13-04-2026, 09:12 PM
Esbozó una pequeña sonrisa cuando escuchó el nombre del extraño, grabándolo en lo profundo de su fuente de la sabiduría. Ladeó la cabeza con interés al verlo encender un cigarrillo que al parecer no era el primero de ese día. Vaya que tenía originalidad para presentarse y parecer interesante, lo que le ocasionó una pequeña risita graciosa al imaginarlo como todos aquellos personajes de cuentos llenos de mujeres, cigarrillos y problemas.
Por un segundo se cuestionó si había hecho bien al hablar de la muchacha que apenas acababa de conocer; después de todo, parecía apreciar la compañía del espadachín mucho más que con otros clientes y ella no tenía derecho a andar ventilando información de la que no tenía tanta certeza. Sin embargo, su sangre se congeló cuando Dharma dedujo que ella no formaba parte del menú de cortesanas, debido a que Fuuka nunca le hablo de su persona. Bueno, al menos le quedaba claro que la chica era parlanchina con todo el mundo por naturaleza.
|Yo…no tengo permitido bajar |dijo con nerviosismo|. Hoy fue la primera vez y es…un caso especial |notó que el ama Sybill se acercaba y con rapidez compuso una sonrisa|. Aguamiel |repitió en voz alta|. Enseguida se la traigo |apenas si pudo controlar el temblor en su voz|. Si desea puedo mandar a otra de las chicas para que converse con usted |no le dio tiempo de responder|. Con permiso.
Se apresuró a la cocina, dejando los vasos sucios en el área designada para su lavado, concentrándose en servir lo que el joven le había pedido. En su mente no dejaba de darle vueltas a las palabras de Dharma sobre su relación con Fuuka. ¿Así era como comenzaba una amistad? ¿Primero debía había haber un contacto sexual antes de |si quiera| poder confiar el uno en el otro? No recordaba haber leído algo similar en sus libros; de hecho, la mayoría detallaba que las relaciones se desarrollaban después de un proceso previo, en donde la amistad abarcaba una parte muy importante.
Lamentablemente el hilo de sus pensamientos se vio interrumpidos por la llegada del ama Sybill a la cocina, quien la fulminaba con la mirada. Trató de concentrarse en servir la orden en su bandeja, fingiendo no prestar atención a la presencia de la madame tan cerca de ella, hasta que la mujer se colocó a su lado, observándola de forma inquisidora.
| ¿Y bien? |preguntó con dureza. Ese intercambio de palabras duró mucho más de lo usual.
|Sólo le expliqué que Fuuka no estaba disponible para hacerle compañía, ama |se apresuró a excusarse|. Él dijo que sólo estaba aquí para beber y charlar, así que le ofrecí enviarle a otra de las chicas para acompa….
El dolor que le supuso aquella bofetada sobre su mejilla fue mucho peor del que pudo calcular y tuvo que sujetarse de la barra de la cocina para no caer al suelo. Al parecer ella no tenía autoridad alguna otra chica del menú y había tenido el descaro de pasar por alto el rango de la dueña del local. Después de todo, Fuuka podría regresar en cualquier momento y eso haría quedar al puticlub como poco profesional. El ama Sybill le ordenó que saliera a entregar el pedido, siguiéndola en todo momento hasta la mesa con un aura amenazador.
|Mi querido joven Dharma |escuchar al ama con aquel tema meloso era simplemente irrisorio|. Lamento que mi nueva…camarera tuviese el atrevimiento de ofrecerle a otra de nuestras adorables chicas sin conocer previamente sus gustos |Evie se concentró en servir el trago y limpiar la mesa en silencio, tratando de continuar siendo invisible|. Si lo desea puedo mandarle a Jeannie para que lo acompañe o a Kira.
La ojiazul hizo una pequeña reverencia tratando de esconder su mejilla lastimada con su cabello y apenas si avanzó un par de pasos hacia cuando escuchó al ama Sybill exclamar con cierto espanto como si le acabasen de dar la peor noticia del mundo. Por supuesto, lo que sea que Dharma quisiera no tendría por qué importarle, aunque en el fondo habría deseado poder entablar un par de palabras más con él.
