Suministros para el Dragon [Aventura P.R.][Kibai] T3
#6
Un rugido sordo, profundo y vibrante, nació en la garganta de Kibai, haciendo que el vello de su cuello se erizara de forma agresiva. Sus ojos, ahora convertidos en dos rendijas negras, recorrieron la decena de figuras que emergían de las sombras del bosque. Para un mink, y especialmente para uno como Kibai, que valoraba el ciclo natural de la vida y la muerte, aquellos individuos representaban la forma más baja de existencia. No eran cazadores; eran meros parásitos. Para su filosofía, tanto en la zaca como en la Justica, había una verdad inalterable, si tomas una vida, lo haces con respeto y aprovechas lo que la naturaleza te brinda. Pero llevarse solo la piel y dejar que la carne, la historia y la dignidad de un ser vivo se pudran bajo la nieve era una blasfemia que el mink no pensaba perdonar.

— Vosotros, escoria, sois lo peor de la chusma que ha pisado este mar — dijo Kibai. Su voz, habitualmente calmada, cortó el aire con el filo de una guillotina. — Os las dáis de cazadores, pero no sois más que carroñeros sin honor. Arrancar la piel y despreciar el resto... es un insulto a la vida misma.

Con un movimiento fluido y elegante, Kibai llevó la mano a la empuñadura de su espada, Raimei. El acero salió de la vaina con un siseo metálico que rompió con un aguda nota el silencio del bosque. Agitó la hoja a ambos lados, dibujando arcos invisibles en el aire gélido, mientras una determinación inquebrantable se instalaba en su postura.

— La Marina está aquí para traer orden y paz a estas tierras, pero viendo la situación, me alegro mucho de haberme quedado en Bighorn, ya que me voy a asegurar que monstruos como vosotros dejen de manchar con su presencia esta isla. — proclamó, alzando la voz para que resonara en todo el claro—. Incluso os habéis atrevido a pedir que cobren una presa por vosotros... Si lo queréis, es sencillo, aquí estoy. Si tanto asiáis la piel de un soldado de la marina, o si creéis  que un mink leopardo es una presa que se deja despellejar tan facilmente, ¡venid a por ella si es que tenéis el valor de morir en el intento!

Sin esperar a que la provocación terminara de calar en los bandidos, Kibai tomó el mando de la situación. No desvió la mirada de sus objetivos inmediatos, pero su voz llegó clara al anciano que seguía a su espalda.

—¡Tom! ¡Encárguese de los cinco de la derecha! No deje que cierren el círculo —ordenó con un gesto de la cabeza antes de centrar su mirada en lo que tenía delante, cerrando los ojos por un breve segundo.

En ese instante, el cuerpo de Kibai se convirtió en una dinamo humana. Chispas azuladas y blancas comenzaron a bailar entre su pelaje, crepitando con una intensidad que iluminó la penumbra del bosque. El Electro, la herencia natural de su raza, se manifestó con una violencia controlada, envolviendo no solo sus extremidades, sino también la hoja de Raimei, que ahora vibraba con una frecuencia mortal. Con una explosión de velocidad que dejó una huella profunda en la nieve, el mink se lanzó hacia el frente.

El hombre de las dos dagas, el que parecía llevar la voz cantante, apenas tuvo tiempo de procesar el destello eléctrico que se le venía encima. Intentó cruzar sus armas en un bloqueo desesperado, pero la fuerza del impacto de Kibai fue abrumadora. El mink ejecutó un tajo horizontal, un movimiento preciso y potente que no solo ignoró las dagas del bandido, sino que le cruzó el pecho de lado a lado. El acero electrificado desgarró la ropa y la carne, dejando una quemadura cauterizada y enviando una descarga que paralizó el sistema nervioso del hombre, quien cayó hacia atrás con los ojos en blanco antes de tocar el suelo.

Sin detener su impulso, y aprovechando la inercia del giro, Kibai percibió que la muchacha de la espada gigante intentaba flanquearlo. Casi sin mirar, como si tuviera ojos en la nuca, el mink pivotó sobre su pierna derecha y lanzó una patada lateral imbuida en Electro directamente contra el torso de la joven. El impacto fue seco y brutal. La fuerza de un mink en combate, sumada a la descarga eléctrica, lanzó a la muchacha volando varios metros por el aire. Su enorme espada se hundió en la nieve mientras ella impactaba con un crujido sordo contra el tronco de un pino cercano, quedando inconsciente al instante mientras la nieve acumulada en las ramas caía sobre ella como un sudario.

