18-04-2026, 11:27 PM
Por supuesto, aquella tonta risa le molesta, y la expresión que muestra su cara lo hace ver. ¿Qué se creía esa tonta niña insolente que tiene delante? Kiyoshi llega rápidamente una conclusión, la cual no se calla y comparte en voz alta. — Ya veo, solo eres una chica mimada llena de dinero. Por gente como tú es que siempre odiaba cuando mis padres llevaban visitas a casa. — Pues sí, su familia siempre se caracterizó por reunirse con personas importantes, y el médico, en su infancia, odiaba que fueran hasta su domicilio. Le obligaban a compartir y, por su crianza, estaba acostumbrado a la soledad. No tener extraños cerca suyo le daba relajo, igual que en la actualidad.
Algunos pueden pensar que es curioso que no le saque en cara el hecho de que ella amenace con utilizar su guardia para encargarse de él en caso de robarle o algo similar, pero la realidad es que Kiyoshi no ve eso como un aspecto negativo. Él también ha contratado seguridad para sí mismo, pues involucrarse a golpes con alguien agresivo no es propio de un tipo como él. Es consiente tanto de sus fortalezas como debilidades, por lo que siempre prefiere tener un as bajo la manga para garantizar su seguridad. Justamente, dentro de poco, Yuuki, sin saberlo, hará referencia a ello.
— Tu abuelo hizo un buen trabajo. Si sigue vivo, espero conocerlo algún día. — Como dato, Kiyoshi no conoció a los propios. — Lo que no hizo bien fue educarte. ¿Cómo te vas a confundir tanto con una dirección si vives en la isla? ¿Acaso todos aquí son tan tontos como tú o simplemente eres una excepción? — Golpe bajo, pero está perdiendo la paciencia. Ya llevan mucho caminando, si a eso le sumamos la caminata desde el puerto y luego caída por el choque, la fatiga que ataca a su cuerpo ya le pasa factura. Está cansado, y se nota en el sudor que cada vez es más palpable en su frente. La respiración también se le nota algo agitada, escapándose de vez en cuando la tos propia del asma.
Quiere llegar pronto a su destino y descansar. ¿Es demasiado pedir?
Afortunadamente, ya parece estarse avispando, y ya era hora. El dolor de cabeza ya empieza a surgir en Kiyoshi, quien procede a sobarse la misma durante unos segundos. No le cae muy bien la gente con coeficiente intelectual reducido, caso que parece ser el de Yuuki. Eso sí, la opinión puede cambiar en caso de que lo lleve a su destino. — ¿Eso significa que deberé estar más tiempo contigo? ¿O solo entregarás los documentos y te irás? — No está seguro de qué es lo mejor para él. — Recuerda el asunto de la tintorería. Además, deberás disculparte en mi nombre con mi paciente, pues no corresponde visitarlo en su domicilio con una ropa llena de polvo. — Parece que, tras cada segundo que pasa, Kiyoshi coloca sobre la espalda de Yuuki más y más responsabilidades.
— Mi nombre es Kiyoshi. — Aclara rápidamente. — Podemos hacer un intercambio mucho mejor. — No esconde que sus ojos se dirigen a la espalda ajena. No abajo, malpensado, sino arriba. — No tengo reparo en mostrar lo que tengo oculto en la espalda. Sí preferiría que no sea en un sitio concurrido, pues puede ser incómodo para el resto. — Aunque no sea su objetivo, quizás estas palabras eleven más la curiosidad de Yuuki al respecto. — Si te enseño, pido a cambio que me dejes analizar tus alas. Eres la primera persona que veo con esa característica y profesionalmente me llama la atención.
¿Tan rara es una persona con alas en el South Blue? Quizás no, pero con Kiyoshi nos referimos a un tipo que ha pasado gran parte de su vida dentro de las paredes de su cuarto. No conoce demasiado del mundo. Podemos concluir que su interés en el par de alas no es solo como médico, sino también por esa ilusión que tenía de niño por ver qué había en el exterior, pero que con el tiempo esa llama se fue apagando.