Abrió levemente sus orbes esmeralda en señal de sorpresa cuando la joven muchacha le dijo que verla allí sería una excepción, toda vez que no se le permitía "bajar" con habitualidad ¿Hasta que punto aquella pequeña y frágil mujer estaba siendo monopolizada y sometida por Sybil? En su hablar, en su andar, podía notarse un dejo de nerviosismo y ansiedad, casi como si supiera que estar allí, con el, fuera un error insalvable y que le traería una enorme cantidad de problemas para con su matrona. Detestó el espadachín la idea de generarle inconvenientes a Evie, por lo que prontamente le diría que lo deje solo, consideró que aquello sería lo mejor para ambas partes. La camarera, por su parte, acataría la solicitud de Dharma, para luego con tono cabizbajo ofrecerle la compañía de alguna de las muchachas que, claro estaba, no fuera ni Fuuka ni ella para que le hicieran compañía aquella velada.
Vio por el rabillo del ojo como la pequeña peliblanca se apresuraba en dirección a la cocina para cumplir con su pedido y allí ratificó su decisión de "mandarla a volar" para no generar una situación de la cual Evie no pudiera escapar indemne.
Algunos minutos pasaron previo a que Evie volviera a aparecer por la puerta en la que había entrado con anterioridad. Sin embargo, para sorpresa del espadachín ahora no solo venía acompañada por el trago que el había pedido sino que además, detrás de ella, caminaba Sybil con aquellos aires de superioridad y autosuficiencia que siempre la habían caracterizado; claro estaba, que Dharma no era una persona que gustara mucho de la matrona del puticlub, pero a lo largo de su vida... Sybil había sido un mal necesario con el cual debía convivir.
Como sospechaba el espadachín, en presencia de su "madame" la actitud de Evie distaba completamente del que hubiera tenido minutos atrás; la joven de tímida sonrisa y ánimos de entablar una conversación, ahora se esforzaba por evitar la mirada de Dharma, casi como escondiendo una parte de su rostro, mientras ponía la bebida sobre la mesa y la repasaba con un trapo blanco. Por su parte Sybil, con aquella falsa sonrisa se comunicaría en los mejores términos posibles para con el joven Dharma quien, gracias a su perspicacia, so se tragó ni un poco de aquella falsa "buena fe".
|Ya corta con esta estupidez Sybil| Sus ojos y voz se endurecieron de una manera tal, que incluso crisparon a aquella mujer acostumbrada a tratar con gente de bajos instintos |¿La golpeaste no es así?| Preguntó sin esperar un segundo, ante una atónita mirada que expedía entre ira y una especie de vergüenza ¿Vergüenza era la palabra? No, mejor dicho pudor por haber sido descubierta... Sybil era una completa desvergonzada, una horrible mujer que disfrutaba serlo |No creo haberte pedido a nadie, no decidas por mi... hoy prefiero la compañía de Evie... supongo no habrá problema| Aquellos orbes verdes parecían atravesar por completo la mirada de la madame, quien hasta ahora no había emitido palabra alguna.
|Ah, y volveré mañana| Bebería un trago de aguamiel y continuaría |Si llego a ver marcas de golpes, cortes, o cualquier daño en alguna de las muchachas... te mato| Sentenció el espadachín sin ningún tipo de temor; los guardias del lugar querían más al joven Dharma que a su propia ama, ni que hablar de las muchachas que allí trabajaban. Luego de aquello, tomaría una de las sillas que se encontraba junto a el y la acercó, para luego golpearla casi como ordenándole a Evie que se sentara, todo sin quitar aquella mirada desafiante en pos de Sybil. Dharma en esos tiempos era un joven impetuoso y lleno de intenciones buenas, pero aun no entendía que el mejor camino para el era uno donde no tenia que depender de nadie de ninguna forma, ni para bien ni para mal. Pero por ahora era joven e impetuoso además de conservar sus emociones e ilusiones, un tiempo atrás antes de concretarse como el Dharma de ahora, si bien su nombre ya le había sido otorgado, aun no confirmaba nada especial dentro de si.
