22-04-2026, 01:13 AM
Unas gafas de sol estaban sentadas sobre una nariz a la sombra de una roca. Con una odachi apoyada sobre las piernas junto a su funda, el soldado raso Van Halen se encontraba afilando su arma con desgana, haciendo el mínimo esfuerzo. Cada pasada era más cutre que la anterior, como si se estuviese quedando sin fuerzas.
—Qué manera de desperdiciar un día libre... —murmuró. —Podría estar durmiendo una segunda siesta...
Aquella playa de Baterilla era tranquila, relajante, y, por suerte, lo suficientemente segura y solitaria como para no preocuparse por un ataque pirata o de algún turista. Dios, qué poco le gustaban los turistas, especialmente los que venían en familia.
A través del reflejo de su accesorio para la vista, un brillo pelirrojo fundió sus pupilas. —Uhm, una medusa, seguro, es temporada, sí. Yawnnn. —Supuso antes de bostezar humedeciendo sus pupilas.
Ahí siguió en su trance, pensando en lo dura que era la vida de un Marine de vacaciones. Su salario solo le dejaba permitirse una wiri-wiri diaria y solía gastarse el extra en apuestas y comida para gatos, los callejeros claro, a él no le dejaban tener mascota en el cuartel. Dramas de mar cardinal.
El calor húmedo había traspasado la sombra, así que decidió retirarse una camiseta que ponía "I LOVE BATERILLA" que había comprado en un mercadillo cercano. Era barata, le quedaba un poco grande, pero más grande eran sus deudas, así que no se lo cuestionó mucho cuando la encontró de oferta, la vida no era para pensarse tanto las cosas.
El salitre de las olas golpeó su torso mientras seguía afilando la odachi, esta ahora reposaba sobre tres lunares de su abdomen. Si los seguías con la mirada y trazabas una línea en ellos, podrías formar un triángulo. Se colocó la camisa al hombro y siguió a lo suyo cuando de nuevo, un reflejo bermellón le encandiló.
—¿Qué? — Espetó sin ganas.
Tez pálida, demasiado para este sol, quizás eso explicase las mejillas sonrojadas. Otra turista, seguro. Joey no quería preocuparse, hoy no era el día, pero quizás estuviese perdida o algo peor...
Quizás necesitase ayuda y le hiciese trabajar.
Dudando sobre sus decisiones vitales en sus últimos 26 años de vida, se resignó y levantó su arma junto con él, perfectamente enfundada para evitar parecer una amenaza. Pensó que lo más probable es que fuese una extranjera de algún país exótico, sus rasgos asiáticos la delataba. Sin ser racista pero sí un gañán, se acercó hasta quedar frente a ella, acercando su camisa al rostro de la muchacha, y ahí, hecho todo un poeta versado en literatura, proclamó.
—Yo. — Dijo señalándose. —Marine. — acompañándolo con un gesto militar.
Tras esto, le colocó el dedo cerca de la frente a Kagura, dando pequeños golpecitos con este cada vez que decía una pregunta.
—¿Tú hablas mi idioma? ¿Tú, perderte? ¿Te han robado?
Tras esto suspiró. No le habían enseñado idiomas en el cuartel.