Por el rabillo del ojo, Kibai vio que Tom había reaccionado. El anciano, a pesar de su tos y sus modales extraños, demostró por qué seguía vivo en una isla tan hostil. El estruendo de su rifle rompió el silencio del bosque. La munición explosiva impactó cerca de los bandidos de la derecha, levantando columnas de nieve, tierra y fuego que mantuvieron a los agresores a raya y sembraron el caos en sus filas.

—¡Bien hecho, viejo! —exclamó Kibai, aunque ya estaba concentrado en sus siguientes víctimas.

Tres bandidos más, armados con hachas y lanzas cortas, intentaron abalanzarse sobre él aprovechando que acababa de golpear a la chica. Fue un error fatal. Kibai no retrocedió; avanzó. Se convirtió en un relámpago zigzagueante que se desplazaba entre los árboles y las rocas con una agilidad que desafiaba la vista humana. Para los bandidos, Kibai era solo un borrón de pelaje manchado y destellos eléctricos. El mink los atravesó en una secuencia de movimientos encadenados, dejando a su paso una lluvia de cortes superficiales pero incapacitantes. Cada vez que Raimei encontraba carne, el Electro hacía el resto, colapsando los músculos de sus oponentes. En menos de lo que dura un parpadeo, los tres hombres estaban en el suelo, retorciéndose mientras el humo escapaba de sus heridas.

Kibai dio un salto hacia atrás, regresando al centro del claro con una voltereta acrobática. Sus pulmones trabajaban rítmicamente, y a su lado el viejo Tom resoplaba, pero no parecía fatigado; al contrario, la adrenalina y la electricidad del ambiente parecían haberle dado una segunda juventud. Mirando a ambos lados, Kibai extendió una mano hacia él.

Bajo sus órdenes otras cincuenta avispas salieron de su mano mientras que los ciruclos de insectos más cercanos se reorganizaron de inmediato. Las avispas que formaban la re de vigilancia regresaron hacia él, fusionándose con las nuevas y dividiéndose en tres grandes cúmulos. Uno de estos enjambres se posicionó al costado izquierdo de Kibai, el segundo se situó a su espalda, y el tercero voló con rapidez hacia el viejo Tom, cubriendo su propia espalda.

El claro, que antes estaba lleno de risas y amenazas, ahora solo albergaba el lamento de los heridos y el crujido del fuego que Tom había provocado con sus disparos. Kibai sacudió a Raimei de la sangre que aún corría por su filo. El Electro comenzó a desvanecerse de su pelaje, dejando tras de sí un leve olor a ozono que se mezclaba con la sangre y la pólvora.

Giró la cabeza hacia el anciano, comprobando su estado con una mirada rápida. Tom estaba apoyado en su rifle, pero parecía ileso tras su red de avispas.

—¿Está bien, Tom? — preguntó Kibai, con una chispa de humor sombrío regresando a sus ojos verdes.— Me dijo que hoy era el cumpleaños de su hijo y que no pensaba morir. Me alegra que mantenga su palabra.

El mink señaló con un gesto de la mano a los bandidos que yacían esparcidos por la nieve, algunos inconscientes y otros simplemente demasiado heridos para levantarse.

— Recuerdo que pensé que necesitábamos cebo para atraer a ese supuesto dragón — continuó Kibai, mientras su cola se agitaba de lado a lado con una satisfacción depredadora. — Pues bien, creo que acabamos de conseguir un montón de carne fresca. Si esa bestia realmente existe y tiene hambre, esta chusma será más útil como comida que como cazadores.

Kibai se mantuvo firme en el centro del claro, rodeado por sus insectos y los restos del campamento, esperando a ver sique la situación se calmase antes de seguir avanzando.

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2505 + 0 = 2505
Energia: 2372 - 785 = 1587
Espiritu: 724 + 0 = 724


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RE: Suministros para el Dragon [Aventura P.R.][Kibai] T3 - por Kibai - 10-04-2026, 01:03 AM

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