19-04-2026, 11:13 AM
Aquellos que nacemos con el don de la libertad jamás le decimos que no a una aventura. Y mucho menos a una que parece llevarte a una trampa mortal con un desenlace fatal. ¿Qué sentido tiene la vida sin emoción? ¿De que sirve ser de la tribu más poderosa del mundo sin batallar o sin violencia? No lo dudo en absoluto, al contrario, me lanzo emocionado persiguiendo a la figura con la esperanza de encontrar un desafío a la altura.
Corro como alma que lleva el diablo intentando mantener un ritmo constante y acelerado. Cortar distancias nunca ha sido mi fuerte, y menos abusando de velocidad. Soy lento y con movimiento torpe en comparación con mi juego de manos y destreza con el arma. Para acechar a las víctimas ya está Ubbe, que es un relámpago fulminante sobre el terreno. Yo soy más de despedazar y trinchar con armas y a corta distancia. Por suerte para mí, cada vez que la figura se me escapa en distancia, esta aminora el ritmo y deja que la vaya alcanzando. Sin duda quiere que le dé caza. Probablemente sepa quién soy y sea un tipo de renombre que venga a cobrar el precio de mi cabeza.
Cruzamos por diferentes zonas del lugar durante la persecución, atravesando pequeños barrios y callejuelas de un lado a otro. Todo hasta llegar a un edificio casi en ruinas con las ventanas rotas y la fachada hecha polvo. Ahí se esconde el encapuchado, queriendo que entre dentro. Puede que sea su guarida secreta o dentro me esté esperando con una emboscada. -Pobre iluso... Con lo que me gusta tirar edificios sobre la gente ¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!- musito con un susurro hasta acabar en una poderosa carcajada excéntrica.
Atravieso las puertas del lugar con una poderosa patada, sin fijarme mucho en los detalles y carteles que me rodean, ignorante de lo que me pueda encontrar dentro, pues todo aquello que no sea una batalla a muerte, sería una decepción. El trozo de madera sale despedido y me presento como un presagio de muerte, hacha en mano con ganas de matanza. Y sin embargo lo que encuentro es...
Una fiesta. Hombres vestidos de mujeres de un lado a otro pasando el rato y disfrutando del momento. Música por todo el lugar, vestidos coloridos aquí y allá... Y en el centro, aquél a quien estaba siguiendo por todas partes se revela. Un tipo tremendamente musculoso y fuerte, también llevando ropas femeninas. Pero lo peor de todo es que en vez de estar preparado para luchar, se está maquillando. Me mira directamente y me trata con aires seductores que me generan una desilusión enrome. Mi rostro deja de mostrar alegría e intensidad para reflejar un profundo desconcierto y malestar. Tomo una postura erguida y relajada, mientras vuelvo a apoyar a Yggdrasil sobre mi hombro. -Mira, hombrecillo...- suelto con pesar, un suspiro, decepcionado. -Primero de todo, no me llames "cariño". Si vuelves a llamarme así o de alguna otra forma, te arranco un brazo.- le amenazo fulminante- Ahora bien, respeto que queráis vivir vuestra vida como os dé la gana, sin restricciones de ningún tipo. Pero a mí no me van estos rollos. Yo había venido a pelear.- me doy la vuelta y empiezo a retirarme. -Vivid con honor y morid con gloria.-
Corro como alma que lleva el diablo intentando mantener un ritmo constante y acelerado. Cortar distancias nunca ha sido mi fuerte, y menos abusando de velocidad. Soy lento y con movimiento torpe en comparación con mi juego de manos y destreza con el arma. Para acechar a las víctimas ya está Ubbe, que es un relámpago fulminante sobre el terreno. Yo soy más de despedazar y trinchar con armas y a corta distancia. Por suerte para mí, cada vez que la figura se me escapa en distancia, esta aminora el ritmo y deja que la vaya alcanzando. Sin duda quiere que le dé caza. Probablemente sepa quién soy y sea un tipo de renombre que venga a cobrar el precio de mi cabeza.
Cruzamos por diferentes zonas del lugar durante la persecución, atravesando pequeños barrios y callejuelas de un lado a otro. Todo hasta llegar a un edificio casi en ruinas con las ventanas rotas y la fachada hecha polvo. Ahí se esconde el encapuchado, queriendo que entre dentro. Puede que sea su guarida secreta o dentro me esté esperando con una emboscada. -Pobre iluso... Con lo que me gusta tirar edificios sobre la gente ¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!- musito con un susurro hasta acabar en una poderosa carcajada excéntrica.
Atravieso las puertas del lugar con una poderosa patada, sin fijarme mucho en los detalles y carteles que me rodean, ignorante de lo que me pueda encontrar dentro, pues todo aquello que no sea una batalla a muerte, sería una decepción. El trozo de madera sale despedido y me presento como un presagio de muerte, hacha en mano con ganas de matanza. Y sin embargo lo que encuentro es...
Una fiesta. Hombres vestidos de mujeres de un lado a otro pasando el rato y disfrutando del momento. Música por todo el lugar, vestidos coloridos aquí y allá... Y en el centro, aquél a quien estaba siguiendo por todas partes se revela. Un tipo tremendamente musculoso y fuerte, también llevando ropas femeninas. Pero lo peor de todo es que en vez de estar preparado para luchar, se está maquillando. Me mira directamente y me trata con aires seductores que me generan una desilusión enrome. Mi rostro deja de mostrar alegría e intensidad para reflejar un profundo desconcierto y malestar. Tomo una postura erguida y relajada, mientras vuelvo a apoyar a Yggdrasil sobre mi hombro. -Mira, hombrecillo...- suelto con pesar, un suspiro, decepcionado. -Primero de todo, no me llames "cariño". Si vuelves a llamarme así o de alguna otra forma, te arranco un brazo.- le amenazo fulminante- Ahora bien, respeto que queráis vivir vuestra vida como os dé la gana, sin restricciones de ningún tipo. Pero a mí no me van estos rollos. Yo había venido a pelear.- me doy la vuelta y empiezo a retirarme. -Vivid con honor y morid con gloria.-
En efecto, cajita feliz
