08-04-2026, 10:59 PM
Ante su toque en mi nariz, mi risa vuelve a escapar con suavidad, dejando al fin de quedar contenida tras mencionar cómo estuve llamando la atención. ¡Es tan divertido poder bromear con alguien de esta manera! La verdad es que no podría alegrarme más de tenerlo como compañero de división. Aunque, por supuesto, ¡eso no iba a significar que fuera a dejar pasar ese abucheo!
―Sí que soy ligerita, ¡pero por eso mismo no quiero que me cargues! ―reprocho con falso pique, intentando tocarle la nariz un instante, tal y como él hizo, antes de que deje de sacar la lengua―. ¡No voy a consentir que nadie me quite el mérito de llegar hasta allí! Sobre todo, porque no es la única cima a la que voy a subir~.
Reí de nuevo con aquella última frase, sabiendo que no sabría a qué me refería, si es que siquiera le daba alguna importancia. Por supuesto, esa cima no es la del poder; hay millones de personas más fuertes de lo que yo jamás podría llegar a ser, incluido el propio Shin. No. Mi cima es una muy distinta.
Y, por supuesto, él también jugaría con el misterio sobre si echaría a correr nuevamente o no. Obviamente, la ignoré (incluso si se atrevía a volver a huir, ¡correría de nuevo tras de él!), y no tardó en mencionar nuevamente que todo se le daba bien. Casi estaba consiguiendo que me pusiera el reto personal de encontrar algo que se le diera mal (dibujar, cantar, hacer croché… ¡algo tenía que haber!), pero esa sería una conversación para otro momento.
―¿De verdad~? ―inquirí con el reto en la mirada, acelerando ligeramente para alcanzar el ritmo de sus pasos, buscando sus iris celestes con los míos aguamarina―. Pues entonces, te compensaré por tu victoria en la carrera el día que me cocines si preparas algo que esté a la altura de mi comida, ¡así que esperaré con ganas tu mejor plato!
Vale, sí, lo admito… ¡Ha conseguido causarme mucha curiosidad sobre qué será capaz de hacer en la cocina!
Pero ya no pude contener durante mucho más aquel pequeño comedero de coco, y me atreví a hacer aquella pregunta sobre los celos para tantear el terreno. Mi intención era una muy concreta y… no me esperé en absoluto que fuera a desembocar en una confesión tan directa.
Lo observé sin girar demasiado el rostro, pero sin apartar un instante la mirada sobre él. Por un instante, volvieron a mí los recuerdos de aquella misma tarde, cuando insistió en que esto fuera una cita, y más tarde cuando intentó ligar con LinLin, como él la llamó. Para él, habría sido infinitamente más fácil dar cualquier otro tipo de respuesta. Habría sido infinitamente más fácil mentir volviendo a hablar de bodas o haciendo un comentario que volviera a hacerlo ver como un picaflor. Pero no. En su lugar dijo algo completamente distinto a las mentiras que había contado toda la tarde, y fue precisamente por eso que lo creí. Sonaba demasiado real... porque, a veces, una historia puede llegar a marcar tanto que uno simplemente necesita distraerse. ¿Quizás… era a eso a lo que le tenía miedo?
No pude evitar preguntarme cuántas personas sabrían aquello sobre él… y por qué había decidido contarme eso precisamente a mí. Por supuesto, no lo diría en voz alta. Inevitablemente, una pequeña semilla de culpa se había instalado en mi pecho por haberle hecho pensar en cosas que quizás habría preferido no recordar…
Un error que no tardaría en remediar… y él me abrió la puerta a hacerlo con sus nuevos elogios.
Mi sonrisa, que durante aquellos segundos había comenzado a cerrarse como una flor durante la noche, despertó de nuevo al tiempo que volvía a mirar al frente.
―¡Oye, que no soy tan egocéntrica! ―me quejé, aunque sin el menor atisbo de pique en esta ocasión―. La verdad es que estaba un poco preocupada por que pudiera haber causado accidentalmente algún tipo de malentendido o que alguien sintiera que estoy priorizando a unos por encima de otros. ¡Me alegra mucho que no sea el caso!
Con la paz interior que me había dado pronunciar aquellas palabras y lo cómoda que me estaba sintiendo a su lado, me atreví a preguntar más sobre él. Pensé que indagar sobre sus sueños harían aún más agradable aquella conversación, especialmente siendo él tan directo respecto a la mayoría de cosas que se le pasaban por la cabeza… pero, por primera vez, titubeó. Un suspiro y una breve negación.
