17-04-2026, 11:27 PM
(Última modificación: 17-04-2026, 11:28 PM por Hyákinthos.)
Isla Karate
Día 11 de verano, año 16
1:38 p.m.
Alcohol destilado, alumbre, láudano, azufre, aloe vera, jengibre, hojas de tabaco, resina de opio…MENTA…
Y la lista sigue.
El papel que se extiende en sus manos solo lleva tachadas cinco de las 18 cosas que estaban enlistadas…Aún le quedaba mucho por comprar y no había un puesto en específico en donde vendieran todo lo que necesitaba. Suspiró con pesadez, dejando que una fuerte bocanada de aire escapara por su boca y removiera unos cuantos mechones de pelo rosa que habían caído frente a su rostro.
La tarde en el pueblo de Isla Karate estaba movida. Las personas iban y venían, la mayoría apresurados, además, los comerciantes no se quedaban atrás, vociferaban sus productos, haciendo que el caos sonoro solo se elevara y que apenas se entendiera que es lo que vendían, pues sus voces se mezclaban entre sí. Sumado a eso, era un día en donde el sol no perdonaba, estaba ya a un lado del cielo, yendo hacia el oeste, pero no tan bajo como para que sus rayos fueran amables, de hecho, al tocar la piel hacían que esta adquiriera una molesta sensación de picor y, como cereza sobre el pastel, el penetrante olor de pescados y mariscos hacía que muchos de los que pasaran por el mercado colindante al puerto, arrugaran sus narices.
Menos mal que el médico de cabellos rosas, aunque tenía todos los problemas anteriores, no podía sentir el aroma de “mar” que había en el lugar, pues su mal olfato se lo impedía; sin embargo, un dilema se añadía a él, pues por su tipo de vestimenta y su belleza andrógina, más de uno se le quedaba mirando cuando pasaba…No era la mejor manera de pasar desapercibido en un puerto y, sobre todo, no era lo ideal si lo que buscaba era hacer sus compras en paz.
Al final, luego de dar un par más de vueltas y de techar otro grupo de palabras de la lista de compras de insumos médicos, el pelirrosa decidió darse un descanso de su tarea y caminó hacia lo que parecía una pequeña cafetería al aire libre que estaba justo al lado de uno de los muelles secundarios.
Al ir acercándose, dejó escapar un bostezo largo y tendido mientras que cerraba sus ojos y se echaba al hombro la bolsa de compras que llevaba en una de sus manos enguantadas —una costumbre adquirida, aunque hiciera calor, no quería dañar su fuente de trabajo —; sin embargo, mientras hacía todo eso, en ningún momento dejó de caminar…tal vez debió detenerse antes de chocar con alguien más.
Sus ojos se abrieron de manera abrupta, no asustado, si no algo confundido, pues habría jurado que nadie estaba en su camino antes de eso, aunque las cosas pueden cambiar en cuestión de segundos, además, no se enojó, primero porque estaba consciente de que era el culpable de aquel choque y, segundo, porque aquel encuentro le hizo sacudirse, un poco, la pereza que le provocaba ir de compras en un día tan ajetreado.
Miró hacia abajo y, entonces, se encontró con un chico de cabellos rojizos y ojos de un color similar…algo bastante peculiar en una persona, si le pedían opinión, mas, a decir verdad, no fue su apariencia la que llamó su atención, si no una vaga sensación de familiaridad…pero…eso debía ser imposible ¿No era así? No tenía motivo para conocer a alguien que portara un uniforme de la marina…Bueno…entre comillas, a fin de cuentas, si que trataba con algunos marines un poco corruptos, más que nada por temas de negocios, pero este chico no era uno de sus “pacientes” y, además, no tenía cara de ser un animal rastrero como los marines con los que acostumbraba a interactuar.
El médico parpadeó un par de veces y estuvo a punto de preguntarle si se conocían de algún lado, pero al final optó por sonreír de manera amigable y mirar al chico a los ojos.
—Mil disculpas, oficial —. Empezó diciendo en el tono más amable posible. —Estoy algo cansado y no me fijé cuando venía caminando, espero no haberlo incomodado ni haberme metido en su trabajo por error —. Le dedicó una mirada más, una que mostrara su rostro más gentil y, antes de que el marine pudiera responderle, el médico lo rodeó para sentarse en una mesa cercana, una que tenía solo dos puestos y, de hecho, tuvo suerte de encontrar un par de sillas vacías, pues con lo aglomerado que estaba el mercado, no quedaban muchos puestos libres.
Cuando se sentó, acomodándose bien en la silla, antes de que un mesero viniera a atenderlo, giró su rostro para mirar de nuevo al marine. Terminó frunciendo el ceño… ¿Por qué sentía que había pasado algo importante con alguien de rostro similar? Chasqueó la lengua y luego de mordió, por manía, el interior de su boca, todo mientras pensaba en quién podía ser aquel chico. En momentos como ese de verdad odiaba su mala memoria.
Botiquín. Solo abrir en caso de emergencias
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