— ¿Qué tan lejos estamos de la casa del paciente? Estoy cansado y necesito reposar. Una vez lo atienda, podemos seguir hablando de negocios. ¿Te parece bien, tonta?
Ah, y para que no quede nada en el tintero. — Y deja de acercarte tanto. Mantén una distancia prudente. — Pero ¿acaso él no se ha acercado antes también?
Algunos pueden pensar que es curioso que no le saque en cara el hecho de que ella amenace con utilizar su guardia para encargarse de él en caso de robarle o algo similar, pero la realidad es que Kiyoshi no ve eso como un aspecto negativo. Él también ha contratado seguridad para sí mismo, pues involucrarse a golpes con alguien agresivo no es propio de un tipo como él. Es consiente tanto de sus fortalezas como debilidades, por lo que siempre prefiere tener un as bajo la manga para garantizar su seguridad. Justamente, dentro de poco, Yuuki, sin saberlo, hará referencia a ello.
— Tu abuelo hizo un buen trabajo. Si sigue vivo, espero conocerlo algún día. — Como dato, Kiyoshi no conoció a los propios. — Lo que no hizo bien fue educarte. ¿Cómo te vas a confundir tanto con una dirección si vives en la isla? ¿Acaso todos aquí son tan tontos como tú o simplemente eres una excepción? — Golpe bajo, pero está perdiendo la paciencia. Ya llevan mucho caminando, si a eso le sumamos la caminata desde el puerto y luego caída por el choque, la fatiga que ataca a su cuerpo ya le pasa factura. Está cansado, y se nota en el sudor que cada vez es más palpable en su frente. La respiración también se le nota algo agitada, escapándose de vez en cuando la tos propia del asma.
Quiere llegar pronto a su destino y descansar. ¿Es demasiado pedir?
Afortunadamente, ya parece estarse avispando, y ya era hora. El dolor de cabeza ya empieza a surgir en Kiyoshi, quien procede a sobarse la misma durante unos segundos. No le cae muy bien la gente con coeficiente intelectual reducido, caso que parece ser el de Yuuki. Eso sí, la opinión puede cambiar en caso de que lo lleve a su destino. — ¿Eso significa que deberé estar más tiempo contigo? ¿O solo entregarás los documentos y te irás? — No está seguro de qué es lo mejor para él. — Recuerda el asunto de la tintorería. Además, deberás disculparte en mi nombre con mi paciente, pues no corresponde visitarlo en su domicilio con una ropa llena de polvo. — Parece que, tras cada segundo que pasa, Kiyoshi coloca sobre la espalda de Yuuki más y más responsabilidades.
— Mi nombre es Kiyoshi. — Aclara rápidamente. — Podemos hacer un intercambio mucho mejor. — No esconde que sus ojos se dirigen a la espalda ajena. No abajo, malpensado, sino arriba. — No tengo reparo en mostrar lo que tengo oculto en la espalda. Sí preferiría que no sea en un sitio concurrido, pues puede ser incómodo para el resto. — Aunque no sea su objetivo, quizás estas palabras eleven más la curiosidad de Yuuki al respecto. — Si te enseño, pido a cambio que me dejes analizar tus alas. Eres la primera persona que veo con esa característica y profesionalmente me llama la atención.
¿Tan rara es una persona con alas en el South Blue? Quizás no, pero con Kiyoshi nos referimos a un tipo que ha pasado gran parte de su vida dentro de las paredes de su cuarto. No conoce demasiado del mundo. Podemos concluir que su interés en el par de alas no es solo como médico, sino también por esa ilusión que tenía de niño por ver qué había en el exterior, pero que con el tiempo esa llama se fue apagando.
— ¿Qué tan lejos estamos de la casa del paciente? Estoy cansado y necesito reposar. Una vez lo atienda, podemos seguir hablando de negocios. ¿Te parece bien, tonta?
Ah, y para que no quede nada en el tintero. — Y deja de acercarte tanto. Mantén una distancia prudente. — Pero ¿acaso él no se ha acercado antes también?
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
Hablo | Pienso
