13-04-2026, 03:04 AM
Ah, conque las instrucciones que le dieron están mal. No debe ser error de Kiyoshi, pues él anotó específicamente lo que le dijeron. Sin embargo, al aceptar estar perdido, se muestra humilde a aceptar las palabras ajenas. Por lo tanto, cree totalmente en las instrucciones que le da la pelirrosa, procediendo a seguirla. No camina a su lado ni por delante, sino desde atrás, manteniendo un metro de distancia. Controla la velocidad de sus pasos para no disminuir esa diferencia en ningún momento. Ya pronto se explicará el motivo de esto.
Mientras avanzan, obviamente se le hace raro el camino, mas no emite comentario alguno. ¿Será que los caminos del pueblo son distintos a lo que está acostumbrado, o simplemente la muchachita frente a él está más perdida todavía? Cuando está a punto de interpelarla, ella alza la voz. — No importa el aire, tonta. Hay polvo por todos lados, no veo a ningún funcionario de la limpieza cerca. — De hecho, a la vez que habla, extrae de su maletín un pequeño frasquito al que, tras presionarle un botón, rocía cierto líquido sobre su ropa. Luego, lo frota un poco con el guante que porta en la mano diestra, apartando ciertas partículas de polvo que sobresalían del resto.
— Soy asmático. Si respiro mucho polvo, toseré demasiado. Uso la mascarilla para evitarlo y, en caso de toser, no molestar al resto. Si te pegase un resfriado, me vería en la obligación de atenderte gratis y eso no sería profesional de mi parte. — Aun así, lo haría. Aprovecha que ya comparten diálogos para saciar su curiosidad médica con algo, y también cierta incomodidad. Así podrá conocer mejor a quien le hace de guía y hacerse una opinión más correcta de su persona. — ¿Puedo preguntar cómo te hiciste esa tonta cicatriz? Se ve que fue bien tratada, por lo que me gustaría saber el motivo y si sabes qué te hicieron al tratarte. — Tal vez no le responda con un lenguaje tan técnico, pero lo que pueda decirle será útil. Para este entonces, Kiyoshi no lleva demasiado tiempo trabajando tras terminar sus estudios, por lo que todo conocimiento y experiencia nueva que pueda entrarle a su mente es positivo para su crecimiento.
Si se lo preguntan, sí, es bastante directo incluso en un tema que puede ser delicado para la otra persona. Los médicos, quieran o no, aprenden a ser insensibles con esta clase de cosas luego de un tiempo. Además, si le sumamos que casi toda su vida la pasó encerrado sin demasiado contacto con el mundo, la empatía es algo que le ha costado desarrollar estos últimos años. En más de una oportunidad ha tenido líos por la ausencia de tacto a la hora de abordar ciertos temas, y aunque en el momento intenta no darle importancia, lo cierto es que más tarde sí hace una autocrítica en virtud de su avance. A fin de cuentas, consiente es de que lo psicológico es tan o más importante que lo físico.
Ahora sí, tras tanto caminar y no llegar a ninguna parte, además de percatarse de ciertos movimientos en círculos que termina trayéndolos al mismo lugar, se enfada un poco y engruesa la voz, apurando el paso para interponerse en el camino de Yuuki y voltearse para chocar con ella en caso de que no frene por iniciativa propia, quedándose de frente. — Ya di adónde me llevas. Si buscas marearme para luego asaltarme, que sepas que sé cómo defenderme. Solo busco el hogar de mi paciente, nada más. — Sus ojos, cada tanto, se desvían hacia los costados, percatándose de la presencia de más civiles. Aunque mantienen la distancia, podrían escucharlo en caso de levantar la voz pidiendo ayuda.
Y es que Kiyoshi no es el tipo de hombre que subestimaría a alguien por su género, así que no ve en Yuuki a alguien inofensivo por el mero hecho de ser mujer. Es un tipo que desconfía de su propia capacidad física, pues sabe que no es su fuerte, por lo que cualquiera que se atreva a atracarlo, él buscará ayuda en algo más, no en sus puños. — Habla, tonta, ¿qué escondes?
Mientras avanzan, obviamente se le hace raro el camino, mas no emite comentario alguno. ¿Será que los caminos del pueblo son distintos a lo que está acostumbrado, o simplemente la muchachita frente a él está más perdida todavía? Cuando está a punto de interpelarla, ella alza la voz. — No importa el aire, tonta. Hay polvo por todos lados, no veo a ningún funcionario de la limpieza cerca. — De hecho, a la vez que habla, extrae de su maletín un pequeño frasquito al que, tras presionarle un botón, rocía cierto líquido sobre su ropa. Luego, lo frota un poco con el guante que porta en la mano diestra, apartando ciertas partículas de polvo que sobresalían del resto.
— Soy asmático. Si respiro mucho polvo, toseré demasiado. Uso la mascarilla para evitarlo y, en caso de toser, no molestar al resto. Si te pegase un resfriado, me vería en la obligación de atenderte gratis y eso no sería profesional de mi parte. — Aun así, lo haría. Aprovecha que ya comparten diálogos para saciar su curiosidad médica con algo, y también cierta incomodidad. Así podrá conocer mejor a quien le hace de guía y hacerse una opinión más correcta de su persona. — ¿Puedo preguntar cómo te hiciste esa tonta cicatriz? Se ve que fue bien tratada, por lo que me gustaría saber el motivo y si sabes qué te hicieron al tratarte. — Tal vez no le responda con un lenguaje tan técnico, pero lo que pueda decirle será útil. Para este entonces, Kiyoshi no lleva demasiado tiempo trabajando tras terminar sus estudios, por lo que todo conocimiento y experiencia nueva que pueda entrarle a su mente es positivo para su crecimiento.
Si se lo preguntan, sí, es bastante directo incluso en un tema que puede ser delicado para la otra persona. Los médicos, quieran o no, aprenden a ser insensibles con esta clase de cosas luego de un tiempo. Además, si le sumamos que casi toda su vida la pasó encerrado sin demasiado contacto con el mundo, la empatía es algo que le ha costado desarrollar estos últimos años. En más de una oportunidad ha tenido líos por la ausencia de tacto a la hora de abordar ciertos temas, y aunque en el momento intenta no darle importancia, lo cierto es que más tarde sí hace una autocrítica en virtud de su avance. A fin de cuentas, consiente es de que lo psicológico es tan o más importante que lo físico.
Ahora sí, tras tanto caminar y no llegar a ninguna parte, además de percatarse de ciertos movimientos en círculos que termina trayéndolos al mismo lugar, se enfada un poco y engruesa la voz, apurando el paso para interponerse en el camino de Yuuki y voltearse para chocar con ella en caso de que no frene por iniciativa propia, quedándose de frente. — Ya di adónde me llevas. Si buscas marearme para luego asaltarme, que sepas que sé cómo defenderme. Solo busco el hogar de mi paciente, nada más. — Sus ojos, cada tanto, se desvían hacia los costados, percatándose de la presencia de más civiles. Aunque mantienen la distancia, podrían escucharlo en caso de levantar la voz pidiendo ayuda.
Y es que Kiyoshi no es el tipo de hombre que subestimaría a alguien por su género, así que no ve en Yuuki a alguien inofensivo por el mero hecho de ser mujer. Es un tipo que desconfía de su propia capacidad física, pues sabe que no es su fuerte, por lo que cualquiera que se atreva a atracarlo, él buscará ayuda en algo más, no en sus puños. — Habla, tonta, ¿qué escondes?
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