña de Kibai e hizo morir las palabras en su boca. Aquel reencuentro corría a contrarreloj, era un reloj de arena con sus últimos granos deslizándose, y esta vez, se temió Kibai, la separación si podría ser definitiva.

— Despierta, mameluco!! — le gritó su vocecilla interna desde su prisión. — Salvo con un acorazado de la Marina, no podrás volver al South Blue. Esta será la última vez que la veas.

Acaso aquello era cierto? Kibai se obligó a sonreir a la vez que daba un par de palmadas sobre su bolsa, apartando aquellas nubes negras de su pensamiento, mientras su cola se agitaba de lado a lado.

— Dime al menos que tienes hambre y voy a poder lucirme lo que no pude en Karate. De lo contrario habré tardado en llegar para nada... No hace tiempo para un guiso como el que comimos, pero te aseguro que he encontrado un más que digno sustituto para las bolas de arroz y las uvas rojas.
[Imagen: gvCFAP2.png]
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RE: Un Mink de palabra [ Pasado Social | Asherah - por Kibai - 08-04-2026, 09:08 PM

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