Su sonrisa reapareció casi de inmediato, y la mía permaneció sola en el rostro conforme explicaba. Me encantaba escuchar de labios de alguien más una aspiración tan similar a la que tanto tiempo había guardado bajo llave en mi propio pecho. La influencia del poder en la existencia de los piratas. La razón y peligros que conlleva el bando de los revolucionarios. La estabilidad de una ley ya impuesta y respetada como puerta a un cambio real a largo plazo.
Resultaba… liberador. Tanto como el rumor de las olas que ya se escuchaban desde la playa.
Ya lejos de las luces del mercadillo, las estrellas parecían brillar mucho más, adornando la noche al paso de la luz del faro en un bonito baile. Algunas parecían incluso haber caído cerca, simulando ser luciérnagas sobrevolando la suave arena que se veía recorriendo la isla a los pies del mirador.
Las turquesas de mis iris observaban todo con calma curiosidad, queriendo grabar para siempre aquella imagen, la sensación del viento agitando suavemente el cabello, el aroma a sal sobre la piel que a ratos se mezclaba con el característico perfume que siempre lo acompañaba…
―Esto es precioso… ―suspiré, sólo audible para él, apoyando los brazos sobre la madera, cerca de mi cuerpo, inclinándome ligeramente hacia delante dejando caer las manos enlazadas hacia la playa―. Gracias por traerme aquí, Shin.
El silencio se instaló agradablemente entre los dos, creando una pequeña burbuja que pareciera conformar nuestro propio mundo al margen del de nuestro alrededor.
―¿Y tú, Nyri? ―Cuando Shin habló, no rompió la magia. Muy al contrario, cuando mis iris buscaron los suyos, cayeron atrapados en su propio mar―. ¿Por qué te hiciste marine?
Mis labios se curvaron ligeramente en una sonrisa sutil.
―Porque aunque hay algún pirata bueno, otros parecen reunir todos los males. Porque si ellos vencieran a la Marina, reinaría el caos y la violencia por el poder en todas las islas. ―Cuando hablé, lo hice con tanta suavidad que, si no pudiera escucharme perfectamente por estar a mi lado, la brisa bien podría haber robado mis palabras―. Porque los revolucionarios tienen buenos ideales que, con su método, sólo podrían implementarse tras la sangre de miles de inocentes en una larguísima guerra. Porque la Marina no es perfecta, pero es respetada y seguida en todos los mares. Porque está formada por marines y estos son los únicos con alguna posibilidad de cambiarla. Porque ser el cambio desde dentro es la única manera de evitar toda la sangre inocente que se pueda.
Mis pupilas quedaron imantadas a las suyas, transmitiendo toda mi seriedad. Mi deseo. Mi convicción.
Pasados unos segundos, sin embargo, una suave risita alimentada por un miedo intrusivo me hizo apartar la mirada, primero hacia abajo; después, hacia el mar.
―Te prometo que no te estoy copiando… ―respondí yo sola al pensamiento que temí que se le estuviera pasando por la cabeza. Hablé mientras pasaba todo mi cabello al lado opuesto de donde se encontraba él sólo por tener algo que hacer con las manos―. Es sólo que… esta es la primera vez que conozco a alguien que verdaderamente comparte mi ideal. Y sé lo que piensas. Y es verdad. Nunca seré tan fuerte como otros… incluido tú. ―No se me había olvidado la manera en la que, mientras estábamos en la tienda, había querido cargarse él con toda esa responsabilidad. Finalmente me rendí ante el ligero viento, dejando escapar mis cabellos para que pudiera jugar con ellos―. Pero quizás no necesite llegar a ese nivel de poder. Quizás haya otras formas de lograrlo. Puedo pasar desapercibida, intentar infiltrarme, llegar a acuerdos, utilizar mis conocimientos sobre la ley…
Sólo entonces, a la luz de las luciérnagas, mis aguamarinas volvieron a buscar aquel misterioso brillo cerúleo.
―Shin, de verdad que quiero formar equipo contigo. Entiendo que no quieras porque tengo aún mucho que aprender… pero espero poder demostrarte algún día que puedes contar conmigo para llegar a donde tu inevitable fama no te lo termine permitiendo, o cuando se necesite tu poder en otro lado.