Por un segundo se cuestionó si había hecho bien al hablar de la muchacha que apenas acababa de conocer; después de todo, parecía apreciar la compañía del espadachín mucho más que con otros clientes y ella no tenía derecho a andar ventilando información de la que no tenía tanta certeza. Sin embargo, su sangre se congeló cuando Dharma dedujo que ella no formaba parte del menú de cortesanas, debido a que Fuuka nunca le hablo de su persona. Bueno, al menos le quedaba claro que la chica era parlanchina con todo el mundo por naturaleza.
|Yo…no tengo permitido bajar |dijo con nerviosismo|. Hoy fue la primera vez y es…un caso especial |notó que el ama Sybill se acercaba y con rapidez compuso una sonrisa|. Aguamiel |repitió en voz alta|. Enseguida se la traigo |apenas si pudo controlar el temblor en su voz|. Si desea puedo mandar a otra de las chicas para que converse con usted |no le dio tiempo de responder|. Con permiso.
Se apresuró a la cocina, dejando los vasos sucios en el área designada para su lavado, concentrándose en servir lo que el joven le había pedido. En su mente no dejaba de darle vueltas a las palabras de Dharma sobre su relación con Fuuka. ¿Así era como comenzaba una amistad? ¿Primero debía había haber un contacto sexual antes de |si quiera| poder confiar el uno en el otro? No recordaba haber leído algo similar en sus libros; de hecho, la mayoría detallaba que las relaciones se desarrollaban después de un proceso previo, en donde la amistad abarcaba una parte muy importante.
Lamentablemente el hilo de sus pensamientos se vio interrumpidos por la llegada del ama Sybill a la cocina, quien la fulminaba con la mirada. Trató de concentrarse en servir la orden en su bandeja, fingiendo no prestar atención a la presencia de la madame tan cerca de ella, hasta que la mujer se colocó a su lado, observándola de forma inquisidora.
| ¿Y bien? |preguntó con dureza. Ese intercambio de palabras duró mucho más de lo usual.
|Sólo le expliqué que Fuuka no estaba disponible para hacerle compañía, ama |se apresuró a excusarse|. Él dijo que sólo estaba aquí para beber y charlar, así que le ofrecí enviarle a otra de las chicas para acompa….
El dolor que le supuso aquella bofetada sobre su mejilla fue mucho peor del que pudo calcular y tuvo que sujetarse de la barra de la cocina para no caer al suelo. Al parecer ella no tenía autoridad alguna otra chica del menú y había tenido el descaro de pasar por alto el rango de la dueña del local. Después de todo, Fuuka podría regresar en cualquier momento y eso haría quedar al puticlub como poco profesional. El ama Sybill le ordenó que saliera a entregar el pedido, siguiéndola en todo momento hasta la mesa con un aura amenazador.
|Mi querido joven Dharma |escuchar al ama con aquel tema meloso era simplemente irrisorio|. Lamento que mi nueva…camarera tuviese el atrevimiento de ofrecerle a otra de nuestras adorables chicas sin conocer previamente sus gustos |Evie se concentró en servir el trago y limpiar la mesa en silencio, tratando de continuar siendo invisible|. Si lo desea puedo mandarle a Jeannie para que lo acompañe o a Kira.
La ojiazul hizo una pequeña reverencia tratando de esconder su mejilla lastimada con su cabello y apenas si avanzó un par de pasos hacia cuando escuchó al ama Sybill exclamar con cierto espanto como si le acabasen de dar la peor noticia del mundo. Por supuesto, lo que sea que Dharma quisiera no tendría por qué importarle, aunque en el fondo habría deseado poder entablar un par de palabras más con él.
