16-04-2026, 06:12 AM
Podía ver los ojos de la muchacha hincharse. Esperó mientras observaba que se acicalaba las alas. Su mano se elevó, colocando con cuidado el dedo pulgar por debajo de uno de sus ojos, con cuidado, procurando no asustarla. Lo que buscaba con aquel gesto era terminar de limpar el resto de lágrimas que hubieran quedado en ella. Irónico que mencionara sobre no ser “frágil”, pero estamparse contra un poste y encontrarse en lágrimas. Su alrededor, en cambio, parecía haberse quedado en absoluto silencio. Apartó la mano de la mujer, volteando la mirada hacia su alrededor, arqueando una ceja con rostro de disgusto. Su tono de voz, grave, profundo y autoritario, salió de forma automática.
Aquella voz provocó, en más de uno, escalofríos suficientes para que buscaran excusas de cosas que les estaban surgiendo, como si nada. Mientras, el hombre, habituado al gesto, acomodaba nuevamente la mano en el bolsillo, observando a la joven que, aparentemente, estaba bastante mejor. Si tenía fuerzas para pedir una invitación, significaba que ya no necesitaba más su ayuda. Pronto, los que hubieran podido quedar, desvanecieron. Fue cuando sintió el brazo de la muchacha en él, y se volteó a verla. De nuevo arqueó la ceja, gesto que repetía involuntariamente por costumbre. ¿Por qué la había ayudado? Esa era una buena pregunta. Sus ojos volvieron a su estado original, observando el frente.
—Digamos que... Me recuerdas a alguien. — Eso era cierto; misma energía, misma torpeza, misma confianza. Una muchacha de cabello entre negro y blanco y mirada violenta. —Y no me gusta que ridiculicen a nadie en mi presencia. — Más bien le importaba entre nada y menos. Lo peor era que, al verla con aquellos ojos supo exactamente el tipo de mujer que era. Aprovechada, quizás vívora. ¿Iba a rechazarla? En absoluto. Podría aprovechar más bien eso a su favor. Hacía tiempo que no disfrutaba de la compañía de una mujer.
Esta vez, su expresión impasible se convirtió en una media sonrisa cargada de picardía. Elevó su mano zurda, ya que la diestra estaba ocupada con el agarre de la mujer, y la pasó por el mentón de la muchacha, sin eliminar dicha expresión.
El tono de voz, pese a que inicialmente con aquellos que habló había sonado amenazante, ahora estaba cargada de pirardía, diversión y algo que mejor dejaría a la imaginación de la muchacha. —Hay muchas formas de ofrecer ayuda a una señorita. — Aprovechó para ver a los hombres que hasta entonces lo habían seguido, apartando lentamente la mano del mentón de la joven. Cambió su semblante, haciendo una sola señal con la cabeza, fugaz, pero que en silencio todos comprendieron. Les dejaron intimidad, una que quién sabe cuánto iba a durarles.
Comenzó a caminar, sin revelar a dónde se dirigían. Por el momento, si ella planeaba algo, se dejaría arrastrar. Quizás podría ver qué tipo de persona podría ser además de las primeras impresiones. No le afectaba la petición de ayuda, eso era irrelevante, pero sí el interés genuino. —No me parece gracioso reírse de que alguien pueda distraerse. — Sus ojos, sin embargo, pese a estar atentos al frente, sus otros sentidos se encontraban en alerta. Nunca podía bajarla, quizás podría resultar fatal. ¿Qué pasaba si la mujer era alguien contratada por una banda rival? Si era el caso lo sabría, de momento probaría suerte. —Y dígame, señorita. ¿Qué tipo de té es el que le gusta? Parecía tener mucha prisa.

—¿Acaso no tienen cosas que hacer ustedes además de perder el tiempo?
Aquella voz provocó, en más de uno, escalofríos suficientes para que buscaran excusas de cosas que les estaban surgiendo, como si nada. Mientras, el hombre, habituado al gesto, acomodaba nuevamente la mano en el bolsillo, observando a la joven que, aparentemente, estaba bastante mejor. Si tenía fuerzas para pedir una invitación, significaba que ya no necesitaba más su ayuda. Pronto, los que hubieran podido quedar, desvanecieron. Fue cuando sintió el brazo de la muchacha en él, y se volteó a verla. De nuevo arqueó la ceja, gesto que repetía involuntariamente por costumbre. ¿Por qué la había ayudado? Esa era una buena pregunta. Sus ojos volvieron a su estado original, observando el frente.
—Digamos que... Me recuerdas a alguien. — Eso era cierto; misma energía, misma torpeza, misma confianza. Una muchacha de cabello entre negro y blanco y mirada violenta. —Y no me gusta que ridiculicen a nadie en mi presencia. — Más bien le importaba entre nada y menos. Lo peor era que, al verla con aquellos ojos supo exactamente el tipo de mujer que era. Aprovechada, quizás vívora. ¿Iba a rechazarla? En absoluto. Podría aprovechar más bien eso a su favor. Hacía tiempo que no disfrutaba de la compañía de una mujer.
Esta vez, su expresión impasible se convirtió en una media sonrisa cargada de picardía. Elevó su mano zurda, ya que la diestra estaba ocupada con el agarre de la mujer, y la pasó por el mentón de la muchacha, sin eliminar dicha expresión.

—¿Estás segura de que necesitas mi ayuda? ¿O más bien quieres ofrecerme una?
El tono de voz, pese a que inicialmente con aquellos que habló había sonado amenazante, ahora estaba cargada de pirardía, diversión y algo que mejor dejaría a la imaginación de la muchacha. —Hay muchas formas de ofrecer ayuda a una señorita. — Aprovechó para ver a los hombres que hasta entonces lo habían seguido, apartando lentamente la mano del mentón de la joven. Cambió su semblante, haciendo una sola señal con la cabeza, fugaz, pero que en silencio todos comprendieron. Les dejaron intimidad, una que quién sabe cuánto iba a durarles.

—No tiene que agradecerme nada, señorita Yuuki. Ha sido un gusto ayudarla.
Comenzó a caminar, sin revelar a dónde se dirigían. Por el momento, si ella planeaba algo, se dejaría arrastrar. Quizás podría ver qué tipo de persona podría ser además de las primeras impresiones. No le afectaba la petición de ayuda, eso era irrelevante, pero sí el interés genuino. —No me parece gracioso reírse de que alguien pueda distraerse. — Sus ojos, sin embargo, pese a estar atentos al frente, sus otros sentidos se encontraban en alerta. Nunca podía bajarla, quizás podría resultar fatal. ¿Qué pasaba si la mujer era alguien contratada por una banda rival? Si era el caso lo sabría, de momento probaría suerte. —Y dígame, señorita. ¿Qué tipo de té es el que le gusta? Parecía tener mucha prisa.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