Sonreí entonces de nuevo, más alegre, más honesta, más viva.
―Me alegro mucho… de poder compartir división contigo. De haber podido conocerte.
―Sí que soy ligerita, ¡pero por eso mismo no quiero que me cargues! ―reprocho con falso pique, intentando tocarle la nariz un instante, tal y como él hizo, antes de que deje de sacar la lengua―. ¡No voy a consentir que nadie me quite el mérito de llegar hasta allí! Sobre todo, porque no es la única cima a la que voy a subir~.
Reí de nuevo con aquella última frase, sabiendo que no sabría a qué me refería, si es que siquiera le daba alguna importancia. Por supuesto, esa cima no es la del poder; hay millones de personas más fuertes de lo que yo jamás podría llegar a ser, incluido el propio Shin. No. Mi cima es una muy distinta.
Y, por supuesto, él también jugaría con el misterio sobre si echaría a correr nuevamente o no. Obviamente, la ignoré (incluso si se atrevía a volver a huir, ¡correría de nuevo tras de él!), y no tardó en mencionar nuevamente que todo se le daba bien. Casi estaba consiguiendo que me pusiera el reto personal de encontrar algo que se le diera mal (dibujar, cantar, hacer croché… ¡algo tenía que haber!), pero esa sería una conversación para otro momento.
―¿De verdad~? ―inquirí con el reto en la mirada, acelerando ligeramente para alcanzar el ritmo de sus pasos, buscando sus iris celestes con los míos aguamarina―. Pues entonces, te compensaré por tu victoria en la carrera el día que me cocines si preparas algo que esté a la altura de mi comida, ¡así que esperaré con ganas tu mejor plato!
Vale, sí, lo admito… ¡Ha conseguido causarme mucha curiosidad sobre qué será capaz de hacer en la cocina!
Pero ya no pude contener durante mucho más aquel pequeño comedero de coco, y me atreví a hacer aquella pregunta sobre los celos para tantear el terreno. Mi intención era una muy concreta y… no me esperé en absoluto que fuera a desembocar en una confesión tan directa.
Lo observé sin girar demasiado el rostro, pero sin apartar un instante la mirada sobre él. Por un instante, volvieron a mí los recuerdos de aquella misma tarde, cuando insistió en que esto fuera una cita, y más tarde cuando intentó ligar con LinLin, como él la llamó. Para él, habría sido infinitamente más fácil dar cualquier otro tipo de respuesta. Habría sido infinitamente más fácil mentir volviendo a hablar de bodas o haciendo un comentario que volviera a hacerlo ver como un picaflor. Pero no. En su lugar dijo algo completamente distinto a las mentiras que había contado toda la tarde, y fue precisamente por eso que lo creí. Sonaba demasiado real... porque, a veces, una historia puede llegar a marcar tanto que uno simplemente necesita distraerse. ¿Quizás… era a eso a lo que le tenía miedo?
No pude evitar preguntarme cuántas personas sabrían aquello sobre él… y por qué había decidido contarme eso precisamente a mí. Por supuesto, no lo diría en voz alta. Inevitablemente, una pequeña semilla de culpa se había instalado en mi pecho por haberle hecho pensar en cosas que quizás habría preferido no recordar…
Un error que no tardaría en remediar… y él me abrió la puerta a hacerlo con sus nuevos elogios.
Mi sonrisa, que durante aquellos segundos había comenzado a cerrarse como una flor durante la noche, despertó de nuevo al tiempo que volvía a mirar al frente.
―¡Oye, que no soy tan egocéntrica! ―me quejé, aunque sin el menor atisbo de pique en esta ocasión―. La verdad es que estaba un poco preocupada por que pudiera haber causado accidentalmente algún tipo de malentendido o que alguien sintiera que estoy priorizando a unos por encima de otros. ¡Me alegra mucho que no sea el caso!
Con la paz interior que me había dado pronunciar aquellas palabras y lo cómoda que me estaba sintiendo a su lado, me atreví a preguntar más sobre él. Pensé que indagar sobre sus sueños harían aún más agradable aquella conversación, especialmente siendo él tan directo respecto a la mayoría de cosas que se le pasaban por la cabeza… pero, por primera vez, titubeó. Un suspiro y una breve negación.