Abrió levemente sus orbes esmeralda en señal de sorpresa cuando la joven muchacha le dijo que verla allí sería una excepción, toda vez que no se le permitía "bajar" con habitualidad ¿Hasta que punto aquella pequeña y frágil mujer estaba siendo monopolizada y sometida por Sybil? En su hablar, en su andar, podía notarse un dejo de nerviosismo y ansiedad, casi como si supiera que estar allí, con el, fuera un error insalvable y que le traería una enorme cantidad de problemas para con su matrona. Detestó el espadachín la idea de generarle inconvenientes a Evie, por lo que prontamente le diría que lo deje solo, consideró que aquello sería lo mejor para ambas partes. La camarera, por su parte, acataría la solicitud de Dharma, para luego con tono cabizbajo ofrecerle la compañía de alguna de las muchachas que, claro estaba, no fuera ni Fuuka ni ella para que le hicieran compañía aquella velada.
Vio por el rabillo del ojo como la pequeña peliblanca se apresuraba en dirección a la cocina para cumplir con su pedido y allí ratificó su decisión de "mandarla a volar" para no generar una situación de la cual Evie no pudiera escapar indemne.
Algunos minutos pasaron previo a que Evie volviera a aparecer por la puerta en la que había entrado con anterioridad. Sin embargo, para sorpresa del espadachín ahora no solo venía acompañada por el trago que el había pedido sino que además, detrás de ella, caminaba Sybil con aquellos aires de superioridad y autosuficiencia que siempre la habían caracterizado; claro estaba, que Dharma no era una persona que gustara mucho de la matrona del puticlub, pero a lo largo de su vida... Sybil había sido un mal necesario con el cual debía convivir.
Como sospechaba el espadachín, en presencia de su "madame" la actitud de Evie distaba completamente del que hubiera tenido minutos atrás; la joven de tímida sonrisa y ánimos de entablar una conversación, ahora se esforzaba por evitar la mirada de Dharma, casi como escondiendo una parte de su rostro, mientras ponía la bebida sobre la mesa y la repasaba con un trapo blanco. Por su parte Sybil, con aquella falsa sonrisa se comunicaría en los mejores términos posibles para con el joven Dharma quien, gracias a su perspicacia, so se tragó ni un poco de aquella falsa "buena fe".
|Ya corta con esta estupidez Sybil| Sus ojos y voz se endurecieron de una manera tal, que incluso crisparon a aquella mujer acostumbrada a tratar con gente de bajos instintos |¿La golpeaste no es así?| Preguntó sin esperar un segundo, ante una atónita mirada que expedía entre ira y una especie de vergüenza ¿Vergüenza era la palabra? No, mejor dicho pudor por haber sido descubierta... Sybil era una completa desvergonzada, una horrible mujer que disfrutaba serlo |No creo haberte pedido a nadie, no decidas por mi... hoy prefiero la compañía de Evie... supongo no habrá problema| Aquellos orbes verdes parecían atravesar por completo la mirada de la madame, quien hasta ahora no había emitido palabra alguna.
|Ah, y volveré mañana| Bebería un trago de aguamiel y continuaría |Si llego a ver marcas de golpes, cortes, o cualquier daño en alguna de las muchachas... te mato| Sentenció el espadachín sin ningún tipo de temor; los guardias del lugar querían más al joven Dharma que a su propia ama, ni que hablar de las muchachas que allí trabajaban. Luego de aquello, tomaría una de las sillas que se encontraba junto a el y la acercó, para luego golpearla casi como ordenándole a Evie que se sentara, todo sin quitar aquella mirada desafiante en pos de Sybil. Dharma en esos tiempos era un joven impetuoso y lleno de intenciones buenas, pero aun no entendía que el mejor camino para el era uno donde no tenia que depender de nadie de ninguna forma, ni para bien ni para mal. Pero por ahora era joven e impetuoso además de conservar sus emociones e ilusiones, un tiempo atrás antes de concretarse como el Dharma de ahora, si bien su nombre ya le había sido otorgado, aun no confirmaba nada especial dentro de si.
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
