Bajo el mar, bajo el mar... nadie nos fríe ni nos cocina en un sartén :: Pasado/Priv
#2
—¡¿SE PUEDE SABER QUÉ MIRAS CON TANTO INTERÉS, PEZ PAYASO?! —me gritó. No, no... ¡rugió! Cabreada, descerrajándome los tímpanos, la sirena que hasta hacía media milésima de segundo roncaba a mi lado como un becerrillo, sonriendo bendita en brazos de Morfeo.

—...Glup.

Era muy temprano por la mañana, así que fingí que lo que me había despertado había sido su berrido, aunque lo cierto es que llevaba un rato mirándola a ella, a la muchacha que acababa de llegar nadando a mi arrecife —mío relativo, claro está—. Lo consideraba mío porque, temporalmente, lo habitaba. Cada anochecer de aquella primavera del año dieciséis, tras pasarme unas horillas doblando el lomo en los arrozales, oficio a media jornada que había conseguido para ir pagando poco a poco mis deudas, volvía religiosamente allí, a aquel rincón del arrecife cercano al puerto donde había atado una tela entre dos ramas de coral, a guisa de hamaca, y donde guardaba el menguado inventario de mi fortuna; a saber: unos guantes de metal para los nudillos que había tomado prestados por tiempo indefinido del almacén de uno de los dojos de la Isla del Karate, tres saquitos impermeables de arroz y un par de mudas limpias.

—Lenguadito de mi ceviche... —le susurré.

Rosardina, ¿o se llamaba Patrucha?, era muy celosa. Ya me lo había advertido el bueno de Kentaro cuando me la presentó la noche anterior. Pero era, también, de familia pudiente y corazón enamoradizo, y me había prometido llevarme aquel día, mi día libre, a comer a un restaurante de los buenos, así que me convenía que nuestro amor durase, por lo menos, doce horas más.

—Baja el diapasón, mujer, que aún no ha salido el sol del todo y me vas a dejar sordo de un oído. ¿A quién voy a mirar sino a lo más bonito que hay sumergido en el mundo?

—Lenguadito, lenguadito... ¡No me vengas con lenguadito que te he visto mirándole el culo a esa!

—¡Qué va, tiburoncito de mis mareas! —exclamé, llevándome la mano al pecho—. Lo que un servidor contemplaba era un cardumen de boquerones que pasaba justo por debajo de la susodicha, a la cual, dicho sea entre tú y yo, y perdóname el inciso, perlita mía, nada tienes que envidiarle. Nada.

Procuré mantener un tono afable en todo momento y, cuando noté que relajaba las facciones, le aparté con mucho tiento un mechón de la frente, no fuera a ser que se me desfogase antes de tiempo y adiós restaurante.

—¿B-boquerones?

—Ajá, engraulis encrasicolus, vida mía. Decenas de ellos.

—No la mirabas a ella, ¿entonces?

—¿Contigo a mi lado, percebito mío? Por quién me tomas.

—¿De verdad?

—Por éstas —me besé los pulgares en cruz—, vida mía. Por éstas, Rosardina.

—...¿Rosardina?


[Imagen: V7dIkmpy_o.png]
Eeeeeee...

—¿Patrucha? —aventuré, ya con la voz temblorosa.

—...

—¿Atunción? Esto... ¿Calamaría? ¡¿Boquerónica?! ¿Gambárbara? ¿Lenguadalupe? ¡Ay, mi vida, baja la mano, por favor! ¡Quítate al menos los anillos! ¡NO! EN LA CARA NO, QUE SOY HERMOSO.

Por elemental decoro, y por piedad hacia el lector de estómago sensible, omitiré el relato pormenorizado de la bofetada que a renglón seguido vino, así como las no menos pormenorizadas consecuencias que tuvo sobre mi apolíneo rostro. De todas formas, lo que más me dolió en aquel momento, mientras volvían a crecerme los dientes que mi cita de una noche había catapultado hasta Skypiea, fue haberme quedado sin almuerzo.

Mi vil agresora se había ido nada más arrearme aquel soplamocos olímpico. Ni que decir tiene que intenté pedirle una segunda oportunidad, pero sin dentadura y con la mandíbula desplazada hasta el cogote, mi oratoria pierde un poco. Por su parte, ella volvió a gritarme —hay que ver lo que les place el grito a las sirenas, bendito sean los Dioses—, para revelarme, ya de paso, que se llamaba Sakura, que todos los hombres éramos iguales, que iba de cabeza a contárselo a su hermano, karateka de renombre en el dojo nosequé, y remató la faena recitándome, sin tomar aliento, el diccionario entero de improperios de la lengua común.

Conclusión, en fin, ya dicha: que me había quedado sin mi ansiado almuerzo.

Así las cosas, y viéndome en tan extrema tesitura, hube de replantearme la jornada entera desde sus cimientos. Oteé el paisaje circundante en busca de pistas que me ayudaran a tramar la manera de llevarme algo al estómago aquel día. Estaba en el fondo, muy profundo, aún estaba oscuro, rodeado de pedruscos, corales y mis cosas. Arriba, en cambio, el agua era cristalina, flotaban algunas algas y... ¡claro! ¡La causante de mi desgracia! ¡Eso es! ¡La culpable todavía estaba chapoteando por allí arriba! La única responsable de mi situación podría ser también mi salvación. Solo debía hacerme su besto friendo durante una tarde. Parecía amable, ahora que la miraba por segunda vez. Evidentemente, era guapa; mucho más que mi sirena. Y parecía maja. Estaba seguro de que podría convencerla para que me invitara a algo. Unas papitas, aunque fuera.

«Bien», pensé. «Allá vamos.»

Me sacudí la arena de la melena y me impulsé hacia la superficie; dos aletazos bastaron para dejarme a merced del empuje del agua; la corriente me subió en volandas. Me elevé despacio, dándole margen a que me viera venir y a que se apartara, si le apetecía hacerlo. Eso sí, mantuve mi sonrisa florentina de comerciante durante todo el trayecto.

Conforme subía, caí en la cuenta de que desde donde ella estaba, quizá no hubiera visto la escenita del fondo. Abajo, entre los corales, todo está más oscuro. En última instancia, imaginé, dependerá de ella y de dónde haya querido mirar. En cualquier caso, debía tener preparada alguna excusa por si me preguntaba acerca de aquello.

—Buenos días tenga usted, señorita —saludé—. Perdone el abordaje, pero no es habitual encontrarse por estos arrecifes a alguien que no sea un pez, y uno, que es un alma curiosa, ha creído oportuno subir a presentarse como los dioses mandan. Tsunamaro, para servirla ¿Y usted, si no es indiscreción? ¿Y, ya puestos, cuál es su motivo, si fuera confesable, para andar chapoteando sola por estos arrecifes a horas tan tempranas?


Karmas


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RE: Bajo el mar, bajo el mar... nadie nos fríe ni nos cocina en un sartén :: Pasado/Priv - por Tsunamaro - 19-04-2026, 05:11 PM

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