19-04-2026, 06:57 PM
La arena crujía rítmicamente bajo las botas de Kibai y el paso ligero de Seraphine, mientras se alejaban del lugar dónde habían hecho la hoguera, pero siguiendo la línea de la cosa (al fin y al cabo si Seraphine quería encontrar una red de voleibol, no iba a estar en el medio de la ciudad.
— Pues lo creas o no, el sabor tiene muchísimos matices. Depende de cuanto tiempo lo hayan dejado añejar, o incluso del tipo de madera que han usado en el barril en cuestión, o el alcohol que hayan fermentado antes de usarlo para el sake. Pero por lo general, para que te hagas una idea, tiene un sabor suave, afrutado y que te llena la boca. No es muy fuerte, auqnue se tome tradicionalmente en pequeños cuencos. Aunque ya te advierto que no es que sea un experto, no suelo beber, salvo en ocasiones muy puntuales. Me gusta mantener mis sentidos alerta. Para cocinar sí que lo uso con frecuencia. Como alcohol que es, se prende fácilmente y se puede usar para el flambeado, dándole un toque de sabor extra y una textura caramelizada a las carnes, pescados y salsas. El calor elimina el rastro etílico, pero deja esa esencia frutal que transforma un plato mediocre en algo digno de recordar.
Cuando la petición de Sera y su cumplido posterior, la expresión de Kibai se encombreció ligeramente, antes de detener su caminata, respirar hondo y mirarla a los ojos.
— Seraphine, gracias por el cumplido, pero te agradecería que no lo repitieses. No pretendo ser una "ternura" ni ser "suavecito", y te aseguro que no querrías estar cerca de mi una noche de luna llena. Los minks somos guerreros desde el día en que nacemos, y aunque mucho que abandoné mi hogar, eso si se ha quedado dentro de mi.
Kibai comprendía que sus palabras podían sonar duras, pero le parecía que cuanto antes su nueva amiga entiendiese que era un mink y no un gato doméstico, sería mejor.
— Además... — pensó para si, desviando la mirada un instante hacia el mar. — Tampoco me apetece que me empiece a acariciar la cabeza y me salga un ronroneo por accidente, eso sí que desbarataría mis argumentos por completo.
— Para nosotros el contacto de esa forma es algo que se hace entre gente muy cercana, no con persoans que acabamos de conocer, al menos, no de manera habitual.
Tras caminar unos segundos en silencio, escuchó algo de música proveniente de una de las pequeñas calas que bordeaban la isla. Deseoso de relajar la tensión que pudiese haber generado su negativa, señaló hacia aquella dirección con una sonrisa.
— Creo que hemso encontrado lo que buscabas.
A medida que rodeaban el saliente rocoso, la cala se abrió ante ellos. Era un rincón guarecido del viento, iluminado por antorchas que ya empezaban a chisporrotear. Un grupo de lugareños y viajeros se arremolinaba alrededor de una fogata mucho más grande que la suya, y allí, clavada en la arena compacta cerca de la orilla, se alzaba una red de voleibol algo desgastada pero perfectamente funcional.
— ¿Qué me dices? — propuso Kibai, entornando los ojos con un brillo competitivo mientras observaba a los jugadores saltar y rematar. — Nos acercamos, ¿verdad? Quizás hasta podamos pedir turno para jugar un rato. Después de todo, sería una auténtica lástima no darles un par de lecciones acerca de cómo se juega. Mi agilidad y tu tamaño contra sus reflejos humanos... no creen que tengan oportunidad, ¿no crees?
— Pues lo creas o no, el sabor tiene muchísimos matices. Depende de cuanto tiempo lo hayan dejado añejar, o incluso del tipo de madera que han usado en el barril en cuestión, o el alcohol que hayan fermentado antes de usarlo para el sake. Pero por lo general, para que te hagas una idea, tiene un sabor suave, afrutado y que te llena la boca. No es muy fuerte, auqnue se tome tradicionalmente en pequeños cuencos. Aunque ya te advierto que no es que sea un experto, no suelo beber, salvo en ocasiones muy puntuales. Me gusta mantener mis sentidos alerta. Para cocinar sí que lo uso con frecuencia. Como alcohol que es, se prende fácilmente y se puede usar para el flambeado, dándole un toque de sabor extra y una textura caramelizada a las carnes, pescados y salsas. El calor elimina el rastro etílico, pero deja esa esencia frutal que transforma un plato mediocre en algo digno de recordar.
Cuando la petición de Sera y su cumplido posterior, la expresión de Kibai se encombreció ligeramente, antes de detener su caminata, respirar hondo y mirarla a los ojos.
— Seraphine, gracias por el cumplido, pero te agradecería que no lo repitieses. No pretendo ser una "ternura" ni ser "suavecito", y te aseguro que no querrías estar cerca de mi una noche de luna llena. Los minks somos guerreros desde el día en que nacemos, y aunque mucho que abandoné mi hogar, eso si se ha quedado dentro de mi.
Kibai comprendía que sus palabras podían sonar duras, pero le parecía que cuanto antes su nueva amiga entiendiese que era un mink y no un gato doméstico, sería mejor.
— Además... — pensó para si, desviando la mirada un instante hacia el mar. — Tampoco me apetece que me empiece a acariciar la cabeza y me salga un ronroneo por accidente, eso sí que desbarataría mis argumentos por completo.
— Para nosotros el contacto de esa forma es algo que se hace entre gente muy cercana, no con persoans que acabamos de conocer, al menos, no de manera habitual.
Tras caminar unos segundos en silencio, escuchó algo de música proveniente de una de las pequeñas calas que bordeaban la isla. Deseoso de relajar la tensión que pudiese haber generado su negativa, señaló hacia aquella dirección con una sonrisa.
— Creo que hemso encontrado lo que buscabas.
A medida que rodeaban el saliente rocoso, la cala se abrió ante ellos. Era un rincón guarecido del viento, iluminado por antorchas que ya empezaban a chisporrotear. Un grupo de lugareños y viajeros se arremolinaba alrededor de una fogata mucho más grande que la suya, y allí, clavada en la arena compacta cerca de la orilla, se alzaba una red de voleibol algo desgastada pero perfectamente funcional.
— ¿Qué me dices? — propuso Kibai, entornando los ojos con un brillo competitivo mientras observaba a los jugadores saltar y rematar. — Nos acercamos, ¿verdad? Quizás hasta podamos pedir turno para jugar un rato. Después de todo, sería una auténtica lástima no darles un par de lecciones acerca de cómo se juega. Mi agilidad y tu tamaño contra sus reflejos humanos... no creen que tengan oportunidad, ¿no crees?
