17-04-2026, 05:01 AM
Llanto. Del otro lado solo había llanto.
Palabras difíciles de entender, sorbidos de mocos.
Conocía bien esa reacción.
Una provocada, en raras ocasiones, por alegría, pero en su mayoría por tristeza o…miedo.
Esa última emoción parecía encajar más con lo que sea que le estuviera sucediendo a Merlot.
Apenas pudo entender, en medio de los balbuceos, un nombre…el nombre de alguien que, recientemente, se había colado en su cabeza, ganándose en lugar indiscutible, una mujer de cabellos verdes que, apenas unos días antes, había luchado con ella contra dos animalistas locos y una horda de dinosaurios. Ese día algo le había quedado claro: Maki era fuerte.
Entonces… ¿Por qué no podía despertar?
Lo primero que pensó fue en algún tipo de veneno, la isla estaba llena de plantas que podían matar a un humano con solo tocarlas, pero…si ese fuera el caso, tal vez la sirena también estaría afectada. No…no podía especular. Necesitaba entender.
Incitó a María a calmarse y, aunque en un inicio creyó que aquello sería difícil, la chica parecía hacer un buen trabajo siguiendo sus instrucciones, pues su voz, aunque quebradiza, llegó casi con claridad a los oídos del médico que ahora estaba recostado en el barandal del barco, mirando hacia la selva con preocupación, como si de ahí esperara que surgiera alguna criatura o, al menos, Merlot junto con Maki.
Tragó saliva…Ellas no podían morir. Una era su ingreso de emergencia y la otra…la otra era lo bastante fuerte como para cuidarlo, había intereses de por medio… ¿Se perdería todo en esa selva? No podía permitirlo.
Escuchó con atención a Merlot. La plática sobre los bebés dinosaurios se le hizo confusa… ¿Por qué se meterían con traficantes? Eran piratas, la única razón para ir a pelear con traficantes era para quitarles su mercancía y revenderla, no para salvar la “mercancía”, eso era trabajo de la marina o, en su defecto, del ejército revolucionario. El médico dejó escapar un bufido de molestia al escuchar la razón por la que estaban en ese problema, pero, luego, se mordió el labio inferior para evitar interrumpir de nuevo a su compañera peli celeste.
—¿Un gigante? ¿Qué? ¿Thrym? Él está aquí, durmiendo en la playa y no atacaría a Maki…no atacaría ni a una mosca ¿De qué hablas? No te entiendo… ¿Qué lago? —Fueron sus primeras preguntas en cuanto la chica terminó de hablar; sin embargo, luego de que su cerebro despistado sacara a relucir sus dudas, analizó mejor una de las últimas frases. —Espera… ¿Cómo que una posición antinatural? Esta… ¿Rota? ¿Dislocada? ¿Quebrada? —Sus preguntas salieron con rapidez, intentando obtener una respuesta que quizá no llegaría porque…entendía bien que el miedo era lo que gobernaba a María en ese momento. Ella misma se lo había confesado.
—Sirena, no tengas miedo…si es algo como eso, tiene arre…
En ese instante escuchó el golpe de algo contra el suelo y la línea de cortó.
—…glo…
Parpadeó un par de veces y luego apartó el comunicador del Den Den Mushi de su boca y miró que el animalito volvía a dormir: La llamada se había cortado.
—Merlot…Maki…
Pero a pesar de que supiera lo obvio, de que ellas no podían escucharlo, su voz salió como si aun estuvieran en llamada, como al alguien pudiera escucharlo al otro lado. Apretó con fuerza el comunicador del Den Den Mushi y, luego, dejó que este cayera en su lugar, mientras que el médico chasqueaba la lengua e intentaba recordar el contacto de la chica, pero…simplemente no podía.
Dejó el caracol en su lugar y fue corriendo a su habitación, empezó a revolver sus papeles, sus notas, sus libretas, todo con tal de encontrar el contacto de cualquiera de las dos mujeres, pero le fue imposible, incluso pensó en despertar a Thrym, pero no importa cuanto gritara, el gigante no se despertaba.
Al final, el médico volvió a un lado de su caracol, lo tomó en sus manos y se deslizó por la madera del barco hasta sentarse en el suelo y empezó a marcar números al azar, bueno…no tan al azar, más bien, marcó los números que creía que podían pertenecer a Merlot, aunque, por supuesto, ninguno era el correcto.
Maldijo entre dientes y, cuando creyó que no recibiría otra llamada de su ingreso de emergencia, el característico sonido del Den Den Mushi llegó a sus oídos, algo que hizo que el médico se sobresaltara y contestara la llamada de inmediato: Era Merlot.
La voz de la chica lo tranquilizó, ahora sabía que estaban rumbo al barco, que quizá tardarían un poco, después de todo, entendía que la chica no tenía la guía exacta de en donde estaba el Royal Flush; sin embargo, saber que venían en camino, fue suficiente para que, mientras que ellas estuvieran “explorando” la selva, él pudiera bañarse, comer y, por supuesto, preparar cualquier medicina o implemento que pudiera usar para tratar un brazo roto.
Cubierta del Royal Flush
6:41 p.m.
Además de los momentos que necesitó para cumplir con cosas básicas, el médico estuvo buena parte del día recostado a la cubierta del barco, atento al horizonte selvático y, aprovechando, hablar con Merlot por medio del Den Den Mushi. Era la única manera en la que podía informarse de que ambas seguían con vidas; sin embargo, a medida que las horas pasaban y cuando el sol empezó a esconderse, el médico empezó a desesperarse.
