12-04-2026, 06:02 AM
Narrador / María Merlot
MUSIQUITA
Los orbes ámbar miraron el cielo, tan azul como su propio cabello, tan distante como su mente dónde los grillos tomaban siempre el control. Levanto la diestra intentando tomar al lejano sol pero solo termino cegada. Cuando los volvió a abrir observó a las personas ir y venir, ensimismadas en sus rutinas, en la cotidianidad de sus vidas. Había algo en esa isla que la hacia sentir… inquieta. ¿Por qué? Ni ella misma lo sabía, o mas bien, ni ella lo recordaba. Su sentido de la orientación combinado con la ignorancia del mundo, la hacían confundir lugares, desconocer personas, no poder hilar su propio mapa de los recuerdos.
Llevo la mano a la boca, justo al lado derecho de su labio inferior, ahí, un poco hinchado, florecía el último golpe que había recibido de sus “compañeros”, o más bien amos. El Capitán de los Piratas del Abismo, siempre la encontraba, no importaba dónde terminará… él tenía el don, y para ella una maldición, de rastrearla, y en esa oportunidad no había sido la excepción. Luego de pasar una temporada con su hermana loba, Helena, y a Paavo, en la Isla de Baterilla, termino embarcada como polizonte en un barco que la llevo… a quien sabe dónde, lo resaltante es que… como por arte de magia Índigo la había encontrado, ese Gyojin Azul le ponía los vellos de punta, como si viera cosas que nadie más podía ver. El punto: la encontró y la llevo con Pedro Francesco Ruíz De León Madrigal. El tritón siempre se complacía en verla, en tenerla, en someterla, en… romperla, y siempre se molestaba cuando ella se recluía en su cabeza dejándolo en el escenario de su maldad solo. Por eso tenia el labio hinchado, él le había pegado y luego la había culpado por eso, por incitarlo a maltratarla. ¿Cuántos días habían pasado desde entonces? Dos. Y en esos dos días, partieron a desgraciarle la vida a alguien más, en algún otro lugar. Así que se quedo en uno de los barcos de los piratas, con la supervisión de Corina, la hermosa sirena regenta de las chicas bajo el yugo de los Piratas del Abismo.
Ese día la sirena la había dejado ir con ella al pueblo. Corina, a pesar de todo, solo cumplía ordenes, era su pellejo o el de ella, pero quitando que nunca la dejaría escapar, de resto tenían una cordial relación, después de todo era su pupila estrella. En medio del bululú de personas, ambas mujeres se separaron, más que todo porque la de cabellera celeste era un revoltijo de hiperactividad, quería ver todo, quería tocar todo, quería vivir todo. Así fue como termino viendo el cielo, luego de aburrirse de buscar a la mayor. Igual, ellos siempre la encontrarían, solo debía esperar, ni siquiera soñaba con escapar, no cuando… sabía que Pedro Francesco Ruíz De León Madrigal estaba muy irritable. ¿Por qué? No tenía ni idea.
Su ropa consistía en un delicado y holgado vestido blanco que dejaba al descubierto sus hombros, los mismos llenos de escamas azules que con el reflejo del sol resplandecían como tornasol. Su rostro juvenil, mostraba la belleza y toque divino innato de la mestiza. Tanto así que por dónde caminaba atraía miradas, suspiros y, en un par de ocasiones, algunas propuestas indecentes. Ella solo sonreía a todos, hablaba con quien le preguntará algo, y guiñaba a quienes quedaban embobados.
Sus pasos la llevaron al sector de tabernas. Eso la hizo arrugar la nariz en un encantador gesto de desagrado. No quería nada que ver con borrachos, así que solo paso de largo, y pensó que pronto saldría de esa área pero… un bulto en el suelo llamo su atención. ¡Un borracho desmayado a la salida de un bar! Justo lo que quería evitar… Miro a ambos lados, las personas pasaban de él, como si fuera escoria humana, como si no existiera. Esa sensación de existir y no ser visto la hizo sentir escalofríos. Ella existía, si, y aunque era vista nunca de la forma correcta. Solo iba a comprobar que estuviera bien, tal vez apartarlo de la calle para que nadie lo pisara… si tenia suerte estaría tan borracho que sería fácil arrastrarlo a alguna pared o callejón aislado dónde pudiera pasar la resaca, sin ser molestado.
Al llegar a su lado se agacho, en cuclillas asiáticas, quedando su holgado vestido de tela blanco cubriendo sus piernas por completo, y su largo cabello celeste descansando en el suelo — … ¿estas muerto? Si lo estas di: supercalifragilisticoespiadoso. No, mejor un trabalenguas: Tres tristes tigres comen trigo en un trrrrrigal… — eso ultimo la hizo reír, suave y encantadoramente, porque se trabo en el RRRRRR, luego con la punta de su dedo índice toco su oreja, rascándolo con levemente como si fuera un gato pequeño —… ¿Cuánto to-ma-s-te, Tomate, para terminar siendo Ketchup? — bromeo asumiéndole, como siempre hacia con todos, un nombre por algún rasgo de su apariencia.