Su sonrisa reapareció casi de inmediato, y la mía permaneció sola en el rostro conforme explicaba. Me encantaba escuchar de labios de alguien más una aspiración tan similar a la que tanto tiempo había guardado bajo llave en mi propio pecho. La influencia del poder en la existencia de los piratas. La razón y peligros que conlleva el bando de los revolucionarios. La estabilidad de una ley ya impuesta y respetada como puerta a un cambio real a largo plazo.
Resultaba… liberador. Tanto como el rumor de las olas que ya se escuchaban desde la playa.
Ya lejos de las luces del mercadillo, las estrellas parecían brillar mucho más, adornando la noche al paso de la luz del faro en un bonito baile. Algunas parecían incluso haber caído cerca, simulando ser luciérnagas sobrevolando la suave arena que se veía recorriendo la isla a los pies del mirador.
Las turquesas de mis iris observaban todo con calma curiosidad, queriendo grabar para siempre aquella imagen, la sensación del viento agitando suavemente el cabello, el aroma a sal sobre la piel que a ratos se mezclaba con el característico perfume que siempre lo acompañaba…
―Esto es precioso… ―suspiré, sólo audible para él, apoyando los brazos sobre la madera, cerca de mi cuerpo, inclinándome ligeramente hacia delante dejando caer las manos enlazadas hacia la playa―. Gracias por traerme aquí, Shin.
El silencio se instaló agradablemente entre los dos, creando una pequeña burbuja que pareciera conformar nuestro propio mundo al margen del de nuestro alrededor.
―¿Y tú, Nyri? ―Cuando Shin habló, no rompió la magia. Muy al contrario, cuando mis iris buscaron los suyos, cayeron atrapados en su propio mar―. ¿Por qué te hiciste marine?
Mis labios se curvaron ligeramente en una sonrisa sutil.
―Porque aunque hay algún pirata bueno, otros parecen reunir todos los males. Porque si ellos vencieran a la Marina, reinaría el caos y la violencia por el poder en todas las islas. ―Cuando hablé, lo hice con tanta suavidad que, si no pudiera escucharme perfectamente por estar a mi lado, la brisa bien podría haber robado mis palabras―. Porque los revolucionarios tienen buenos ideales que, con su método, sólo podrían implementarse tras la sangre de miles de inocentes en una larguísima guerra. Porque la Marina no es perfecta, pero es respetada y seguida en todos los mares. Porque está formada por marines y estos son los únicos con alguna posibilidad de cambiarla. Porque ser el cambio desde dentro es la única manera de evitar toda la sangre inocente que se pueda.
Mis pupilas quedaron imantadas a las suyas, transmitiendo toda mi seriedad. Mi deseo. Mi convicción.
Pasados unos segundos, sin embargo, una suave risita alimentada por un miedo intrusivo me hizo apartar la mirada, primero hacia abajo; después, hacia el mar.
―Te prometo que no te estoy copiando… ―respondí yo sola al pensamiento que temí que se le estuviera pasando por la cabeza. Hablé mientras pasaba todo mi cabello al lado opuesto de donde se encontraba él sólo por tener algo que hacer con las manos―. Es sólo que… esta es la primera vez que conozco a alguien que verdaderamente comparte mi ideal. Y sé lo que piensas. Y es verdad. Nunca seré tan fuerte como otros… incluido tú. ―No se me había olvidado la manera en la que, mientras estábamos en la tienda, había querido cargarse él con toda esa responsabilidad. Finalmente me rendí ante el ligero viento, dejando escapar mis cabellos para que pudiera jugar con ellos―. Pero quizás no necesite llegar a ese nivel de poder. Quizás haya otras formas de lograrlo. Puedo pasar desapercibida, intentar infiltrarme, llegar a acuerdos, utilizar mis conocimientos sobre la ley…
Sólo entonces, a la luz de las luciérnagas, mis aguamarinas volvieron a buscar aquel misterioso brillo cerúleo.
―Shin, de verdad que quiero formar equipo contigo. Entiendo que no quieras porque tengo aún mucho que aprender… pero espero poder demostrarte algún día que puedes contar conmigo para llegar a donde tu inevitable fama no te lo termine permitiendo, o cuando se necesite tu poder en otro lado.
Sonreí entonces de nuevo, más alegre, más honesta, más viva.
―Me alegro mucho… de poder compartir división contigo. De haber podido conocerte.