Sus botas —porque había cambiado su pijama por un pantalón verde, un t-shirt holgado, una camisa fresca y unas botas de explorador—, empezaron a dar golpecitos contra la madera del barco y, sumado a eso, su labio ya tenía un sabor metálico producto de la sangre que él mismo se había sacado por haberse mordido con tanta fuerza durante los últimos minutos. Intentó respirar con calma, pero nada de eso servía para calmarlo como la voz de la mujer.
Entonces, cuando estuvo a punto de tomar al caracol para empezar a marcar números al azar, este sonó de nuevo y la voz de Merlot le trajo buenas noticias.
—¿Nos ves? ¿Dónde? ¿Dónde están? —El médico, que tenía un catalejo a su lado, dejó el Den Den Mushi sobre el borde del barco y miró a través del lente para ubicar a la peli celeste y a la mujer quemada y, efectivamente, luego de unos segundos, estuvieron en su rango de visión y eso…eso fue suficiente para dibujar el horror en el rostro del médico.
—Pero… ¿Cómo? ¡Ah! Quédate dónde están, ya las vi —. Con la agilidad digna de alguien mucho más joven de lo que en verdad era el médico, el hombre bajó por la escalera de cuerdas del barco, no con calma, de hecho, casi se tiró desde la cubierta y se sujetó con fuerza de una de las cuerdas para mecerse hasta llegar a la arena de la playa.
Cuando sus botas tocaron la arena mojada, el hombre corrió, junto con su botiquín de emergencias, hasta donde estaban ambas mujeres. Por inercia se fijó primero en el estado de Merlot, pues saltaba a la vista, más cuando bajó sus ojos, notó la gravedad de la situación.
—¿Cómo es posible que alguien le hiciera esto? Ella es… —Sacudió su cabeza, su voz había salido calmada, pero expresaba duda en sus palabras y eso no podía permitírselo en ese instante, fue entonces que, con cuidado, le hizo una seña a la semi sirena para que dejara a la mujer peliverde sobre la cálida arena y, con eso, poder examinarla como era debido.
—Tengo que llevarla al barco para poder limpiarla bien, pero…tranquila, Merlot, hiciste bien en traerla, se pondrá bien…solo tiene un brazo roto…sí, duele mucho cuando sucede, pero es algo que se puede resolver —dijo mientras que, con una de sus manos enguantadas con látex, quitaba algo de tierra y sangre del rostro de Merlot. —De todos modos, tendré que revisar que no tenga hematomas en otras partes del cuerpo y también hay que limpiarla y…a ti también tengo que revisarte. No quisiera que la más bella de la tripulación quedara marcadas con feas cicatrices.
Al decir eso, con cuidado, el hombre tomó a Maki de la arena. No se la echó al hombro como un saco de papas, algo que habría hecho con cualquier otra persona que no recordara, si no que la llevó en sus brazos como si fuera una princesa a la que un príncipe tiene que rescatar y, luego, cuando verificó que no fuera a resbalársele, el hombre giró su rostro para ver a Merlot y a… ¿Eso era un pollo gigante? El médico alzó una ceja, pero no cuestionó nada de momento.
—Ejem… ¿Puedes caminar? ¿O el pollo puede traerte? Si no es así, deja que suba a Maki al barco y luego vendré por ti y por el… ¿Pollo? —Estaba confundido, sí, pero no podía concentrarse en el animal por ahora. —Jmmm… ¿Sabes qué? No me respondas, solo espérame aquí y te cargaré hasta el barco cuando regrese.
Con eso dicho, el pelirrosa se movió con agilidad, aun con Maki en sus brazos y se las arregló para subir con ella hasta la cubierta del Royal Flush, luego caminó por los pasillos hasta llegar a una habitación improvisada que servía de enfermería, depositó a la chica en la cama y, al asegurarse de que estuviera cómoda, la dejó por un momento para buscar a Merlot.
Hizo el mismo recorrido de regreso y, en poco tiempo, estuvo de nuevo junto a la sirena de azul celeste, a quien miró desde arriba, tapándole el poco sol del atardecer que aún se atrevía a mostrar sus rayos.
—¿Lista? —El hombre se agachó para que la chica pudiera subirse a su espalda. —Te llevaré en mi espalda, espero que tengas fuerzas para sujetarte, aunque, de todos modos, nunca te dejaría caer —. Dejó que la chica se acomodara tras él y cuando sujetó sus muñecas para que no se cayera, como prometió, miró a su lado para ver al “pollo” que hizo un sonido raro antes de correr al barco por su cuenta.
—Bien…supongo que él no necesitará ayuda —dijo antes de caminar hacia el barco para repetir el mismo proceso con Merlot que siguió con Maki. La llevó hasta la habitación improvisada y la colocó en la cama contigua a la de la peliverde.
—Ahora podemos empezar el tratamiento —. Lavó sus manos, se colocó guantes y mascarilla, y reunió sus implementos alrededor de la más afectada…Empezaría con la limpieza de las heridas. Le dolería a Maki…sabía que le dolería, que ardería en esas zonas en donde la carne estaba viva y saludando el exterior…intentaría ser delicado, pero no podía prometer nada…La medicina no siempre era gentil.
Cambio de Vestimenta de Hyak
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