La joven no se percato de la herida del hombre, porque estaba en cuclillas del lado contraria a esta. Si el Tomate no reaccionaba, tendría que arrastrarlo como era el plan original. Por suerte para ambos, el flujo de personas en la zona era escasa.
Llevo la mano a la boca, justo al lado derecho de su labio inferior, ahí, un poco hinchado, florecía el último golpe que había recibido de sus “compañeros”, o más bien amos. El Capitán de los Piratas del Abismo, siempre la encontraba, no importaba dónde terminará… él tenía el don, y para ella una maldición, de rastrearla, y en esa oportunidad no había sido la excepción. Luego de pasar una temporada con su hermana loba, Helena, y a Paavo, en la Isla de Baterilla, termino embarcada como polizonte en un barco que la llevo… a quien sabe dónde, lo resaltante es que… como por arte de magia Índigo la había encontrado, ese Gyojin Azul le ponía los vellos de punta, como si viera cosas que nadie más podía ver. El punto: la encontró y la llevo con Pedro Francesco Ruíz De León Madrigal. El tritón siempre se complacía en verla, en tenerla, en someterla, en… romperla, y siempre se molestaba cuando ella se recluía en su cabeza dejándolo en el escenario de su maldad solo. Por eso tenia el labio hinchado, él le había pegado y luego la había culpado por eso, por incitarlo a maltratarla. ¿Cuántos días habían pasado desde entonces? Dos. Y en esos dos días, partieron a desgraciarle la vida a alguien más, en algún otro lugar. Así que se quedo en uno de los barcos de los piratas, con la supervisión de Corina, la hermosa sirena regenta de las chicas bajo el yugo de los Piratas del Abismo.
Ese día la sirena la había dejado ir con ella al pueblo. Corina, a pesar de todo, solo cumplía ordenes, era su pellejo o el de ella, pero quitando que nunca la dejaría escapar, de resto tenían una cordial relación, después de todo era su pupila estrella. En medio del bululú de personas, ambas mujeres se separaron, más que todo porque la de cabellera celeste era un revoltijo de hiperactividad, quería ver todo, quería tocar todo, quería vivir todo. Así fue como termino viendo el cielo, luego de aburrirse de buscar a la mayor. Igual, ellos siempre la encontrarían, solo debía esperar, ni siquiera soñaba con escapar, no cuando… sabía que Pedro Francesco Ruíz De León Madrigal estaba muy irritable. ¿Por qué? No tenía ni idea.
Su ropa consistía en un delicado y holgado vestido blanco que dejaba al descubierto sus hombros, los mismos llenos de escamas azules que con el reflejo del sol resplandecían como tornasol. Su rostro juvenil, mostraba la belleza y toque divino innato de la mestiza. Tanto así que por dónde caminaba atraía miradas, suspiros y, en un par de ocasiones, algunas propuestas indecentes. Ella solo sonreía a todos, hablaba con quien le preguntará algo, y guiñaba a quienes quedaban embobados.
Sus pasos la llevaron al sector de tabernas. Eso la hizo arrugar la nariz en un encantador gesto de desagrado. No quería nada que ver con borrachos, así que solo paso de largo, y pensó que pronto saldría de esa área pero… un bulto en el suelo llamo su atención. ¡Un borracho desmayado a la salida de un bar! Justo lo que quería evitar… Miro a ambos lados, las personas pasaban de él, como si fuera escoria humana, como si no existiera. Esa sensación de existir y no ser visto la hizo sentir escalofríos. Ella existía, si, y aunque era vista nunca de la forma correcta. Solo iba a comprobar que estuviera bien, tal vez apartarlo de la calle para que nadie lo pisara… si tenia suerte estaría tan borracho que sería fácil arrastrarlo a alguna pared o callejón aislado dónde pudiera pasar la resaca, sin ser molestado.
Al llegar a su lado se agacho, en cuclillas asiáticas, quedando su holgado vestido de tela blanco cubriendo sus piernas por completo, y su largo cabello celeste descansando en el suelo — … ¿estas muerto? Si lo estas di: supercalifragilisticoespiadoso. No, mejor un trabalenguas: Tres tristes tigres comen trigo en un trrrrrigal… — eso ultimo la hizo reír, suave y encantadoramente, porque se trabo en el RRRRRR, luego con la punta de su dedo índice toco su oreja, rascándolo con levemente como si fuera un gato pequeño —… ¿Cuánto to-ma-s-te, Tomate, para terminar siendo Ketchup? — bromeo asumiéndole, como siempre hacia con todos, un nombre por algún rasgo de su apariencia.
La joven no se percato de la herida del hombre, porque estaba en cuclillas del lado contraria a esta. Si el Tomate no reaccionaba, tendría que arrastrarlo como era el plan original. Por suerte para ambos, el flujo de personas en la zona era escasa.
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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